Asesinada por ″honor″: Alemania ante una dura prueba | Elecciones en Alemania | DW | 19.04.2006
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Elecciones en Alemania

Asesinada por "honor": Alemania ante una dura prueba

Hatun Sürücü se comportaba como una occidental y eso le costó la vida. Ahora la familia reclama la custodia de su hijo, mientras algunos políticos piden la deportación de los parientes o les instan a abandonar Alemania.

La familia de Sürücü quiere la custodia del hijo de ésta.

La familia de Sürücü quiere la custodia del hijo de ésta.


Con 16 años, la joven de origen turco Hatun Sürücü fue obligada a casarse con su primo. Cuando decidió abandonar al marido y criar sola a su hijo, Sürücü fue asesinada por uno de sus hermanos. Aunque el tribunal no haya podido probarlo, nadie en Alemania cree que el asesino actuara en solitario. Más bien, desde los pasillos del Bundestag hasta la calle, las opiniones se inclinan hacia que el "asesinato por honor", como ha sido bautizado el caso, fue planeado por los tres hermanos de Sürücü y contaba con el beneplácito de la familia de la víctima.

Ehrenmord an Schwester Hatun Sürücü

El caso de la joven asesianda ha despertado un ardiente debate en Alemania.

Esa misma familia ha esperado durante un año a que se dictara sentencia para reclamar la custodia del hijo de Sürücü, que ahora tiene seis años y vive desde la muerte de su madre con unos padres adoptivos. El cinismo de la reclamación indigna a los alemanes, ya descontentos con un veredicto que deja en libertad a los dos hermanos mayores de la joven por falta de pruebas. Una ola de críticas llena los medios de comunicación del país, mientras que la familia advierte que si su petición es denegada, el padre biológico del niño, que vive en Estambul, exigirá hacerse cargo del pequeño.

Una idea insoportable

"La sola idea de que un niño pueda crecer entre los que probablemente cooperaran en la muerte de su madre resulta insoportable", declaró Cem Özdemir, parlamentaria europea de Los Verdes alemanes.

La hermana de la joven asesinada, Arzu Sürücü, será quien reclame el derecho de la familia de ocuparse del niño. "Hemos esperado a que se pronunciara la sentencia. En las próximas semanas presentaremos la solicitud de custodia", dijo Arzu.

Será un tribunal familiar el que tendrá que pronunciarse a cerca de la petición, siempre, según la legislación, a favor del bienestar del menor. Pero si le preguntan a los alemanes, la sentencia está dictaminada: el niño no debe, bajo ningún concepto, crecer con los que martirizaron en vida a su madre hasta las últimas consecuencias.

"El escándalo que supone este asesinato se ve potenciado por el hecho de que los mismos que lo organizaron quieren ahora la custodia del niño", opinó el ministro del Interior alemán, el democristiano Wolfgang Schäuble. "No debe llegar a darse el caso [de que logren la custodia]", añadió el político conservador.

Expulsión: ¿justificada?

Prozess um Ehrenmord an junger Deutsch-Türkin

Los alemanes esperan que el niño permanezca en el hogar adoptivo.

Son muchos los políticos que han instado a la familia de la víctima a abandonar voluntariamente Alemania. Quienes defienden tales tradiciones, como el matrimonio forzado de menores o el asesinato en nombre de la deshonra, no tiene cabida en la sociedad alemana. Otros, como el primer ministro de Baviera, Edmund Stoiber, que no es la primera vez que se pronuncia a favor de la deportación de extranjeros, han ido algo más lejos para reclamar que la familia al completo sea expulsada del país.

A las palabras de Stoiber, los políticos de los restantes partidos alemanes han reaccionado con desagrado. "En Alemania no existen las sanciones colectivas. No se puede pedir la expulsión de toda la familia, aunque la hija haya sido asesinada por el hermano menor", dijo la que fuera ministra de Justicia alemana, Leutheusser-Scharrenberger. "Negarse a la integración no es un delito", añadió.

El asesinato de Hatun Sürücü sigue pues ocupando a la sociedad alemana, que trata de ordenar ahora su sentimiento de repulsa, controlar pasiones desatadas para no caer en la violación del propio Estado de Derecho al que se quiere proteger, pero que, al mismo tiempo, desea ver que se hace justicia.

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