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Europa

Opinión: Una cuota para los refugiados en Europa

Europa se queja del aumento de solicitantes de asilo, y el reparto entre los países es muy desigual, pero, ¿alguien quiere que eso cambie? La mayoría de los países de la UE no tiene interés en eso, opina Bernd Riegert.

Hace 25 años, los países de la Unión Europea crearon la Convención de Dublín para reglamentar la recepción de solicitantes de asilo. Se trataba de asegurar que los distintos países no se pasaran unos a otros la responsabilidad por los inmigrantes. Entretanto ya rige la normativa Dublín III. En esencia, según el derecho europeo, todavía es responsable del registro y del procedimiento de asilo el primer país donde el inmigrante pone el pie.

Con el correr de los años, los puntos de salida de los inmigrantes han cambiado, y actualmente, la mayor cantidad de refugiados llega a Grecia y a Italia. También son otros los países de los que huyen. Desde el comienzo de la guerra en Siria las cifras de refugiados han registrado un fuerte aumento en los últimos años. Un dato que deja entrever que, a pesar de las señales de alarma en diversas cumbres europeas, el Viejo Continente no estaba lo suficientemente preparado. En la política de asilo a menudo no se actúa con previsión, sino que se reacciona ante los hechos consumados, tal vez con la oculta esperanza de que los refugiados golpeen la puerta del país vecino.

Convención de Dublín, en la mira

Bernd Riegert, de DW.

Bernd Riegert, de DW.

Pero esa esperanza es engañosa, ya que este año llegan varios movimientos migratorios a las puertas de Europa: refugiados que huyen de la guerra de Siria y de Irak, perseguidos políticos de Eritrea y Nigeria, personas que huyen de la pobreza extrema de países africanos y de los Balcanes occidentales. Según Dublín II, Grecia, Italia, Bulgaria y Hungría serían responsables en gran parte de la recepción de esos solicitantes de asilo.

Pero el marco legal de Dublín ya no funciona, como admitió por fin y por primera vez la canciller alemana, Angela Merkel, en una entrevista con la emisora ZDF. Algunos países ya no pueden, en vista de las enormes cifras migratorias, recibir a los refugiados bajo condiciones dignas. Pero hay algunos países que tampoco quieren hacerlo. La situación en la isla griega de Cos es dramática y lamentable, pero hace años que el Estado griego no es capaz de construir la infraestructura necesaria para recibirlos, y tampoco está dispuesto a hacerlo, a pesar del dinero ofrecido por la Unión Europea. Lo mismo vale, aunque en menor medida, para Italia, que registra a una cantidad menor de refugiados de los que realmente llegan. Muchos simplemente viajan hacia el norte, a pesar de la Convención de Dublín. Los países del sur de Europa señalan una y otra vez que es injusto que ellos carguen con el mayor peso, un argumento que hay que escuchar, por lo que sería bueno que los líderes de la Unión Europa dieran por tierra con Dublín. Pero, ¿y después qué?

Europa trata de establecer una cuota de asilo justa para todos los países desde hace dos décadas. Alemania tiene gran interés en que se mejore ese sistema, ya que, hoy por hoy, cada vez más personas buscan asilo en este país. Muchos más de los que una cuota europea le impondría acoger, es decir, un 16 por ciento. Actualmente, la cifra es de un 30 por ciento de todos los solicitantes de asilo en Europa. Sin embargo, si se tienen en cuenta los últimos siete años y se calcula el promedio, la cuestión se ve de otra manera: Alemania apenas habría cumplido con su cuota; Italia recibiría a menos refugiados de los que debería, mientras Grecia acogería a demasiados.

Debido a los 28 diversos intereses de los países miembros de la UE, parecería casi imposible, a mediano plazo, encontrar una cuota de reparto de refugiados. La tan mentada “solidaridad” entre los países europeos ya es un concepto hueco de tan usado. Los motivos por los cuales las personas se ven obligadas a huir de sus países y sus destinos les son indiferentes a los que detentan el poder en Siria, Libia, Eritrea y otros países. Tal vez la UE al menos pueda ejercer algún tipo de influencia sobre los países de los Balcanes y sobre algunos gobiernos africanos moderados. En noviembre se llevará a cabo una cumbre UE-África, y la semana próxima se planea una Conferencia de los Balcanes Occidentales. Durante esos encuentros se deberían poner las cartas sobre la mesa y habría que determinar medidas concretas al respecto. Pero esa exigencia ya es tan vieja como la primer Convención de Dublín, que tiene 25 años.

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