Un exnazi y su privacidad | Alemania | DW | 09.02.2012
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Alemania

Un exnazi y su privacidad

Dos periodistas visitaron a un anciano exnazi que estaba siendo procesado y filmaron sin permiso. Fueron acusados de violar su esfera privada. ¿El derecho a la privacidad prima sobre el interés público?

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Condenado a cadena perpetua en Holanda, Boere vivió por más de 30 años en la plácida Aquisgrán.

Absueltos: los periodistas holandeses, Jan Ponsen y Jelle Visser, no tienen que saldar cuentas con la Justicia alemana por haber violado la esfera privada de un exmiembro de las SS alemanas. Así lo determinó el juzgado de la pequeña ciudad de Eschweiler, cercana a la frontera entre Alemania, Holanda y Bélgica.

Filmando en secreto

En el año 2009 , Heinrich Boere estaba siendo juzgado por tres asesinatos perpetrados contra ciudadanos holandeses estando al servicio de las SS nazis a comienzo de la década de los 1940. Dos periodistas holandeses lo visitaron en la residencia de ancianos en la que habitaba y, sin autorización, encendieron la cámara durante la entrevista. Boere percibió la cámara escondida, los echó y los denunció. Efectivamente, los periodistas holandeses habían violado con ello la esfera privada de Boere; y el código penal prevé para ello entre uno y tres años de cárcel.

No era un jubilado más

Journalisten Jelle Visser Jan Ponsen Heinrich Boere Prozess Gericht Eschweiler

Jelle Visser y Jan Ponsen en el tribunal en Eschweiler.

Pero la persona a quien Ponsen y Visser visitaron no era sólo un jubilado nonagenario; se trataba de un ciudadano holandés/alemán que había sido sentenciado en 1949 en Holanda a cadena perpetua por haber asesinado en 1944 a tres miembros de la resistencia durante la ocupación alemana. Con el fallo en su contra en su haber, Boere -haciendo uso de su otra nacionalidad- atravesó la frontera y vivió tranquilamente cerca de Aquisgrán por varias décadas.

A comienzos de la década de los 1980, Holanda volvió a encontrarlo y pidió su extradición. Alemania, sin embargo, se negó a entregar a un nacional a la justicia de otro país. Además, así la Justicia alemana, Boere habría actuado por órdenes superiores y en un contexto de represalias de guerra.

Apenas en el 2007 el juzgado de Aquisgrán permitió que se juzgara en Alemania a un Boere que entretanto era un anciano. Aunque sus defensores adujeron incapacidad médica, Boere acabó ante los tribunales. En este proceso, que culminó en 2010 con una condena a perpetuidad, los periodistas holandeses visitaron a Boere. El interés público en su persona, afirman, pesó más en su decisión que el respeto por la esfera privada.

El dilema

No obstante, la ley que protege la privacidad existe. Y el Tribunal de Aquisgrán aceptó la querella. La noticia revolvió los ánimos más allá de la frontera: ¿los periodistas holandeses podían ser condenados en Alemania por haber filmado a un exnazi a quien Alemania no había querido extraditar?

El caso levantó olas: comenzando por el siempre difícil tema de la utilidad de llevar a prisión a un anciano por crímenes cometidos décadas atrás, el juicio de Boere contra los periodistas holandeses tocó muchas fibras sensibles de la historia, también rozó viejas heridas entre vecinos europeos. Además contrapuso los derechos individuales al derecho a la información de interés público y común. Y no por último, los límites del periodismo de investigación se pusieron una vez más a discusión.

Como fuere, a los 90 años Boere cumple desde diciembre de 2011 una cadena perpetua en el hospital de la cárcel de Renania del Norte-Westfalia. Y el jueves (09.02.2012) los periodistas holandeses han sido exculpados porque “el interés público primaba en este caso”.

Autora: Mirra Banchón
Editora: Emilia Rojas

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