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América Latina

¿Podrá la OEA ayudar a Venezuela?

Este 28 de marzo la OEA se reúne para analizar la situación en el país gobernado por Nicolás Maduro. Mientras se piensa en una eventual suspensión, la ciudadanía carece de remedios, bencina y comida.

Hay tres momentos históricos en la vida de la Organización de Estados Americanos en que sus miembros han tomado medidas contra otro Estado del grupo: en 1960 condenando a Santo Domingo, en 1962 expulsando a Cuba y en 2009 suspendiendo a Honduras. Un cuarto capítulo podría empezar a escribirse este martes 28 de marzo, cuando el Consejo Permanente de la OEA se reúna de forma extraordinaria en Washington para analizar "la situación en Venezuela”. La reunión fue pedida por 18 países, de un total de 35, y ha encendido las alarmas en Caracas.

El pasado 14 de marzo, el secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, publicó un duro informe sobre la situación social, económica, política y humanitaria en el país, donde además acusó a Venezuela de violar todos los artículos de la Carta Democrática Interamericana. El Gobierno de Nicolás Maduro no se ha quedado de brazos cruzados y ha convocado a una marcha antiimperialista, al tiempo que analiza pedir la remoción de Almagro y se declara víctima de acoso

 

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"Analizando los factores de una manera neutral, es importantísimo lo que está haciendo la OEA, porque puede poner en marcha esa presión internacional que es necesaria frente a un Gobierno que ha venido actuando con total impunidad. Hasta ahora, Venezuela es un país completamente abandonado por la comunidad internacional”, dice a DW Ivo Hernández, académico del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Münster. Para el experto, "es muy  posible que esta presión internacional logre algo, que conmine a las autoridades a volver al estado de derecho”.

El secretario general de la OEA, Luis Almagro.

El secretario general de la OEA, Luis Almagro.

¿Chavismo fortalecido?

El ministro de Comunicación de Venezuela, Ernesto Villegas, no coincide. Para él, la aparición de la OEA en este relato, más que perjudicar al chavismo, "lo hará más robusto”. La misma idea tiene el historiador y académico de la Universidad Central de Venezuela, Agustín Blanco Muñoz. El especialista dice a DW que en el Gobierno de Maduro "gozarían mucho si se concreta un avance, como sanciones, contra la llamada revolución bolivariana. ¿Por qué? Porque podrán victimizarse, quedarán como defensores de la patria y máximos antiimperialistas. Aunque dudo que tomen medidas, si lo hacen, la cúpula del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) montará una fiesta”.

Es probable que este martes se debata también en la OEA la declaración firmada por 14 países, entre ellos México, Brasil, Argentina y Estados Unidos, donde se deja abierta la posibilidad de suspender a Venezuela como "un último recurso”. El objetivo de Almagro es presionar a Maduro para que convoque a elecciones. Blanco Muñoz piensa que tomar ese camino no es lo mejor. "Piense en Cuba. ¿Qué hizo la OEA contra Cuba? Darle las banderas fundamentales para mantenerla ahí por 55 años. Si EE. UU. hubiera bombardeado con alimentos y medicina a Cuba en vez de bloquearla, la realidad sería otra. ¿Acaso las colas botaron a Fidel Castro o a Raúl?”, se pregunta el académico.

"Venezuela está en estos momentos en manos de una dictadura, debe ser dicho eso con mucha responsabilidad, es un gobierno de facto, apartado del estado de derecho, que no convoca a elecciones y que no le interesa, porque sabe que las perdería”, complementa Hernández, de la Universidad de Münster. "Es una situación difícil de sostener, y es bueno que la comunidad tome conciencia de lo que está pasando en un país que fue, en algún momento, una de las democracias más sólidas del continente americano”, añade.

Hambre como control

Más allá de la discusión política, uno de los aspectos más preocupantes es la creciente escasez de bienes básicos, como medicamentos, comida, y hasta bencina que afecta a la ciudadanía. Lo denuncia el informe de Almagro y lo reconoce el propio presidente Maduro, al pedir ayuda internacional para proveer de medicinas al país. "Económicamente, este régimen no está en capacidad de sostener a la población, que ha sido llevada al hambre sin ninguna necesidad. No ha habido ninguna tragedia natural, no ha pasado nada, pero tiene Venezuela un grupo de personas que están saqueando el erario público”, dice Hernández. "Hay hambre, necesidad y mucha corrupción con la poca comida que se trae. Al Gobierno lo único que se le ocurre son estas bolsas llamadas CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción), una imitación muy burda del sistema cubano, para tratar de chantajear a la población”, agrega.

La escasez de combustible se hace sentir en Venezuela.

La escasez de combustible se hace sentir en Venezuela.

Para Blanco Muñoz, los CLAP se han convertido en un verdadero partido político, una forma de evitar que la desesperación desate un estallido social. "Quieren controlar a la gente por el estómago. Los CLAP reparten las cajas de comida que traen del exterior, que compran fundamentalmente en México. Eso está hermanado con el Carné de la Patria”, que es una tarjeta creada para poner orden en la distribución de los beneficios sociales. "La idea fundamental es ‘hazte socialista o morirás de hambre'. Están haciendo del hambre una política electoral. Hambre igual voto”, sentencia el historiador.

Todo esto ha ayudado a que las protestas no se salgan de cauce. "Más allá de lo que pueda decir un testigo presencial, la realidad numérica es que Venezuela es un país sin disposición alimenticia, porque este régimen ha limitado la iniciativa privada y los militares son los importadores de la comida”, dice Hernández. Blanco Muñoz piensa que todo esto fortalece más al Gobierno. "La gente aplicó la idea de que para comer necesito apoyar a este gobierno, no hay nadie más que me dé de comer. Muchos medios y analistas, hablan de un pueblo acobardado, sometido". Por último, el académico pregunta: ¿Cree usted que la pobreza se va a levantar contra la dictadura, exponiéndose además a una masacre. Muy difícil”.

Diego Zúñiga (jov)

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