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Europa

Grecia: egoísmo irresponsable

Alexis Tsipras ya no tiene en mente el bienestar griego, sino la supervivencia de su partido. Pero tras bambalinas impera desde hace tiempo el miedo, opina Spiros Moskovou.

Algo anda mal en Grecia. A comienzos de febrero, el gobierno populista recién electo prometía evitar la bancarrota del país y, al mismo tiempo, negociar con los acreedores internacionales paquetes de rescate mitigados en el aspecto social. A fines de junio, los bancos están cerrados y se ha establecido el control de los movimientos de capitales; jubilados desesperados hacen cola para tratar de sacar dinero de los cajeros automáticos, muchas veces vacíos.

Curioso concepto de democracia

En estas horas dramáticas, poco antes del fin, el primer ministro Alexis Tsipras manifiesta una comprensión de la democracia que sólo puede causar estupor en otras democracias europeas. En una extensa entrevista con la televisión griega, proclamó el lunes por la noche algo absurdo: dijo que si el referéndum sobre las exigencias de los socios de Grecia arroja un “sí”, respetará el resultado pero no pondrá en práctica los planes. Por el contrario, si la mayoría vota “no” –la respuesta que promueve el gobierno movilizando todas sus reservas retóricas- Atenas tendría desde su punto de vista un poderoso as en las siguientes negociaciones.

El inexperto primer ministro, que siempre se remite al mandato popular, anuncia pues de antemano que no pondrá en la práctica la voluntad que el pueblo exprese el domingo si no coincide con la suya. Si lo griegos votan en cambio como Tsipras espera, se propone utilizar ese voto como arma en unas negociaciones que él mismo abandonó la semana pasada.

Tras la fachada

Spiros Moskovou.

Spiros Moskovou.

En un país que permanentemente coquetea con la autoimagen de “cuna de la democracia”, unas figuras diletantes e infantiles tienen hoy en día el timón. El primer ministro griego, para otras cosas tan encantador, no trabaja en pro del bienestar de su pueblo, sino solo en pro de la supervivencia de su partido; igual que los partidos tradicionales -duramente denostados por él y castigados brutalmente por el electorado en enero-, que fueron los que durante décadas marcaron el curso hacia la actual bancarrota.

Alexis Tsipras, que se ha convertido en figura clave para el destino de Grecia y quizás de toda la UE, dice cosas incomprensibles para nuestro entendimiento. Pero las apariencias engañan. Los griegos tienden a exhibir sus músculos cuando tienen miedo. Tras las fachadas de la residencia del primer ministro se extiende un aire de agonía. Cuatro ministros lo han conminado, a puertas cerradas, a cambiar de actitud, mientras una serie de diputados de Syriza en el Parlamento Europeo se distancian desde el lunes de la línea oficial del partido. Y, en Atenas, los ciudadanos se manifiestan con la consigna: “Queremos Europa”. Una última oportunidad para una Grecia diferente y mejor.

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