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El Mundo

Opinión: marcha atrás a la política familiar en China

El Gobierno chino ha decidido poner fin a la estricta política de hijo único, permitiendo a las parejas tener dos hijos. Sin embargo, esta medida no solucionará automáticamente el problema demográfico, cree Frank Sieren.

En 1979, la implementación de la política de hijo único fue una buena idea. En aquel entonces, el gran reformador Deng Xiaoping la introdujo para evitar que hoy día China tuviera que alimentar a unos 300 millones de habitantes adicionales.

No obstante, en tanto, predominan las desventajas: por un lado, China tiene demasiadas personas mayores, y, por otro, le faltan mujeres y mano de obra. De ahora en adelante, todas las parejas casadas podrán tener dos hijos. En promedio, una mujer china da a luz a 1,55 hijos. Sin embargo, China necesita una tasa de 2,1 hijos, para garantizar una densidad demográfica estable.

Hace aproximadamente dos años, las reglas de la política de hijo único ya habían sido relajadas. Si una de las personas que forman una pareja es hijo único, la pareja puede optar por un segundo hijo. Antes, ambas partes tenían que demostrar ser hijos únicos para obtener el permiso de tener un segundo hijo.

Ningún otro pueblo envejece tan rápido

Ya en aquel entonces, Pekín esperaba que, como consecuencia de esta relajación, unos diez millones de parejas planificaran un segundo hijo. Sin embargo, estas esperanzas no se hicieron realidad.

Apenas hace tres meses, los cálculos del científico chino Zhang Juwei, director del Instituto Demográfico y de Economía del Trabajo en la Academia de Ciencias Sociales, sorprendieron a la opinión pública china: él y sus colegas estiman que dentro de diez años -es decir, en 2025- la República Popular China habrá alcanzado su tope demográfico con 1,41 mil millones de habitantes. Hasta 2050 este número se reduciría a 1,3 mil millones, con lo cual el país asiático tendría alrededor de 70 millones de habitantes menos que en la actualidad.

Frank Sieren vive en China desde hace 20 años.

Frank Sieren vive en China desde hace 20 años.

La política de hijo único también ha contribuido a que cada vez menos jóvenes asuman la carga de las pensiones de los jubilados: de 1979 a 2010, la edad media aumentó doce años hasta situarse en 34,5 años. Pero es peligrosa sobre todo la velocidad del cambio demográfico en China: dentro del próximo cuarto de siglo, el número de jubilados casi se duplicará hasta llegar a 329 millones. Hasta ahora, ningún otro pueblo ha envejecido tan rápido. Para ese entonces, la población laboral activa -entre 20 y 60 años- habrá disminuido de 817 millones a 696 millones.

Los padres jóvenes necesitan ayuda

En el futuro, se reducirá la fuerza laboral y aumentará la carga financiera del sistema social. Está por verse si la nueva política de dos hijos podrá solucionar esta situación. A la hora de decidir si fundar una familia o no, en la actualidad juegan un papel los mismos factores para las jóvenes parejas chinas de las grandes ciudades que en Europa: la carrera y los costos. Sobre todo para la generación joven, en su mayoría hijos únicos, la carrera es sumamente importante.

En muchos casos, es tan importante que no deja tiempo para criar un hijo y, mucho menos, dos. Además, la educación es muy cara en las ciudades chinas. Los jardines de niños, las escuelas y las universidades son cada vez más caras. Por ello, si el Gobierno quiere motivar al pueblo chino a tener más hijos, también debería impulsar reformas en este ámbito. O, de lo contrario, deberá subvencionar a los bebés.


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