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América Latina

Paz en Colombia: “Hay que pensar en el mañana”

Sobre paz, justicia y memoria en Colombia, DW conversó con Federico Mayor Zaragoza, presidente de la Fundación Cultura de Paz y ex director general de la UNESCO (1987-1999).

DW: Después de más de 50 años de conflicto armado, 200.000 muertos, unos siete millones de desplazados, en Colombia se avizora una tregua bilateral entre el Gobierno y las FARC antes de fin de año. El presidente Santos anunció que la paz podría firmarse al finalizar marzo de 2016. ¿Cómo ve usted este proceso desde la Fundación Cultura de Paz que preside desde el año 2000?

Federico Mayor Zaragoza*: Una vez más al final está prevaleciendo el buen sentido y el saber que un proceso de paz sólo llega a buen término si todos los interlocutores son capaces de pensar exclusivamente en el futuro. En mi experiencia está muy claro: los procesos de paz tienen posibilidades de concluir cuando los interlocutores piensan en sus hijos, cuando piensan en que para ellos será muy difícil que puedan convivir en auténtica armonía, pero piensan que quizá sus hijos sí que podrán hacerlo.

Estoy muy satisfecho de cómo se ha llevado este proceso en un caso tan complejo. Normalmente hay dos partes en un estado de conflicto. Pero en el caso de Colombia tenemos las FARC, el ELN, los paramilitares, el narcotráfico. Hay que reconocer que la complejidad ha sido enorme y que se ha cometido el grave error de intentar resolver este conflicto por la fuerza.

El enviado especial de la Unión Europa para el proceso de paz en Colombia inicia esta semana su primera visita oficial al país. Se trata de Eamon Gilmore, exministro de Asuntos Exteriores y comercio en Irlanda. ¿Qué elementos de su experiencia en el proceso de paz irlandés podrían servir en el proceso colombiano?

No hay ningún proceso de paz que sea ni parecido, menos igual. Pero, si hay un elemento que puede extraer del conflicto irlandés es que hubo encuentro en un momento en que nadie podía presumir que se sentarían alrededor de una mesa. Esto es también mérito de Noruega, que facilita los encuentros, sin entrometerse nunca.

Después, se supo distinguir muy bien lo que era un acontecer de sangre del que no lo era, se supo llevar a cabo una transición desde la violencia a la palabra. Creo que todo eso sí se puede extraer. Lo que no se puede hacer es decir: “Hombre, pues ya tenemos una especie de manual”. No, no hay ningún manual.

Hacer las paces no es lograr la paz: al parecer en eso hay consenso. La entrega de las armas, la participación política de los exguerrilleros y justicia transicional son palabras clave. ¿Cómo ve usted los avance del proceso colombiano, el primero que se podría resolver bajo vigor del Estatuto de Roma**?

Sería tan fantástico que tuviéramos la posibilidad de comprobar que las directrices generales de Roma pueden aplicarse satisfactoriamente a un caso tan difícil como el de Colombia, que podría ser una especie de punto de referencia para procesos parecidos. Mi opinión personal es que se está logrando.

Recuerdo cuando en el proceso de paz de El Salvador las dos partes no sólo se encontraron y supieron hablar del futuro, sino que supieron dejar muy claros algunos aspectos del pasado. Hoy, fíjese usted qué maravilla, ¿quién es el presidente de El Salvador? Pues el señor Sánchez Cerén, que era jefe de guerrilleros. Fíjese qué lecciones a veces nos da la historia.

Hace pocos días el senador liberal Horacio Serpa, de larga trayectoria política, dijo en Bruselas que “hay que hacer concesiones para lograr la paz” y que “sin impunidad no hay paz”. ¿Cómo ve usted este tema tan deliciado?

Creo que las generalizaciones no son buenas: decir que sin impunidad no hay paz, es decir que se haga una especie de amnistía general… Hay que partir de que todos los seres humanos son iguales en dignidad, y en una situación como ésta hay que pensar en el mañana. Ahora, del pasado hay que hacer un análisis muy certero.

