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Europa

Opinión: El peligro está en no hacer nada

El ministro de RR. EE. de Luxemburgo, Jean Asselborn, teme que la UE se desintegre debido a la crisis de los refugiados. Un temor fundado, pero basado en un análisis incorrecto de las causas, opina Christoph Hasselbach.

Jean Asselborn está alarmado. En Europa, el egoísmo nacionalista está remplazando a la solidaridad, el aislamiento a las fronteras abiertas y el nacionalismo a los valores humanitarios. En pocos meses, el espacio de Schengen podría desaparecer y, con él, una de las mayores conquistas europeas. El ministro luxemburgués de Relaciones Exteriores habla hasta de la posibilidad de una guerra, y considera que la sustancia que une a los europeos, es decir, la cultura de los valores humanitarios, se está resquebrajando. Asselborn elogia la liberalidad de la política de refugiados alemana y advierte que algunos políticos están tratando de generara miedos, de “embaucar” a la gente, lo cual se debe tratar de contrarrestar. El peligro que ve el ministro, de hecho, existe, pero es diferente. Y por eso sus conclusiones son erróneas.

Fuera de control

Por un lado, Asselborn se equivoca en cuanto a las causas del miedo: la población europea tiene miedo de la llegada descontrolada de refugiados, pero no porque caiga en las redes de los charlatanes de la extrema derecha. Los ciudadanos se enfrentan cotidianamente a la impotencia estremecedora de sus Estados y de la Unión Europea en su conjunto. Tan solo en Alemania, miles de personas cruzan sin obstáculos las fronteras día a día, incluso después de que el gobierno tomara una serie de medidas restrictivas. Las autoridades no saben mucho sobre los inmigrantes. No saben quiénes son ni de dónde vienen, ni donde están exactamente, y eso desde hace meses. Un país que ha perdido el control de quién atraviesa sus fronteras, ¿no es motivo de preocupación?

Christoph Hasselbach, de DW.

Christoph Hasselbach, de DW.

La canciller alemana, Angela Merkel, todavía se aferra a su política de no poner límites al número de refugiados y la promueve entre sus socios comunitarios. Durante mucho tiempo dio la impresión de que esa pérdida del control no la molestaba en absoluto. No sorprende, entonces, que los otros gobiernos rechacen su postura, y que se empiece a quedar cada vez más sola, también en Alemania.

Por eso, Jean Asselborn se equivoca en su propuesta: no se puede detener a la desintegración de Europa declarando que el miedo de la gente es infundado y apelando a valores humanos, sino frenando radicalmente la llegada masiva de refugiados a Europa. Pero de eso, el ministro luxemburgués no quiere saber nada. Ni siquiera de un control de las fronteras exteriores de la UE. Según él, solo es necesario “saber quién llega a la UE, y por qué”.

Donald Tusk: “Terreno fértil para el miedo”

Es justamente esa moralina rancia y ese laissez faire el que está poniendo en peligro a Europa. Por eso están ganando los partidos de extrema derecha todas las elecciones. Por eso muchos gobiernos ya no ven otra posibilidad que ayudarse a sí mismos introduciendo nuevamente los controles de fronteras y hasta construyendo cercos dentro de las fronteras interiores de la UE. Mucho más visionario es Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo. Por lo general reservado, el político polaco dijo sobre la situación actual en Europa: “Una Europa sin fronteras exteriores se convierte en terreno fértil para el miedo”. ¡Ese es exactamente el problema!

El fracaso del reparto equitativo de refugiados

También por eso ha fracasado hasta ahora la distribución equitativa de refugiados dentro de la Unión Europea de manera tan estrepitosa. Hasta tanto los refugiados no dejen de entrar masivamente y sin obstáculos a la UE, un reparto equitativo sería una garantía de que sigan llegando cada vez más personas. Los ciudadanos europeos esperan que Europa frene de manera conjunta el flujo de refugiados y no que los distribuya de manera diferente. La consecuencia de ello no es agradable, pero sí necesaria: la Unión Europea debe retomar el control de la inmigración. Eso no significa que se deje de recibir a los refugiados, pero sí que se fije claramente un límite.

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