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Economía

Nueva y buena cepa

Los productores de vino alemán están de plácemes. De Nueva York a Oslo, de Moscú a Tokio, el vino germano atraviesa por un auge sin precedente, sobre todo en los segmentos más exclusivos.

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Vinos alemanes, favoritos en Inglaterra.

Productores y distribuidores de vino provenientes de todo el mundo coinciden a partir de este domingo (16.03.2008) en la feria Prowein, que como cada año se lleva a cabo en la ciudad alemana de Düsseldorf.

Weinexport USA

Exportación vinícola, un horizonte abierto para Alemania.

Se trata de una plataforma especial en la cual los productores alemanes harán gala de su logro más reciente: las ventas por 635 millones de euros logradas el año pasado a clientes británicos, estadounidenses, japoneses y muchos otros.

En total, en 2007 se vendieron cerca de tres millones de hectolitros de vinos tipo Riesling, Müller-Thurgau y Silvaner, entre otros. Como ha sido tradicional, el mayor comprador es Inglaterra.

Pero hay una novedad: el célebre Liebfrauenmilch, prototipo del vino dulce y barato, conocido por su etiqueta rimbombante, dejó de ser el más vendido. Ahora los clientes se inclinan claramente por vinos completos y con carácter. Vinos cuyo sabor revele clara e inequívocamente su región de procedencia.

Vinos inimitables

Esto se debe sobre todo a que los consumidores se han vuelto más exigentes, y resultan fascinados con el gusto un tanto mineral del Riesling, cuya cepa crece en terreno marmóreo, o el Silvaner, de un brillo ligero proporcionado por la caliza conquífera.

La palabra mágica parra este éxito es Terroir, y hasta hace poco era "territorio" exclusivo de los franceses. Terroir se refiere a las condiciones en las cuales crece la cepa, y que están conformadas por el suelo mismo, la orientación del sol y el microclima de la zona productora.

El interés sobre el conocimiento de tales elementos ha crecido notablemente entre los productores alemanes y ha conducido a una individualidad en ascenso.

O dicho de otro modo: vinos como los que se producen hoy en día en Alemania sólo los hay en este país y resultan inimitables, a diferencia de los ríos de Chardonnay o Cabernet Sauvignon que surgen en todo el mundo y que a menudo son intercambiables.

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Nueva York es uno de los principales escaparates para el vino alemán.

Nuevo amor

Estados Unidos es un buen ejemplo de este nuevo amor por el vino alemán. En 2002, ese país importó vinos germanos por un valor de 47 millones de euros. En 2007, dicha suma se triplicó pese a la debilidad del dólar que encareció los productos europeos.

Hay razones para pensar que esta situación no se revertirá en el futuro. Quizá la principal es que el propio consumidor local demuestra singular entusiasmo por los nuevos vinos alemanes.

Según cálculos de la industria, los clientes alemanes utilizaron en 2007 el 52 por ciento de sus gastos vinícolas para compra de productos del país. Esto significó un aumento de uno por ciento en comparación con 2006.

Además, para quien no haya seguido el desarrollo de los últimos años, desde 2001 los alemanes gastan más en vino que en cerveza, pese a las tradiciones, los locales y la famosa Oktoberfest.

Prowein, a la alza

Otro factor para este auge es sin duda el hecho de que la feria Prowein de Düsseldorf ha logrado establecerse como el mercado más importante de Europa en la materia. Hay ciertamente otras, como la Vinexpo de Bordeaux o la Vinitaly en Verona.

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Vino alemán en los muelles de Nueva York.

Éstas quizá tienen más sofisticación y espectáculo, pero para comercianes, sommeliers, productores y todos aquellos que se interesan más que nada en observar nuevas tendencias, la Prowein de Düsseldorf es ya un evento indispensable. Para este año se espera la presencia de 3.000 expositores de 46 países.

Los vinos de 2007 aún no están lo suficientemente maduros para el consumo general, pero sí para que los expertos hagan sus primeras degustaciones. Esta evaluación temprana es justo lo que necesitan los productores alemanes pues las cavas están vacías y la demanda es grande.

El vino y el cambio climático

Pese a los veranos cortos que se registran en muchos países, se prevé un año extraordinario. Un periodo largo de vegetación es más importante para un buen vino que los calurosos días de verano.

Si en abril se dan altas temperaturas, habrá brotes tempranos que aprovecharán mejor las lluvias veraniegas. Cada día lluvioso mejorará el sabor, y mientras más lenta y fresca sea la maduración de la uva, más fino resultará el vino.

Precisamente fue así como en 2007 los productores alemanes lograron experimentar dos factores que normalmente se excluyen: gran cantidad y calidad de su producto.

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