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Cultura

El amor en tiempos de guerra

El amor no acepta órdenes. No se lo puede prohibir. Así lo demuestra una exposición sobre relaciones sentimentales germano-holandesas durante la ocupación nazi de Holanda, en la II Guerra Mundial.

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Fotos y afiches forman parte de la muestra exhibida en Holanda.

El Museo de la Liberación, ubicado en la localidad holandesa de Groessbeck, presenta una exposición con un mensaje alentador: el amor lo vence todo. “El amor en tiempos de guerra” revela, a través de fotos, documentos, cartas y filmaciones, cómo la II Guerra Mundial afectó la vida amorosa de toda una generación. Un ejemplo cargado de simbolismo es el que ofrece un vestido de novia confeccionado con retazos de paracaídas, que forma parte de la muestra.

Una historia de amor en medio del horror

Lilly van Angeren, una mujer de origen alemán que vive desde el término de la guerra en Holanda, es una de las numerosas protagonistas de esta exposición. En 1943 fue a dar al campo de concentración de Auschwitz- Birkenau por ser gitana. Allí se enamoró de un joven estudiante de medicina procedente de Varsovia, rubio y de ojos azules. Se llamaba Zbyszek y hablaba alemán. Y así nació el romance, en medio de uno de los lugares más horrendos del mundo.

Cada vez que podían, los enamorados se juntaban en su lugar secreto, una banca detrás de las barracas. “Desde allí se podía ver directamente el crematorio, pero cerrábamos los ojos, o sólo teníamos ojos para nosotros, y no mirábamos otra cosa; mientras nos besábamos apasionadamente, las llamas se alzaban enormes hacia el cielo”, relata Lilly.

Con sus 84 años de edad, sigue convencida de que sólo pudo sobrevivir al campo de concentración gracias a su amado. Porque el amor da fuerzas. A lo largo de un año, la pareja se brindó apoyo y consuelo mutuamente. Después los separaron.

Relaciones reprobadas

Exponat der Ausstellung - Liebe in Kriegszeiten -

Los soldados aliados y también los alemanes dejaron descendencia en Holanda.

La historia de Lilly es sólo una de muchas que se relatan en la exposición. También los amores entre jóvenes holandesas y soldados aliados están presentes en la muestra. Se estima que unos 8.000 niños nacieron de esas relaciones. Muchos más nacimientos fueron fruto de las relaciones entre holandesas y miembros de las tropas alemanas de ocupación, que permanecieron cinco años en Holanda. Su número se calcula en unos 30.000.

Las chicas que se relacionaban con soldados alemanes eran repudiadas, según cuenta la curadora de la exposición, Marleen van Dam. Se hablaba de “colaboración horizontal”. Al término de la guerra, esas mujeres sufrieron la humillación de ser rapadas públicamente.

Bodas en prisión

Pero el amor no admite prohibiciones. Así lo demuestran historias de amor en escondites, o los numerosos matrimonios que se sellaron en cautiverio. Unos 239 se celebraron en el campo de concentración de Westerbock, en Holanda, donde los prisioneros estaban recluidos de paso.

La historia de Lilly van Angeren y Sbyszek no tuvo el final feliz de los cuentos. Nunca llegaron a casarse. Al término de la guerra, lo buscó en vano durante dos años. Luego se dio por vencida. Contrajo matrimonio con un holandés, con quien tuvo cuatro hijos.

Sólo 60 años más tarde, los enamorados de entonces volvieron a verse, gracias a sus nietos y a un programa de la televisión holandesa que dio con el paradero de Sbyszek en Australia, donde también él fundó una familia.

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