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Europa

Grecia: no hay motivo para festejar

Atenas vuelve a recibir dinero y tiempo para hacer reformas. Pero es dudoso que el gobierno de Alexis Tsipras pueda cumplir realmente las condiciones pactadas, en opinión de Bernd Riegert.

Positiva suena a primera vista la noticia de que los acreedores y el gobierno de Atenas llegaron a un acuerdo en torno a un tercer paquete de ayuda. Pero no hay motivo para dar gritos de alegría. El nuevo acuerdo crediticio, el “Memorandum of understanding”, es en el fondo un documento del fracaso.

El hecho de que se requiera este tercer paquete de ayuda, de por lo menos 86 mil millones de dólares para los próximos tres años, demuestra que en los últimos cinco años los dos salvavidas anteriores más la quita de deuda, que sumaron un monto total de 330.000 millones de euros, no sirvieron. Las recetas del eurogrupo y del Fondo Monetario Internacional para Grecia no han tenido hasta ahora nunca el efecto anunciado. Ahora se prescribe la misma receta por tercera vez. ¿Funcionará en esta ocasión?

Las medidas y condiciones plasmadas en el texto son de profundo alcance. Son la suma de las muchas reformas que durante el último lustro se emprendieron solo a medias o se omitieron. ¿De dónde ha de nutrirse la confianza en que se puedan realizar realmente reformas y se encuentre un nuevo modelo de negocio para Grecia en los próximos tres años, en una situación fiscal aún más agobiante?

La meta es que, en tres años, Grecia pueda volver a financiar sus deudas estatales por su propia cuenta en el mercado internacional de capitales. El objetivo no es la reducción nominal de deudas, sino solo un modesto crecimiento económico que permita bajar la proporción de deuda en relación con el PIB.

Acreedores no se atienen a sus principios

El tercer paquete de ayuda también evidencia el fracaso porque le falta una parte clave. Según la letra del acuerdo, la capacidad de responder por las deudas debe ser comprobada a través del MEDE antes de que se entreguen fondos, pero eso se dejó momentáneamente de lado. Recién en el otoño, el eurogrupo se ocupará de ver si Grecia podrá lograr nuevamente una relación tolerable entre sus deudas y su rendimiento económico. Por eso, el FMI no participa por ahora en el tercer paquete de ayuda. La cohesión de los acreedores es frágil.

Es previsible que los créditos para Grecia tengan que prorrogarse infinitamente. Eso equivale en principio a una condonación de deudas. Solo que el procedimiento lleva otro nombre. El plan original, según el cual Grecia debía reducir sus deudas algún día por sus propios medios, también ha fracasado.

El fracaso de Tsipras

Bernd Riegert.

Bernd Riegert.

Estrepitoso ha sido el fracaso de la coalición del primer ministro griego. Alexis Tsipras había llegado con la promesa de no aceptar otro paquete de ayuda, no dejar entrar nuevamente a la troika al país y evitarle más medidas de ahorro a la ciudadanía. Ha conseguido exactamente lo contrario. Hace apenas cinco semanas, los griegos rechazaron en un referéndum la vía que ahora se sella. El partido de gobierno, Syriza, se escinde. Se perfilan elecciones anticipadas. Es un misterio cómo podrán llevarse a cabo efectivamente las reformas necesarias bajo esta constelación.

Tsipras ha urgido a apurar las negociaciones, ante el peligro de bancarrota estatal. Demasiado tarde comprendió que, sin el euro, Grecia se desplomaría a un precipicio sin fondo. En extremos aprietos, aprobó el traspaso de patrimonio estatal a los acreedores. Ha aceptado prácticamente todo, con tal de conseguir dinero rápidamente. Pero cabe la sospecha de que solo hace promesas para obtener créditos. Que las cumpla luego, es dudoso.

El primer ministro quiere, sobre todo, mantenerse en el poder. No se puede confiar en él. Por eso, en el acuerdo para el tercer paquete de ayuda se incluyeron más garantías y controles. Ya se verá si resultan eficaces. Por ahora se ha comprado tiempo. ¿Se utilizará? Si el tercer paquete de ayuda no tiene éxito, la salida de Grecia de la eurozona será inevitable.

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