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El Mundo

ONGs: bombas de racimo son usadas en Siria

Según organizaciones humanitarias, el Ejército ruso utiliza en Siria gran cantidad de bombas de racimo. Éstas están proscritas internacionalmente, pues sobre todo afectan a la población civil.

La intervención rusa en Siria se cobra muchas vidas. Desde que comenzaron sus ataques en septiembre han muerto por lo menos 2132 personas. Así lo informa el Observatorio de Derechos Humanos Sirio. Aunque sus datos no son verificables, la organización –con sede en Londres- cuenta con credibilidad.

Llama la atención la clasificación de las víctimas. Según el Observatorio, en los ataques rusos han muerto 598 soldados del “Estado Islámico” y 824 miembros del Frente Al-Nusra. También 710 civiles, entre ellos 161 niños y 104 mujeres.

Potenciales crímenes de guerra

Estas cifras apoyan indirectamente las acusaciones de Amnesty International (AI). Ésta afirma que el Ejército ruso echa bombas y bombas de racimo sobre regiones densamente pobladas.

AI habla de cientos de víctimas civiles. “Regiones de población civil donde no hay objetivos militares e incluso instalaciones médicas han sido bombardeadas. Las consecuencias han sido muertos y heridos civiles. Este tipo de ataques son potenciales crímenes de guerra”, afirma Philip Luther, encargado de AI para Cercano Oriente.

El arma proscrita

Las bombas de racimo están proscritas en unos 100 países. En 2005 Bélgica fue el primero en prohibirlas, dos años después le siguió Austria. En mayo de 2008 se negoció en Dublín la convención contra las bombas de racimo. Entretanto 97 Estados la han ratificado, otros 20 la han suscrito. Estados Unidos, Rusia, India y China no la han firmado.

Este tipo de bombas se lanza sin control; con ella no se ataca a un enemigo identificado sino a todo ser viviente que se encuentre en la zona. Las bombas de racimo se lanzan desde aviones, con artillería; también se encuentran en las ojivas explosivas de los misiles de crucero.

Konvention gegen Streumunition

A determinada altura un dispositivo libera hasta 200 pequeñas bombas que pueden alcanzar con su carga explosiva varios cientos de hectáreas. Que esto afecte especialmente a la población civil se acepta, concientemente, como un daño colateral.

Un 40% de este tipo de bombas no explotan al caer al suelo y son la causa de innumerables víctimas durante e, incluso, después de la guerra. Su efecto es semejante al de la minas antipersonales. Las bombas más modernas disponen de un mecanismo de autodestrucción que reduce potencialmente el número de víctimas.

Amplio uso

En la Segunda Guerra Mundial, tanto Alemania como los Aliados, las utilizaron por primera vez. Después de ello han sido utilizadas en casi todos los conflictos. En los años 60 y 70 en Camboya y Vietnam, en el Sáhara Occidental y en el Líbano. Irak las utilizó en la década de los 1980 contra Irán.

En la Guerra del Golfo, después de la invasión del Kuwait, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña tiraron unas 61.000 bombas de este tipo. Después del 2000, se han utilizado sobre todo en Afganistán, Iraq, Líbano y Sudán. Las últimas han caído en Ucrania, en Siria y en Yemen.

“No a la bombas de racimo”

Las heridas por bombas de racimo suelen ser severas. La iniciativa “No a las bombas de racimo” documentó el caso del iraquí Wahid. Tenía nueve años cuando, poco después de la Segunda Guerra del Golfo, caminaba con su hermano y vio brillar una de las cabezas explosivas de una bomba de racimo. Al levantarla explotó. Le voló la mano derecha, le amputó tres dedos de la izquierda, le perforó el cuerpo con esquirlas metálicas. Sobre todo su rodilla, el pie izquierdo, el torso y la cabeza.

A pesar de la Convención de Dublín se siguen empleando. Desde julio de 2014, según organizaciones de la sociedad civil que monitorean su utilización, se han usado en Libia, Siria, Sudán y Yemen. Ninguno de estos países ha firmado el convenio. La mayoría de las víctimas son sirias. Allí, entre 2012 y 2014, hubo 1968 víctimas de este tipo de bombas. Las cifras para el 2015 no se conocen aún.

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