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Opinión: Esperando un milagro

Bernd Riegert2 de abril de 2016

La puesta en marcha del paquete de medidas de la UE y Turquía para enfrentar el problema de los refugiados no puede salir bien. Así no pueden tener lugar las deportaciones, opina Bernd Riegert.

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Griechenland Moria Flüchtlingslager auf Lesbos
Imagen: Reuters/A. Konstantinidis

Me hubiera gustado escribir que por fin hay algo que ha funcionado en la puesta en práctica de decisiones europeas. Pero tampoco ha podido ser en este tema. Poco antes de que los primeros refugiados sean deportados desde Grecia hacia Turquía, aún no está claro que este procedimiento sea legal ni cómo se va a implementar en la práctica. Los jefes de Estado y Gobierno de la Unión Europea cerraron el pasado 18 de marzo un pacto con el primer ministro turco para cerrar el puente levadizo de la fortaleza Europa.

El cierre de la frontera marítima entre Grecia y Turquía prevé que en pocos días Grecia lleve a cabo lo que estuvo descuidado durante años: la puesta en práctica de un proceso de asilo justo y humano. Además, Turquía debe asegurar que los refugiados y migrantes rechazados gocen de la protección que les corresponde en virtud de la Convención de Ginebra y el derecho internacional. Por si fuera poco, los Estados miembro deberán movilizar a miles (sí, miles) de funcionarios para que garanticen procesos regulados en las islas griegas y en Turquía. Hasta ahora, poco de eso ha ocurrido.

En el último minuto tiene que ocurrir un milagro administrativo para armar todas las piezas del rompecabezas. Los diplomáticos de la Unión Europea negocian a toda prisa en Turquía. La Comisión Europea, sometida a una enorme presión, se aferra al objetivo de comenzar el transporte de refugiados desde Lesbos hasta Turquía el próximo lunes 4 de abril.

La Unión Europea está advertida

El Alto Comisionado de Derechos Humanos (ACNUR) ha renovado sus críticas sobre que los procedimientos acelerados de deportación son legalmente cuestionables. Pero esto no preocupa a la UE: si las medidas no cuadran, se hacen cuadrar.

En Bruselas no quiere conocerse con exactitud la forma en que Turquía manejará a los refugiados sirios y los peticionarios de asilo iraquíes o afganos. Europa ha decidido externalizar el problema y se mantiene en esa decisión. El hecho de que los Estados miembros no se atengan a lo decidido hace dos semanas, erosiona aún más la confianza en el club europeo. El personal prometido no se ha enviado. Actualmente hay 70 funcionarios adicionales en Grecia. Aún no se sabe cómo se va a enviar de vuelta a los migrantes de forma que se cumplan los estándares legales de la UE.

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Bernd Riegert, corresponsal de DW en Bruselas.

¿Cerrar los ojos y seguir adelante?

De momento, deben permanecer en las islas griegas unas 8.000 personas que debieran ser enviadas de vuelta a Turquía. Siguen llegando cada día nuevas embarcaciones, pero eI efecto disuasorio de las nuevas medidas ya se ha dejado sentir, puesto que el número de recién llegados ha descendido desde la celebración de la cumbre europea. Al mismo tiempo, crece el número de personas que intentan llegar a Europa utilizando la vía que va desde Libia hasta Italia. El alivio de los mandatarios europeo por haber trasladado el problema a Turquía podría desvanecerse rápidamente si los refugiados escogen rutas alternativas. ACNUR advierte a la UE de que no puede aislarse para siempre.

Para la administración de la UE, la devolución de refugiados y la reubicación directa de algunos afortunados migrantes procedentes de Turquía era su mayor operación logística. Pero amenaza con convertirse en un fiasco. La Comisión Europea y Turquía debieran por lo menos tirar del freno de emergencia y, como mínimo, cambiar los plazos. No se puede comenzar con esta operación el 4 de abril. La devolución de migrantes en una, dos o tres semanas también sería una vergüenza, pero, al menos, cuadra mejor con un proceso legalmente insostenible.

Para las casi 50.000 personas atrapadas tras el cierre de la ruta de los Balcanes y que no entran en las medidas de devolución a Turquía no hay solución. Un escándalo, mientras el resto de la Unión Europea vuelve la vista hacia otro lado. Los refugiados que no llaman a las puertas del propio país, como Austria, Francia y Alemania, no interesan. Ahora deberá ocuparse Grecia. Bonita solidaridad europea.