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América Latina

Colombia: ¿necesita aprobarse la paz?

A pesar de los obstáculos, el proceso de paz avanza y el presidente Santos busca cumplir la promesa de que sean los colombianos los que tengan la última palabra sobre la paz, o la guerra. ¿Qué tan viable es?

Congreso de Colombia.

Congreso de Colombia.

"El plebiscito es una pregunta al pueblo colombiano. Hay que hacer una gran pedagogía sobre qué fue lo que firmamos", dijo esta semana el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien defendió el plebiscito propuesto como la vía más apta para refrendar el acuerdo de paz que se negocia con la guerrilla de las FARC.

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Según la hoja de ruta de los diálogos entre el Gobierno de Colombia y las FARC, que avanzan en Cuba desde hace tres años, el mecanismo de refrendación del pacto definitivo debe ser acordado entre las partes. Hasta ahora, las FARC insisten en convocar a una Asamblea Constituyente para legitimar el acuerdo final, un punto en el que, paradójicamente, coinciden con la oposición liderada por el senador Álvaro Uribe, del Centro Democrático. Santos ha pedido claramente “bajarse de esa nube”.

Referendo o plebiscito “no es necesario”

El Gobierno de Colombia ha descartado tanto una reforma de la Constitución de 1991 como un referendo. Un instrumento que tiene toda clase de complicaciones, advierte Santos preguntando: “¿Se imaginan someter 64 o 65 puntos a un referendo?”.

El plebiscito, en debate en el Congreso, es un instrumento más simplificado que el referendo. Se trata de una consulta de los poderes públicos que se somete a voto popular para aprobar o rechazar una determinada propuesta. "El pueblo colombiano va a tener la oportunidad de salir a votar y decir: me gusta o no me gusta”, señala Santos.

La aplicación de un mecanismo de democracia directa, como el plebiscito, no es obligatoria para el Gobierno. Es más, “quedó claro que las mayorías optaron por Santos como mandatario comprometido con la salida negociada del conflicto, en vez de un presidente engolosinado con las fracasadas fórmulas militaristas de aniquilar a bala la insurgencia”, acota el especialista en derecho procesal, Ramiro Bejarano, en El Espectador, de Colombia.

Consulta a los ciudadanos es “necesaria”

Pero, a juicio de José Gregorio Hernández, cofundador de la revista de análisis Razón Política, el plebiscito en debate es un paso necesario porque “los acuerdos por sí solos no tienen fuerza para modificar la ley, y menos la Constitución”. Hernández aclara además que “la mesa de negociaciones no es una asamblea constituyente, ni puede sustituir al Congreso o al pueblo”.

El plebiscito, o llamado al pueblo, aparece además “más apto” porque un referendo exigiría alcanzar el umbral de voto exigido de, al menos, la cuarta parte de los ciudadanos que integran el censo electoral. Para algunos “un suicidio” de los mismos proponentes.

¿Ajuste al umbral?

Según el jefe negociador de la paz en La Habana, Humberto De la Calle, el plebiscito, tal como está consagrado en la Constitución, exige un umbral desmesurado, contrario a la tradición colombiana de participación electoral. “No es realista exigir una mayoría de todo el censo electoral. Es decir, en la historia de Colombia no ha sido posible llegar casi a los 17 millones de votos que se requerirían según la legislación actual”, concluye De la Calle. Por eso, saludó la propuesta del Congreso de “ajustar el umbral” necesario para la validez de la decisión. ¿Cuál será el porcentaje de ese “ajuste”?, aún está por definirse.

Según Paolo Biscaretti di Ruffia, el plebiscito debe usarse para que el pueblo se exprese sobre un hecho, un acto político o una medida concreta del gobierno; el “referéndum”, en cambio, debe versar sobre normas jurídicas, es decir, sobre proyectos de reforma de las leyes o de la Constitución, precisa Razón Pública.

Por último, José Gregorio Hernández recuerda las conclusiones del penalista y filósofo italo-francés Luigi Ferrajoli, autor de “Razones jurídicas del pacifismo”, tras su estudio del proceso de paz en Colombia: “La legitimidad del proceso de La Habana no la proporcionará lo que sentencien los colombianos en otra jornada electoral. La paz por sí sola, sin ninguna refrendación, es suficiente legitimación de cualquier proceso. El día que los colombianos sientan, de verdad, que se acabó la guerra, no hará falta nada”.

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