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Europa

"Los serbios se juegan su destino"

Con Tomislav Nikolic y Boris Tadic, los serbios tendrán que escoger en la segunda vuelta electoral entre el nacionalismo y el aislamiento o la apertura democrática.

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Tomislav Nikolic, nacionalista, ganador de la primera vuelta en Serbia

Aunque el cargo de presidente en Serbia es más bien representativo, la primera vuelta de las elecciones que tuvo lugar el domingo 20 de enero está cargada de simbolismo. Decidir entre el ultra nacionalista Tomislav Nikolic –que obtuvo el 39,5 por ciento de los votos – y el actual presidente, Boris Tadic (35,3 por ciento) puede significar para los serbios decidir entre una aproximación a la Unión Europea o una reorientación hacia su viejo aliado, Rusia.

Según información de agencias, nunca antes habían acudido tantos serbios a las urnas como en esta ocasión; más del 63 por ciento de los 6,7 millones de electores tomaron parte en los comicios. La futura “dirección política” de Serbia está en juego, y la importancia que se le concede es muy grande.

El actual presidente Tadic agilizó el acercamiento del país balcánico a la UE, y tanto ésta como Estados Unidos lo favorecen. Nikolic aspira a alianza más fuerte con Rusia, que mira la relación con buenos ojos. El 3 de febrero –en la segunda vuelta- los serbios tomarán “una decisión que marcará su destino”, opina Eckart von Klaeden, portavoz de la fracción cristianodemócrata en el Parlamento alemán.

Serbien Präsidentschaftswahlen Boris Tadic

El presidente en funciones, Boris Tadic, quedó en segundo lugar

Lo que está en juego

La cuestión de la independencia del Kosovo está también sobre la mesa de estas elecciones serbias. Ese tema une a ambos candidatos: ninguno de los dos quiere la independencia de esta provincia, que, en el papel, es serbia. Semiautónoma en la ex Yugoslavia de Tito, perdió su estatus especial en 1989 bajo el régimen de Slobodan Milosevic; en 1999 tras la guerra en los Balcanes recobró su autonomía bajo administración de Naciones Unidas.

Relación UE-Serbia

Según Berhard Lichte, análista político del canal alemán ZDF, la cuestión de Kosovo es la primera prueba de fuego de la nueva política exterior común de la UE. Grecia y Chipre se oponen a reconocer a Kosovo como Estado independiente; países como España –que cuentan con su propias regiones con vocación independententista- temen el efecto dominó de un paso de ese calibre. También la firmeza de los principios de la UE se pondrá en evidencia: empieza a relativizarse aquello de que no habría acercamiento a Serbia mientras no se entregara a los líderes serbobosnios Ratko Mladic y Radovan Karadzic.

El 28 de enero firmarán Serbia y la UE el acuerdo de asociación, lo que se toma como que “Bruselas intenta comprar con ello la aprobación serbia a la independencia de Kosovo”, asevera Lichte. Por otro lado, “el interés mutuo de Europa y Serbia no debe ser reducido a la cuestión del Kosovo”, opina von Klaeden.

Dos tercios de la población serbia ve con buenos ojos la entrada de su país a la UE, sobre todo las nuevas generaciones que tienen que sufrir los efectos del aislamiento, cuando de pedir visa se trata se trata, por ejemplo. Por ello, en los medios alemanes se asevera que a comienzos de febrero los serbios deberán escoger entre el aislamiento que significa el nacionalismo o la democratización y la apertura. Y vaticinan una reñida carrera.

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