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Economía

Tres pretendientes para Opel, una empresa en vilo

Tres propuestas tiene el Gobierno alemán sobre la mesa: una italiana, de Fiat, otra rusa-canadiense, de Magna más Gaz, y otra estadounidense, de Riplewood. Todos se interesan por Opel, y así lo han hecho saber.

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El futuro de Opel: entre la cancillería berlinesa y el otro lado del Atlántico.

Tal y como había pedido Berlín, el miércoles las ofertas de los pretendientes de Opel estaban sobre la mesa. Tres llegaron en total: la del fabricante automotor italiano Fiat, que lleva semanas cortejando a los alemanes, la de los canadienses Magna, que han acabado dándole peso a su propuesta al incluir en el paquete al productor ruso Gaz y apoyarse en el banco, también ruso, Sberbank, y la del inversor financiero norteamericano Riplewood, cuya propuesta es hasta ahora un completo misterio.

Sin embargo, no todo se decide en la cancillería. El futuro de Opel sigue estando más ligado al de su empresa matriz, General Motors, de lo que a muchos les gustaría en Alemania. GM continúa bailando sobre la cuerda floja pero, aún así, sostiene una vela en este entierro.

A contrarreloj

En Berlín, un grupo de trabajo estudia los planes de los interesados en una carrera contrarreloj: General Motors tiene de plazo hasta finales de mes para presentarle al Gobierno estadounidense sus propias medidas de saneamiento y, si éste no convence, podría entrar en concurso de acreedores.

El Ejecutivo alemán se ha preparado para el peor de los casos. Berlín ha diseñado un modelo fiduciario para satisfacer la demanda de crédito de la compañía hasta que sea vendida y fijado garantías estatales para los potenciales compradores. Así, si sobre GM cayese un proceso de insolvencia, Opel podría mantenerse artificialmente con vida.

Las preferencias de cada cual

Sin embargo, la jugada definitiva de esta partida tiene aún lugar en Estados Unidos. El futuro de Opel dependerá de si el Gobierno estadounidense decide o no salvar a GM y, en cuanto a su venta, la automotriz norteamericana ha manifestado ya, o al menos eso asegura el semanario alemán Der Spiegel en su edición electrónica, sus preferencias.

Los canadienses tienen mejor fama en lo que a tecnología de punta se refiere, por eso son los favoritos de Detroit. Magna estuvo a cargo del desarrollo tecnológico de los modelos todo terreno de BMW y podría fabricar en las plantas de Opel para otras automotrices. La posición de Fiat, por el contrario, la debilitan las declaradas intenciones de los italianos de comprar al rival Chrysler, y el fracaso en el que acabó una cooperación con GM años atrás.

Fiat, por su parte, comunicó que su oferta es válida sólo para las actividades europeas de Opel y la británica Vauxhall. En caso de concretarse la transacción, la empresa italiana formaría un consorcio que abarcaría a Fiat y a su participación en Chrysler. Incluso, de acuerdo con la página electrónica del diario Frankfurter Rundschau, los turineses estarían dispuestos a retirar del mercado su marca Lancia en caso de hacerse la automotriz germana.

Del otro lado están las preferencias del Gobierno alemán, que carece del poder de la pertenencia oficial pero que tiene en la mano los fondos públicos con los que actuar de garante. Berlín quiere que el comprador tenga actividades en el sector automotor, lo que limita las posibilidades de Riplewood, y espera obtener a cambio de su ayuda cierta certeza de que no se echará el candado a las fábricas sobre suelo germano.

Los empleados de Opel elaboran mientras tanto su propia solución de emergencia para el caso de que fracase el desembarque de un inversor. "Si todo va mal, los empleados y los concesionarios de Opel presentarán una oferta conjunta", dijo el presidente del comité de empresa de la compañía, Klaus Franz, a versión online del diario Frankfurter Allgemeinen Zeitung.

La suma que ofrecerían ronda los 1.500 millones de euros, precisa el rotativo. De ellos, 1.000 millones saldrían de los recortes salariales y otros 500 millones del fondo de rescate que quieren reunir los 4.000 concesionarios de Opel.

Autor: Luna Bolívar/ dpa

Editora: Claudia Herrera Pahl

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