Bialiatski: "El sistema post-Stalin prospera en Bielorrusia"
17 de diciembre de 2025
El conocido activista bielorruso de derechos humanos Ales Bialiatski, fundador del Centro de Derechos Humanos Viasna y Premio Nobel de la Paz 2022, estuvo encarcelado en Bielorrusia hasta el pasado fin de semana.
Cumplía una condena de diez años, dictada por un tribunal de Minsk en marzo de 2023, tras ser declarado culpable de "contrabando" y "reiteradas violaciones de las normas relativas a la organización y celebración de eventos multitudinarios".
El 13 de diciembre de 2025 fue liberado gracias a la mediación de Estados Unidos. Unos días después, Bialiatski concedió una entrevista a DW en Lituania, país al que fue trasladado tras su liberación.
Deutsche Welle: Señor Bialiatski, ¿cómo se encuentra?
Ales Bialiatski: Cuando uno ha vivido en condiciones tan duras durante un periodo prolongado, se está constantemente bajo una enorme presión. Volver a ser libre es una situación completamente diferente y primero hay que acostumbrarse psicológicamente. Estoy pasando por esa fase ahora mismo. Una parte de mí lo entiende, pero la otra, la puramente física, aún no lo comprende del todo.
Los médicos me ayudaron como mejor pudieron, pero sus opciones de tratamiento eran limitadas. Normalmente solo contaban con una pequeña selección de medicamentos, faltaba equipamiento médico y era difícil la derivación a un hospital por enfermedades graves. Creo que pronto recuperaré la salud, podré trabajar y llevar una vida normal, como todos los demás en libertad.
La mayoría de los presos políticos liberados fueron trasladados a Ucrania. ¿Por qué fue usted a Lituania?
Trasladaron a diez personas a Vilna. Esto se debe a acuerdos entre la delegación estadounidense y las autoridades bielorrusas y ucranianas. Según tenemos entendido, hubo intensas negociaciones en las que participó el presidente Volodimir Zelenski. Estoy profundamente agradecido a todos los que participaron en nuestra liberación.
Ahora es crucial que haya una postura firme de toda la UE para lograr la liberación de todos los presos políticos y el fin de la represión en Bielorrusia. Por un lado, se está liberando a presos políticos, mientras que, por otro, se está encarcelando a otros. Sé por mis colegas de Viasna que aún siguen detenidos destacados activistas de la sociedad civil.
Hago un llamamiento a la sociedad civil, a quienes toman decisiones políticas. Debemos seguir presionando a las autoridades bielorrusas para que liberen a todos los presos políticos y pongan fin a la represión política diaria, que impide a los bielorrusos respirar y vivir libremente.
Usted ya estuvo encarcelado de 2011 a 2014 y registrado como preso político. ¿En qué se diferenció su segunda condena de la primera?
Los primeros meses en prisión preventiva me recordaron mucho al pasado. Las rutinas de trabajo en la prisión eran las mismas y mi celda estaba ubicada justo al lado de la que había ocupado anteriormente.
Pero también hubo cambios significativos. Las condiciones de encarcelamiento para los presos políticos fueron mucho más duras, diría que más sádicas. El trato inhumano se convirtió en la norma absoluta. La correspondencia y el intercambio de información estaban completamente restringidos. Incluso el día de mi liberación, se llevaron todos mis manuscritos, las pocas cartas que me habían llegado durante ese tiempo. Escribí allí mis memorias y todo eso se ha perdido. Las cartas de mi esposa y amigos significaron mucho para mí. En 2025, solo recibí una carta de mi esposa y ella no recibió ninguna mía. Estaba completamente aislado.
Además, se aplicaron cada vez más castigos, como el confinamiento en una celda donde los presos debían compartir de seis a diez metros cuadrados con otra persona durante varios meses. Era, en efecto, una prisión dentro de otra prisión. También hay sentencias adicionales que prolongan el encarcelamiento en uno o dos años, y estos procedimientos pueden repetirse indefinidamente.
En la actualidad, todo esto está organizado dentro de un sistema de presión constante sobre los presos políticos: psicológica, moral y física. Se ataca su salud y autoestima, con el objetivo de destruirlos, borrar su individualidad y convertirlos en esclavos silenciosos. Este sistema se ha perfeccionado tanto, que se asemeja mucho a la era de Stalin. Este sistema pos-Stalin prospera en Bielorrusia hoy en día.
¿Cómo se enteró de que le habían concedido el Premio Nobel de la Paz?
Eso fue hace tres años. Me lo dijeron otros reclusos en el pasillo del centro de detención preventiva. Unos minutos después, me reuní con mi abogada y me confirmó la noticia. Fue completamente inesperado, a pesar de estar en la lista de nominados. Ya lo había estado varias veces antes, pero mis posibilidades siempre fueron escasas, dados los muchos otros candidatos y los problemas que enfrentábamos.
Cuando sucedió, me quedé impactado. Al principio no lo podía creer. Pero era real, y nuestra trágica situación contribuyó a ello. El Nobel no se otorgó por nuestros logros, sino por la enorme valentía heroica demostrada por los bielorrusos durante las protestas de 2020, por la lucha de millones de bielorrusos por la libertad y la justicia. Este es un trabajo diario de años, llevado a cabo por la sociedad civil bielorrusa, y especialmente por defensores de los derechos humanos.
El contexto de este premio también es importante, ya que se otorgó simultáneamente a activistas de derechos humanos rusos y ucranianos. Los bielorrusos estamos en medio de la guerra entre Ucrania y Rusia. Seguimos profundamente conectados con la situación política de la región. La ley marcial está en vigor en Bielorrusia, aunque no se ha declarado oficialmente. Existe una amenaza constante de guerra, a pesar de que las negociaciones de paz están en curso. Las perspectivas de paz en el futuro cercano son muy inciertas, y no se sabe qué ocurrirá dentro de cinco a diez años.
Usted lleva mucho tiempo en activo. En 2026, Viasna cumplirá 30 años. ¿Aún hay esperanza de que haya una Bielorrusia democrática que respete los derechos humanos?
Desafortunadamente, el tiempo que pasamos en prisión formó parte de nuestro trabajo. El encarcelamiento de defensores de derechos humanos ilustra a la perfección que no hay democracia en el país y que no se respetan los derechos humanos. Aún no vemos la luz al final del túnel, pero debemos seguir adelante, porque estoy seguro de que esa luz existe.
(rmr/ms)