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Científicos: ¿demasiado viejos para hacer cosas nuevas?

Luis García Casas (con información de Science, Nature y U. Chicago)
25 de junio de 2026

La innovación científica parece haberse frenado en los últimos años. Un gigantesco metaestudio indaga en las causas y apunta a una especie de gentrificación de la investigación académica como el motivo principal.

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Retratos yuxtapuestos de Albert Einstein cuando era joven y, ya más mayor, en su famosa foto sacando la lengua.
"Incluso las mentes más brillantes, como Einstein, pasan de disruptor a conservador cuando la mecánica cuántica amenaza su nostálgica visión del universo", dice el estudio.Imagen: Circa Images/glasshouseimages/United Archives/kpa Keystone/IMAGO

En el mundo académico no son poco habituales las quejas laborales. También hay jóvenes científicos que sienten que pierden el tiempo con cuestiones que dejaron de ser relevantes cuando sus directores de tesis eran todavía estudiantes. O que investigan aspectos tan específicos de una materia que apenas aportan un mínimo granito de arena al avance científico. La ciencia, a pesar de producir más investigaciones y más patentes que nunca, cada vez parece avanzar menos y de forma menos innovadora.

Un metaestudio, publicado recientemente en la revista Science bajo el título 'Envejecimiento y reducción de la innovación científica', indaga en las causas de este fenómeno para tratar de responder a la pregunta de cómo influye la "edad académica" en la creatividad. "A medida que los científicos envejecen, su ciencia también lo hace, así como el trabajo en el que se encuentran anclados y del que extraen la inspiración y sus expectativas", resume James A. Evans, uno de los autores del artículo, en una publicación de la Universidad de Chicago, donde es profesor de Sociología y Ciencia de Datos.

"Lo llamamos 'envejecimiento intelectual' porque es un proceso tanto social como biológico", aclara Evans, en referencia a que no es únicamente la edad de los investigadores lo que los condiciona. Es decir: a medida que llevan más tiempo en el mundo académico y van asumiendo funciones administrativas y liderando equipos, tienen también menos tiempo para investigar y para mantenerse al día con los avances científicos.

Científico: una profesión con dos velocidades

El artículo comienza constatando una creciente polarización en las carreras científicas, con un pequeño número de científicos, por un lado, que permanecen activos más años que nunca y, por otro, una enorme cantidad de investigadores que pasan por la ciencia como si de trabajadores temporales se tratara. Los requisitos de experiencia que se exigen para acceder a puestos académicos directivos, la edad de jubilación (que en Estados Unidos dejó de estar limitada a los 70 años por un fallo de la Corte Suprema de 1994) y las dificultades para abrirse paso en el mundo de la investigación potencian esta división entre los científicos.

El artículo estudia la trayectoria de más de doce millones de académicos con al menos tres investigaciones publicadas entre 1960 y 2020. Y no sólo la continuidad de las carreras y las temáticas investigadas. Siguiendo la estela de otro artículo publicado en la revista Nature en 2023, analiza cómo de disruptiva es cada investigación a través de los artículos previos que cita: si las publicaciones posteriores citan a ese artículo, pero no a los anteriores, lo puntúan como disruptivo. Es decir: abre un nuevo campo de investigación.

El ejemplo que ponían entonces era el del artículo de 1953 en el que James Watson y Francis Crick describían la estructura helicoidal del ADN: los trabajos posteriores referenciaban a este artículo, pero no a los que se citaban en él. También es un clásico citar el cambio de paradigma que supuso la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein. Pues bien, la probabilidad de que un científico produzca una investigación científica disruptiva va bajando con la edad en todos los campos de la ciencia. En una muestra de 64.386 científicos con carreras de 40 años o más, los autores encontraron que la probabilidad de producir una publicación científica que esté entre el 10 % de las más disruptivas bajaba con la edad en todos los campos de investigación, indicando que los investigadores más veteranos son menos propensos a abandonar las ideas establecidas.

El "efecto nostalgia"

Anteriores investigaciones sugerían un deterioro de la creatividad con la edad, aunque otros no encontraban correlación alguna. Esto sería compatible con la explicación que daba Thomas S. Kuhn, que definió el concepto de "paradigma científico": los científicos más experimentados estarían más moldeados por el estado del conocimiento actual que los nuevos, para los que sería más fácil "pensar fuera de la caja".

Según el actual estudio, la explicación puede ser más sencilla: los científicos tienden simplemente a quedarse anclados en alguna investigación del pasado que deja su impronta en toda su producción científica posterior. E incluso pone cifras a esta tendencia: a lo largo de la carrera de un investigador, el 85 % de las referencias aparecen una sola vez, mientras que la más citada reaparece en más de la mitad de sus artículos (57 %). El estudio desvela además que, de media, la investigación previa que más fuertemente marca la carrera de un científico suele estar publicada en torno a dos años antes de que él mismo publique su primera investigación.

Este "efecto nostalgia" encuentra también una correlación entre los años como investigador de un científico y la antigüedad de los artículos que cita. En promedio, la antigüedad de las referencias sube un mes por cada año más como investigador. Sin embargo, el estudio constata también que el envejecimiento de los investigadores potencia su "innovación combinatoria", aunque limite sus avances disruptivos. Eso explicaría también, para los autores, los resultados ambiguos en las investigaciones precedentes, que confundían, según ellos, estos dos tipos de creatividad.

Mayor "innovación combinatoria", menor disrupción

Es decir, los investigadores más experimentados son capaces de relacionar las investigaciones nuevas con más investigaciones pasadas, aunque lo sean menos a romper con ese pasado y abrir campos nuevos de investigación. "Los científicos de mayor edad combinan de forma más creativa los elementos tradicionales de su campo, pero son en gran medida inmunes a las nuevas ideas y luchan activamente contra ellas", afirma Evans. "La memoria es importante, pero se resiste al cambio y a los descubrimientos transformadores", añade.

Junto a Evans, firman el artículo los investigadores de la Universidad de Pittsburgh Yiling Loin, Lingfei Wu y Haochuan Cui, este último también adscrito a la Universidad Normal de Nanjing y a la Universidad Normal de Pekín. El estudio compara también los sistemas científicos más envejecidos, como los de Japón, Estados Unidos o el Reino Unido, con otros en los que esta especie de gentrificación no se ha dado todavía, como los de China o India, que tienden a producir trabajos más disruptivos. Y afirma que actuando sobre las políticas laborales y sobre los mecanismos a través de los cuales se financian las investigaciones y se publican y revisan, se pueden dar pasos para abrir la ciencia más a la innovación disruptiva.

El estudio abre un debate interesante sobre cómo se organiza la investigación científica y cómo se puede mejorar. Lo que es indudable es que pocos investigadores realizan un descubrimiento revolucionario después de los treinta años. Es posible que sea, simplemente, porque pocos investigadores realizan un descubrimiento revolucionario antes de los treinta años. En cualquier caso, lo que no dice el estudio es que la probabilidad de conseguirlo desciende hasta casi cero... cuando dejan de intentarlo.

DW Personenfoto | Spanische Redaktion | Luis Garcia Casas
Luis García Casas Periodista y editor en DW.
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