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América Latina

Tom Koenigs: “El tiempo de las guerrillas se acabó”

Colombia termina 2015 con avances hacia la paz, pero "quienes aún se oponen a ella deben saber que lo que vendría luego es más guerra", advierte a DW Tom Koenigs, Comisionado del Gobierno alemán para el Proceso de Paz.

Unidad anti-guerrilla del Ejército de Colombia.

Unidad anti-guerrilla del Ejército de Colombia.

DW: Aunque aún no todos los obstáculos están superados, Colombia dió este año importantes pasos hacia la paz. ¿Cuál es su balance, hasta ahora, como parlamentario y Comisionado del Gobierno alemán para el Proceso de Paz?

Tom Koenigs: Ha sido un proceso muy accidentado. Ha habido momentos de esperanza y desesperación, pero ahora parece ir por buen camino. En este momento, la paz en Colombia no tiene marcha atrás. Gracias al acuerdo de justicia transicional la contradicción más obvia se ha solucionado. No sé si el acuerdo se firme antes de la próxima Semana Santa, pero lo cierto es que el camino de la paz no tiene retorno.

¿A cuál contradicción se refiere?

Durante este año hubo algunos encuentros en el campo de batalla (secuestro de un general por parte de las FARC, muerte de soldados y operaciones militares contra-guerrilla de parte del Ejército colombiano). Y como hasta ahora no ha habido un cese al fuego bilateral, sino dos unilaterales, esto ha dado lugar a todo tipo de obstrucciones y malentendidos.

Teniendo en cuenta estas condiciones, ¿cuál debiera ser el próximo paso?

Un cese al fuego bilateral controlado. Un control que, en el mejor de los casos, podría asumir una instancia independiente o internacional. Desde allí habría que encontrar vías para la desmovilización y el desarme, no solo de las FARC.

Justamente el Gobierno de Santos avanza en lograr la paz con las FARC, pero aún queda la guerrilla del ELN…

Este es aún un problema serio por resolver, porque sería muy grave que habiéndose firmado la paz con las FARC, algunos miembros de esta, que no se quieran desmovilizar, terminen engrosando las filas del ELN.

A propósito, el grupo guerrillero ELN fue fundado por un sacerdote que estudió e hizo trabajo social en Berlín. No en vano, la conexión de esta guerrilla con la iglesia católica ha sido histórica. ¿Qué posibilidades ve de que la iglesia católica alemana vuelva a aportar a un acercamiento con el ELN?

La cercanía e influencia mutuas de los episcopados alemán y colombiano son importantes. Las conversaciones van y vienen cada día, como lo demuestra la reciente visita del padre Darío Echeverri, vocero de la Conferencia Episcopal colombiana y miembro de la Comisión de Conciliación. La iglesia colombiana ha invitado al ELN a sumarse lo más pronto posible al proceso de paz, advirtiendo que, una vez se haga la paz con las FARC, todo el peso de la fuerza militar caerá sobre esa guerrilla que perderá más su prestigio.

Del poco que les queda, después de ocasionar con cientos de voladuras de oleoductos y gasoductos uno de los mayores ecocidios de América Latina…

La catástrofe está de ambos lados, porque hay muertos cada día en una lucha sin la más mínima posibilidad de lograr un efecto positivo, porque nadie puede pensar que ni el ELN ni otra guerrilla en Colombia pueda tomarse el poder por las armas. Tengo a veces la impresión de que el ELN, sumergido en los bosques entre Venezuela y Colombia, sigue viviendo en los tiempos de la Guerra Fría.

Volvamos al proceso de paz con las FARC y los escenarios en que ha tenido lugar. Cuba y Venezuela, el uno país anfitrión y garante y el otro acompañante, se han ido transformando durante el mismo tiempo que duran las conversaciones de paz. Mientras La Habana se acerca a Washington, en Venezuela la mayoría de la Asamblea Nacional será asumida por la oposición. El piso se le está cayendo a las FARC bajo sus pies. ¿O cómo ve usted este desarrollo?

