Aprendiendo a vivir con el dingo australiano | Global Ideas | DW | 22.09.2020
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Global Ideas

Aprendiendo a vivir con el dingo australiano

¿Es el dingo un peligroso perro salvaje que hay que erradicar, o es parte integral del singular ecosistema de Australia? Los recientes incendios forestales han hecho que su población se vuelva más vulnerable.

La cara pálida y de color arena de un dingo se asoma entre los troncos ennegrecidos de los eucaliptos calcinados. El cánido pertenece a la última pareja de perros salvajes que aún viven en el Santuario de vida silvestre de Secret Creek, al pie de las Montañas Azules de Australia, en Nueva Gales del Sur.

Parte del santuario se encuentra entre los 17 millones de hectáreas de tierra que fueron devastadas por los incendios forestales, que arrasaron Australia a finales de 2019 y principios de 2020. Más de 3.000 millones de vertebrados nativos murieron o fueron desplazados, según un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (conocido como WWF, por sus siglas en inglés).

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Los dos dingos de Secret Creek, una hembra y un macho, podrían haber muerto entre las llamas, pero tuvieron suerte. El conservacionista Trevor Evans, un antiguo minero, alojó temporalmente a la pareja en el zoológico de Sídney. Una vez que se extinguieron las llamas, los llevó de vuelta al santuario donde viven protegidos. Pero en todo el país, los incendios han dejado a estos perros salvajes de Australia con menos hábitat y menos presas.

Un hombre sosteniendo una zarigüeya australiana quemada en los incendios forestales de Australia en 2019/2020.

Una zarigüeya australiana severamente quemada y rescatada de los incendios forestales cerca de las Montañas Azules de Australia.

Árboles calcinados en las Montañas Azules de Australia. La lluvia forma un estanque delante de los árboles.

Árboles calcinados en las Montañas Azules de Australia. Millones de acres de bosque se perdieron en los incendios forestales.

El dingo: un enemigo de los granjeros

Evans estableció el santuario hace 19 años, después de perder su trabajo. Estudió ciencias medioambientales mientras trabajaba en la mina y desarrolló una pasión especial por el dingo. Pero su amor por estos depredadores, a menudo maltratados, va en contra de la corriente.

Durante mucho tiempo, los granjeros han considerado al dingo como una amenaza para su ganado. En muchos estados australianos es legal cazarlos. El gobierno de Nueva Gales del Sur, por ejemplo, ha declarado al dingo, así como a los perros domésticos salvajes, como "especies de plaga prioritaria”, que amenazan a los animales de granja y a la vida salvaje y que, por lo tanto, pueden ser sacrificados.

"El dingo es maltratado terriblemente en Australia: se le dispara y se le envenena”, explica Evans, quien espera que el Santuario Secret Creek pueda asegurar su supervivencia. "Por eso necesitamos proteger a algunos dingos aquí, para preservar su ADN”.

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¿Nativo o intruso?

El dingo se considera nativo de Australia. Pero su historia no es tan antigua como la del canguro, cuyos antepasados ya saltaban por este país hace 20 millones de años.

Se cuestiona cuándo llegaron los primeros dingos a Australia, pero los registros arqueológicos más antiguos datan de hace unos 3.000 años. Se cree que descienden de perros domésticos introducidos desde Asia, que a lo largo de los milenios se han adaptado y convertido en parte integral del ecosistema local.

Un dingo detrás de unos árboles.

Los dingos tienen mala fama en Australia porque son vistos como una amenaza para el ganado.

Pero desde la colonización británica, el número de ejemplares ha disminuido como consecuencia de la caza por parte de granjeros. Hoy en día, la mayor amenaza para su supervivencia es el cruce con perros domésticos y salvajes. Cada vez es más difícil encontrar un dingo de raza pura. Esto dificulta la conservación de la especie.

El dingo había sido incluido en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como vulnerable, pero recientemente perdió ese estado y su condición de subespecie distinta. Ahora se clasifica como "perro doméstico salvaje".

Las diferencias legislativas de los distintos estados australianos significan que el animal se encuentra en tierra de nadie en cuanto a su conservación. De este modo, están protegidos en algunos estados y tratados como plagas invasoras en otros. En esos lugares, las autoridades estatales distribuyen regularmente cebos con veneno, conocido como compuesto 1080 (fluoracetato de sodio), en los bosques para matarlos.

