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Europa al día

Sobre terrorismo, nacionalismo, bipartidismo y democracia

A más de tres años del atentado del 11-M en Madrid, Carlos Martínez Gorriarán de UPyD habló con DW-WORLD sobre el problema del terrorismo en España, los nacionalismos y la necesidad de la regeneración política.

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Rosa Díez abandonó el PSOE para unirse al proyecto de UPyD.

DW-WORLD: Hace más de tres años ocurrió en Madrid uno de los atentados más sangrientos en la historia reciente de España. Sus consecuencias fueron tales, que incluso influyó en los resultados previstos para las elecciones celebradas tres días después, y por tanto en el rumbo de los siguientes cuatro años de legislatura. ¿Qué opinión le merece la circunstancia de que la actuación de un grupo terrorista logre cambiar la política de una nación entera? ¿A qué se debió tal influencia?

Carlos Martínez Gorriarán: El terrorismo no es una violencia de tipo irracional, como algunos despistados insisten en afirmar, sino un modo criminal de influir en las decisiones políticas, y muy eficaz además. Los atentados del 11-M del 2003 en Madrid probaron que un grupo terrorista puede influir en el resultado electoral poniendo en evidencia al gobierno saliente. Pero eso ya lo sabíamos en España gracias a ETA, el grupo terrorista nacionalista que lleva treinta años influyendo en las elecciones en el País Vasco a favor del nacionalismo y contra los partidos constitucionalistas, con mucho mayor peso y efecto, por cierto, que los terroristas islámicos.

Bombenanschläge in Madrid

El 11 de marzo de 2004, España vivió uno de los atentados más sangrientos de su historia.

Otra cosa es si el atentado del 11-M fue tan determinante como para forzar la derrota del PP y la victoria de José Luís Rodríguez Zapatero. Creo que ayudó a la victoria socialista porque movilizó a cierta izquierda abstencionista que odia al PP, pero sin duda en los días previos socialistas y populares habían acortado mucho las distancias. El Gobierno de Aznar no supo reaccionar y le puso las cosas muy fáciles a la oposición. Primero se empeñó en que ETA era la autora de los atentados y quiso monopolizar la reacción social; cuando comenzó a ser evidente que ETA no había sido, tardó mucho tiempo en reconocer el error inicial, dando pábulo a los que le acusaban de mentir, siguiendo la consigna socialista. La verdad es que el Gobierno de Aznar nunca mintió, pero gestionó muy mal la crisis.

En las circunstancias de pánico y desconcierto de los días siguientes al atentado… ¿Qué papel jugaron la clase política española y los medios de comunicación? ¿Podría comentarnos en qué aspectos fallaron y en cuáles cumplieron su cometido tanto políticos como medios de comunicación?

C. M. G.: La información de que se dispuso en las primeras horas del atentado procedía casi en su totalidad de fuentes oficiales. Alguna emisora de radio, como la SER, afín al PSOE, introdujo alguna falsa noticia como la presencia de terroristas suicidas en los trenes atacados, pero en general los medios se limitaron a esperar la información oficial. El problema apareció cuando el gobierno del PP se mostró incapaz de cambiar la tesis oficial cuando él mismo estaba informando de que la policía abandonaba la pista de ETA y estaba investigando a los islamistas.

Los medios abandonaron la tesis del Gobierno, incluso los más afines. Pero creo que el ambiente general era de desconcierto. Además, la inminencia de la jornada electoral obligó a todos a especular sobre las consecuencias del atentado y de la conducta del gobierno en el resultado, que se suponía muy reñido. Algunos medios afines al PSOE aprovecharon para difundir rumores como que Aznar estudiaba la suspensión de las elecciones y cosas así, o a hacer propaganda del acoso a que fueron sometidas las sedes del PP. No fue un ejemplo de información comprometida con la defensa de la democracia, precisamente.

Ein Mädchen protestiert gegen die ETA

Manifestación contra ETA tras los atentados del 11-M.

Respecto a la clase política, en general tuvo una conducta lamentable. Creo que Aznar debería haber convocado el Pacto Antiterrorista desde el primer momento, porque se firmó para ese tipo de situaciones, asociando a la oposición a las decisiones del gobierno. Pero no lo hizo para explotar la situación a su favor, y el PSOE aprovechó la ocasión a fondo, erosionando de modo irresponsable la credibilidad de las instituciones y saltándose a la torera reglas elementales de la democracia, como el respeto al rival y a la opinión pública. Parecía que las bombas las había puesto Aznar, no un comando yihadista.

Eso explica muchas de las tonterías que se han dicho después desde un lado y otro: los derechistas empeñados en que todo fue una conspiración entre ETA, los socialistas y los islamistas, y los izquierdistas que comprenden los atentados del 11-M como una respuesta legítima al apoyo español de la invasión de Irak.

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