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Ciencia y Ecología

Investigadores desarrollan una lengua catadora de vinos

Una lengua electrónica desarrollada por investigadores de la Universidad de Aquisgrán ayudará al catador a detectar las falsificaciones en botellas de vino de colección.

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Subasta de vinos en Christies.

Los precios de los buenos vinos se dispararon a los cielos el año pasado, como si fueran obras maestras. Los vinos de excelencia son apreciados no sólo por gourmets y conocedores, sino que muchas botellas son compradas como inversión. Algo que hay que hacer con sumo cuidado pues la falsificación de las buenas marcas es fácil y común, como lo demuestran los cientos de hallazgos de botellas falsas en cavas de coleccionistas. Sin embargo, una lengua electrónica desarrollada por investigadores de la Universidad de Aquisgrán facilitará la detección de botellas falsificadas.

Una prueba de vino es considerada como uno de los momentos más voluptuosos de un verdadero conocedor. Su educado paladar reconoce la calidad, la edad y la proveniencia del líquido. Todo esto ya lo puede hacer la lengua electrónica equipada con seis pequeños sensores, instalados sobre una placa de platino de seis centímetros, que la hacen, además, similar a la humana.

Chateau Latour, Jahrgang 1956

Chateau Latour, de 1956.

Distinguir el original de la copia

El aparato fue desarrollado por un equipo de investigadores de la Universidad de Aquisgrán bajo la conducción del profesor Michael Schöning, en cooperación con otros investigadores alemanes y extranjeros. “La máquina ha sido desarrollada para facilitar el control de calidad, pues la compra de buenos vinos siempre supone un peligro de que la botella sea una imitación. A veces, ni los mismos conocedores pueden distinguir el original de la copia", asegura el experto.

Con la ayuda de un programa especial capaz de analizar el contenido del vino, la labor de reconocimiento será más fácil. “Con una fórmula matemática analizamos, por ejemplo, el tipo de uva”, dice la investigadora Monika Turek. Parece complicado pero es sumamente sencillo. Basta colocar unas gotas sobre el sensor del aparato y se obtiene información sobre el tipo de vino, el grado de acidez, el contenido de azúcar y alcohol.

La lengua electrónica es superior a la del experto. Mientras que los nervios degustativos humanos pueden traicionarlo, el sensor trabaja siempre con una precisión matemática. Condición previa es tener una abundante bodega de vinos pues la lengua electrónica reacciona a los contenidos que ya tiene regristados. Si los investigadores han archivado suficientes tipos de vinos en el sistema, entonces la lengua electrónica es capaz de constatar la originalidad de numerosos vinos sin importar su origen.

Weinglas und Karaffe

La cata de vinos, un momento de placer.

El gusto, lo más difícil

Esta tecnología no es nueva, hay muchos desarrollos similares en el área de los biosensores. Se investiga desde hace mucho en ésta área, lo único novedoso de la lengua electrónica es que tiene un nuevo chip sensorial que cuenta con una capa miniaturizada de manera que pueda llevarse a todas partes. Con ella se pueden hacer pruebas en subastas de vinos y distinguir entre las botellas falsificadas y las originales. Pero el sensor nunca podrá medir la calidad y el sabor del vino.

“El siguiente paso en el desarrollo de este aparato será que sea capaz de definir la calidad de un vino, pero esto es muy difícil, pues el gusto es algo muy subjetivo”, concluye Schöning.

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