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Europa

¿El (primer) jueves negro de Monsieur Sarkozy?

El disgusto de los franceses con la política económica de su presidente no ha paralizado el país, pero se ha hecho sentir en 200 ciudades. ¿Será este “jueves negro” el inicio de una serie de días oscuros para el Elíseo?

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Martine Aubry, secretaria general del Partido Socialista, durante una marcha de protesta

Cientos de miles de trabajadores franceses se hicieron eco de la convocatoria de los ocho grandes sindicatos y entraron en huelga. Se trata de protestar en contra de los despidos, la reducción del poder de compra y, en general, en contra de la política que ha seguido el presidente Nicolás Sarkozy, también durante la crisis. Masivamente, los franceses han acudido a las manifestaciones.

Oficinas públicas, aeropuertos, hospitales, escuelas, el tráfico de cercanías de 77 ciudades, el metro de París… en pie de protesta contra la política económica del gobierno conservador. Y contra el intento del gobierno de minimizar la importancia de esta huelga. Los medios hablan de un “jueves negro” para el presidente Sarkozy. Lo que más se teme es que no sea el único.

"No nos preocupa la jornada de protesta, sino lo que ocurra después", declaró un asesor presidencial al conservador diario Le Figaro. En el cóctel que desencadenó la ira de los franceses hay dos ingredientes básicos: la inyección de miles de millones de euros para salvar bancos que ganaron fortunas en los últimos años y el recorte de plazas de trabajo en el sector de la educación y los despidos masivos en otros sectores.

Hace medio año, el presidente francés anunciaba con orgullo al hacer balance de su primer semestre en el poder: “cuando en el futuro haya huelga en Francia, nadie lo notará”. Con la ley del “servicio mínimo”, su gobierno pretendía quebrantar las ganas de los franceses de plegarse a las huelgas: éstas deben ser anunciadas - así lo estipula la ley- y los transportes públicos, los jardines de infancia y las escuelas están obligados a ofrecer servicio de emergencia. A pesar de ello, si bien el país no se paralizó, la protesta se ha hecho sentir. Tanto así que la emisora estatal Radio France International emitió música en vez de un noticiero.

No ser víctima de la crisis

“Esta vez hay muchos motivos para una gran movilización; y el gobierno tiene que tomarlo como un barómetro de la insatisfacción. No se trata sólo de un mal momento”, explicaba a los medios el jefe del sindicato Conféderation Générale du Travail, Bernard Thibault. En su opinión, la gente común no es responsable de la crisis económica y „no puede aceptar sin más ser víctima de la crisis”. Las medidas para impedirlo se hacen esperar. Este último es el argumento que esgrime la extrema izquierda y los socialistas, quienes también convocaron la huelga.

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