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Europa

Opinión: ataque contra musulmanes, ataque contra Europa

Un hombre condujo un vehículo contra un grupo de musulmanes. Una persona murió y varias resultaron heridas. Un crimen de este tipo traiciona los ideales europeos, opina Kersten Knipp.

El conductor de la furgoneta blanca que la noche del 18 de junio atropelló a un grupo de musulmanes que recientemente había salido de una mezquita, estaba claramente satisfecho con su cometido. "Hice mi parte”, dijo tras abandonar el vehículo, de acuerdo con el relato de testigos. Su parte: un ataque cobarde contra personas pacíficas y desarmadas que venían de rezar.

 

Más información:

-Londres anuncia mayor protección policial para las mezquitas

-May dijo que el incidente en Londres es un "ataque terrorista"

 

¿Quién es el atacante? ¿Un racista? ¿Un fundamentalista cristiano? ¿Un ciudadano furioso? La policía no ha entregado su identidad. Pero está claro que ha llevado a cabo uno de los delitos más estúpidos y dañinos que uno pueda imaginar: el ataque contra los miembros de un colectivo, personas cuya única diferencia es pertenecer a un grupo determinado. En este caso, musulmanes. Un crimen de odio torpe, sin trasfondo, apolítico y muy alejado de todos los estándares de la civilización.

Ataque al nivel del Estado Islámico

Esto es, un acto igual a los que la banda terrorista Estado Islámico ha estado realizando en los últimos años, meses y semanas, una y otra vez. Crímenes cuya cobardía, infamia y cinismo son incomparables. El EI socava las normas éticas y políticas a niveles difícilmente imaginables.

Precisamente por eso ataques como el de Londres no son solo éticamente, sino humanamente una catástrofe, porque quien actúa como el sujeto de la furgoneta se pone al mismo nivel del Estado Islámico: el nivel de los pequeños criminales de existencia miserable. Hombres jóvenes, impulsados por la adrenalina e incapaces de controlarse y de ser productivos para la sociedad. La reserva humana del Estado Islámico se compone de perdedores provenientes de todo el mundo, cuya sed de sangre y destrucción es tal que basta un par de frases sencillas por parte de los propagandistas del EI para legitimar sus acciones. La Europa civilizada no debe ponerse al nivel de ellos.

Kersten Knipp.

Kersten Knipp.

¿Qué es Europa?

¿Qué es Europa? Sí, es cierto, un continente con un pasado sangriento. Pero también, en el sentido de una norma autoimpuesta, un continente de civilidad. Una región del mundo que, con todos los terribles errores que también ha cometido en Medio Oriente -Irak 2003, por ejemplo-, siempre acepta las críticas y busca aprender de ellas, en un sentido ético. Las normas europeas son altas y así deben mantenerse: conversar con los demás, no atacar a los demás. Y, por cierto, no aterrorizar al resto por medio del odio.

¿Una idea hermosa, demasiado hermosa? Quizás. Pero es indiscutible que dicha norma se ha seguido. No en vano Europa, como ha mostrado este año, es la región políticamente más codiciada: personas de todo el mundo se sienten atraídas por este continente. Por eso mismo el ataque de Londres es tan despreciable, porque socava las normas europeas.

Solo una respuesta

Y no solo eso: quien dirige un vehículo contra un grupo de musulmanes, se hace cómplice de Estado Islámico. Cualquiera que ponga a musulmanes y no musulmanes en sectores opuestos les hace un favor. Musulmanes que se sienten rechazados, ese es el cálculo, son más fáciles de atraer hacia el fundamentalismo, quizás incluso al yihadismo. Y luego la espiral de la violencia no se detiene. Como respuesta a estos crímenes de odio solo hay una respuesta posible: la inteligencia y prudencia europeas.

Autor: Kersten Knipp (DZC/VT)

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