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El Mundo

Opinión: Putin pone a Occidente "entre la espada y la pared"

El presidente ruso, Vladimir Putin, habló ante la ONU por primera vez después de 10 años. Ingo Mannteufel opina que pone a Occidente ante un dilema.

Quien creyera que el presidente ruso, Vladimir Putin, iba a ofrecer una propuesta de compromiso o, al menos, iba a retirar de palabra su apoyo a Assad durante el discurso que dio ante la Asamblea de Naciones Unidas, habrá visto defraudadas sus expectativas. Putin ha dejado claro que Moscú apoyará una coalición contra las milicias de Estado Islámico en Siria solo si continúa el actual régimen de Damasco. Y no, Putin no dejará caer a Assad, ni ahora y quizá tampoco en el futuro. Por una cuestión de principios. Porque, según asegura, no es partidario de inmiscuirse en los asuntos internos de un país. Detrás de todo esto no solo se esconde el miedo de Rusia a perder a Assad, su aliado en Cercano Oriente, sino que Putin también se resguarda de cualquier tipo de crítica de Occidente respecto a su propio y polémico gobierno en Rusia.

Ingo Mannteufel, jefe de la redacción rusa de Deutsche Welle.

Ingo Mannteufel, jefe de la redacción rusa de Deutsche Welle.

Para dejarlo bien claro: con su condena explícita contra las intromisiones externas, Putin no se está refiriendo naturalmente a la anexión de la península ucraniana de Crimea por parte de Rusia, que viola las normas del derecho internacional, y el apoyo que Moscú brinda a los separatistas del este de Ucrania. Con su actitud sobre Siria, Putin coloca a Occidente entre la espada y la pared: Estados Unidos y Europa deben aceptar a Assad como socio de facto para luchar contra Estado Islámico. Con ello, no solo saldría reforzado el actual régimen sirio, sino que también ganaría posiciones el papel de Rusia como agente global en la política mundial. Además, concluiría el ostracismo que sufre Rusia como sanción por sus acciones en la vecina Ucrania.

Si no hubiera acuerdo con Putin, la situación actual en Siria y Cercano Oriente podría continuar empujando a millones de personas a huir, probablemente hacia Europa. De momento, ningún Gobierno occidental quiere pensar en la tercera opción: una arriesgada misión a gran escala sin mandato de la ONU con tropas terrestres sobre Siria. No es una elección sencilla para Occidente, que no desea admitir debilidad o impotencia. En cualquier caso, quedaron atrás los tiempos en los que Estados Unidos se incursionaba en solitario en Cercano Oriente. Barack Obama dejó este punto claro en su propio discurso ante la Asamblea General de la ONU.

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