Por un control de plagas sin crueldad

Cuando varios gobiernos estatales australianos, incluidos los de Nueva Gales del Sur y Victoria, anunciaron un nuevo lanzamiento de cebos aéreos, en mayo de este año, 24 científicos escribieron al Ministro de Medio Ambiente pidiendo que se pusiera fin a esta práctica. 

Por el contrario, el veneno se lanzó en varias regiones de Australia, y a principios de septiembre en grandes partes de las Montañas Azules.

"El uso de 1080 como veneno es una forma completamente arbitraria de control de plagas”, critica Mike Letnic, profesor de la Escuela de Ciencias Biológicas, Terrestres y Ambientales de la Universidad de Nueva Gales del Sur, y uno de los firmantes de la carta. "Es cruel, y además puede provocar la muerte de animales que no son el objetivo y que podrían comer el cebo”, aclara.

"Un animal que come la carnada puede sufrir espasmos musculares y asfixia y puede tardar días en morir”, explica Letnic. Algunos conservacionistas admiten que el tiro profesional sería la mejor solución.

Ben Pitcher, biólogo del comportamiento de la Sociedad de Conservación de Taronga en Sídney, cree que hay formas más humanas de evitar que los dingos dañen al ganado. En su opinión, los animales son territoriales y evitan encontrarse con otras jaurías. Pitcher experimenta con la pulverización de orina de dingo y la reproducción de sus sonidos para disuadir a los animales. En otras partes de Australia, algunos agricultores están utilizando burros y alpacas para proteger a las ovejas de los dingos.

Sin embargo, encontrar formas de proteger el ganado sin matar dingos puede no ser suficiente para proteger lo que muchos consideran un depredador amenazador y siniestro. Los conservacionistas dicen que la actitud también debe cambiar.

Respeto para el dingo

Chad Staples, conservador del Parque de Vida Silvestre de Featherdale en Sídney, quiere que la gente aprenda a respetar al dingo como el cazador inteligente que es, y que comprenda su valor para el ecosistema australiano.

"Los dingos son importantes para la salud del ecosistema”, afirma Staples. "Se ha demostrado que pueden reducir las poblaciones de gatos, conejos y zorros salvajes”, refiriéndose a los animales que fueron introducidos en Australia desde Europa mucho más recientemente que los dingos y que han causado estragos en la vida silvestre indígena.

Un dingo adulto con sus cachorros.

El cruce con perros salvajes y un estatus incierto como especie distinta complica la conservación del dingo.

Al mismo tiempo, advierte que las personas también deben tener cuidado. Los dingos normalmente huyen del peligro, pero al ser grandes carnívoros, pueden volverse agresivos e incluso acercarse demasiado a los campamentos, especialmente si hay comida alrededor. En 2018 y 2019 se produjeron varios ataques de dingos a humanos, que incluso afectaron a niños pequeños.

Una parte de la sociedad australiana tiene desde hace mucho tiempo un saludable respeto por estos ágiles depredadores. Y es que el dingo ocupa un lugar importante en la espiritualidad indígena.

Históricamente, las comunidades aborígenes acogieron a estos perros salvajes en sus campamentos como "protectores o guardianes”, como compañeros e incluso "calentadores de cama”, según un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Nueva Gales del Sur. Sin embargo, nunca fueron domesticados como mascotas.

Educando a la próxima generación

Recientemente, Evans ha establecido un programa de mentores en Secret Creek con ancianos indígenas y ecologistas locales para enseñar a los jóvenes el significado cultural de los animales salvajes y la necesidad de preservar su hábitat. Evans cree firmemente que la única forma de cambiar actitudes de conservación es a través de los jóvenes.

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Mientras el invierno da paso a la primavera en el bosque carbonizado, la pareja de dingos de Secret Creek está a salvo, al menos por ahora, de los incendios. Evans espera que la pareja se reproduzca pronto para que sus crías puedan ser liberadas y aumenten la población salvaje de la especie.

Pero aún queda mucho trabajo por hacer para asegurar su supervivencia, más allá de la protección del santuario. "Debemos enseñar el valor de estos animales a las generaciones futuras”, dice Evans. "Entonces, quizá, puedan estar a salvo de nuevo en la naturaleza”.

(ar/cp)