Para cuando no haya habido dolo, hay que buscar fórmulas de conciliación, pero debe estudiarse caso a caso. No se puede tratar igual una situación dolosa desde el punto de vista penal que una donde no la ha habido. No creo que sea bueno hacer estas aseveraciones genéricas, pues puede llevar a muchos que estaban a punto de aceptar la paz a rechazarla. Pienso que la solución que se pretendió dar a las FARC fue un error craso que llevó a mucha más violencia y a buscar estrategias bélicas, a veces, muy poco honestas.

Después de un conflicto de estas dimensiones, “no se puede meter a todo el mundo a la cárcel” es una opinión que se escucha a menudo. Por otro lado, organizaciones de víctimas reclaman justicia en forma de una búsqueda exhaustiva de la verdad.

La comisión de la verdad ha sido muy útil al final de un proceso de paz. Sí, si se sabe la verdad y quiénes son los culpables de un lado y de otro, las víctimas entienden que los que cometieron atrocidades deben tener la posibilidad de expresar arrepentimiento. Y la otra también puede decir “mire usted lo que nos hicieron” y “mire los modos que utilizaron”.

¿Los países europeos pueden dar alguna lección en el campo de “memoria y justicia”?

En Europa sí se procuró después de la Segunda Guerra, pero utilizando procedimientos que a mí no me parecen los adecuados. Para el caso de un confilcto interno gravísimo con violencia, los ejemplos vienen más bien de América Latina en que las comisiones de la verdad han aportado a un final adecuado. Procuré aplicarlo al caso de Israel y Palestina, pero hasta ahora no lo hemos logrado por el empecinamiento israelí. En estos momentos no tengo en la memoria ningún ejemplo europeo, aunque me habría encantado poder contestarle “sí, España”.

Después de la firma de los acuerdos, hay que aprender a vivir en paz. ¿Eso cómo se hace?

Aprender a vivir en paz no lo tienen que hacer sólo los que vienen de un conflicto. Lo tenemos que hacer todos, todos los días, porque estamos viviendo en guerra. El espectáculo que ahora tenemos de gente muriendo en las playas llegando a Lampedusa, ¿cree que es paz? Aquella paz maravillosa en la que soñó Wilson en 1919 o la del magnífico sueño de Roosevelt en 1945, no se ha cumplido. Que nadie se engañe, el neoliberalismo se basa en la fuerza.

Tenemos una situación de guerra en el mundo, porque es lo que quieren tener. No quieren tener una Naciones Unidas fuertes, que serían la paz.. Las Naciones Unidas nos las han reducido al G7, al G8, a que 20 países manden sobre 193. Y no tenemos líderes que digan, “esto se ha acabado. Vamos a ayudar de verdad al desarrollo de los países más pobres”.

En esta situación de guerra que usted describe, ¿cree usted que la comunidad internacional debe apoyar la pacificación de Colombia? ¿Cree usted que lo haga?

Sí, creo que lo harán. Porque a pesar de que nos cargamos el medioambiente y de que estamos haciendo que la gente se muera de hambre, ha pasado algo que en toda la historia no había sucedido: hemos dejado de ser invisibles, anónimos, temerosos; ya podemos expresarnos, sabemos lo que pasa en el mundo, ya tenemos a la mujer como actor fundamental. En cinco o seis años, en plena era digital, serán millones los seres humanos que dirán que no. Estamos a punto de pasar de súbditos a ciudadanos. También en Colombia, una belleza de país, ya verá usted cómo serán los ciudadanos los que cojan las riendas de su destino.

*Federico Mayor Zaragoza, director general de la UNESCO entre 1987 y 1999. Actual presidente de la Fundación Cultura de Paz.
**Acuerdo sobre el que se funda en 1998 la Corte Penal Internacional, cuya misión es juzgar a las personas acusadas de cometer crímenes de genocidio, de guerra, de agresión y de lesa humanidad.