Tom Koenigs, parlamentario alemán de Alianza90/Los Verdes.

Tom Koenigs, parlamentario alemán de Alianza90/Los Verdes.

Se lo digo francamente: el tiempo de las guerrillas se acabó. Así como se acabó el de los caudillos. El desarrollo de las cosas en Cuba y Venezuela tiene, en efecto, su relación con el fin de la guerrilla. Lo que falta es abrir la participación política de las guerrillas al sistema democrático, como lo tiene previsto Colombia. Lo cierto es que no hay espacio para grupos alzados en armas. No hay una rebelión guerrillera que cambie la sociedad y llegue a mejorar la vida de los campesinos y los marginados. Lo que falta es la implementación de la reforma agraria formulada por ambas partes en La Habana.

¿Están los colombianos preparados para un Parlamento con más senadores exguerrilleros?

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Los colombianos deberán aprender a convivir con una oposición de izquierda, así sea una izquierda que a algunos no les guste. Tanto la sociedad colombiana como la comunidad internacional deberán aún aprender mucho para facilitar el paso de las montañas al Parlamento. No se puede declarar “ilegal” a otra persona porque a uno no le guste lo que dice. Si hay algo que aprender de la experiencia alemana es que aquí en el Parlamento conviven pacíficamente antiguos enemigos de la Guerra Fría. Las mayorías se logran por las vías democráticas, no por el poder de las armas. Las élites en Colombia deben entender que una nación no se hunde con una oposición izquierdista.

Parte de la fiscalización necesaria del proceso de paz es cada vez más radical y se está convirtiendo más en impedimento que en crítica constructiva. ¿Cuál es el miedo?

Si bien es cierto que una fuerza política surgida de la guerrilla desmovilizada en Colombia puede llegar a ser más fuerte que en Guatemala, será más débil que en El Salvador. No creo que un partido político liderado por exguerrilleros vaya a obtener más del 15% en las primeras elecciones libres en que participe.

¿Qué opina usted del efecto de las figuras que lideran la oposición al proceso de paz, como el senador Álvaro Uribe y el procurador Alejandro Ordoñez?

Quienes están más llamados a formular principios éticos son las asociaciones de las víctimas del conflicto. La voz más importante en el proceso de paz es la de las víctimas y estas están a favor de la paz. He escuchado a mucha gente de todas las partes en Colombia y llego a una conclusión importante: todos los que están en contra del proceso de paz hablan del pasado, mientras que todos los que hablan a favor de la paz hablan del futuro. Por eso mismo creo que el movimiento que lidera el senador Uribe va sumarse, algún día, a la voluntad y el sentido común de la mayoría de los colombianos.

Muchos de los opositores a una paz negociada no están dispuestos a enrolar a sus hijos en el Ejército para que no se expongan a los campos minados de la guerrilla. ¿Qué se debe tener en cuenta a la hora de votar el plebiscito por la paz?

Los que voten por un “no” deben tener muy en claro que eso significa la continuación de la guerra y la guerra trae más muertos. Hay que entender que una vez se firme el proceso de paz, no habrá legitimidad para ninguna rebelión. Una vía guerrerista aislaría hoy a Colombia. Con la paz, Colombia tiene grandes facultades para impulsar su desarrollo y convertirse en uno de los “tigres”.

¿Qué falta entonces para convencer a los críticos acérrimos del proceso de paz?

Álvaro Uribe se ha quejado de que los electores colombianos lo han traicionado por no haber elegido a su partido mayoritariamente en las pasadas elecciones regionales, de que Estados Unidos ha advertido que le apuesta a la paz. Y, por último, se ha quejado de que hasta los europeos envíen comisionados para acompañar el proceso de paz. Los acuerdos logrados en La Habana no violan el sistema democrático. Lo que ya está plasmado no es ni castrismo ni chavismo ni ninguna revolución. Se trata de proyectos democráticos de modernización del país e inclusión de los marginados.

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