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América Latina

Dilma, ¿ni impugnación ni renuncia?

Aunque la mayoría de los brasileños dice querer que su presidenta sea impugnada, hasta ahora no hay elementos que justifiquen un juicio político. Por su parte, Dilma Rousseff insiste en que no va a soltar el timón.

Este miércoles (5.8.2015), faltando exactamente un año para la apertura de los Juegos Olímpicos de Río, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ofreció un brevísimo discurso para asegurar que, gracias a la experiencia acumulada como sede del campeonato mundial de fútbol 2014, su país podría “encantar al mundo” de nuevo en 2016. Lo que muchos se preguntan es si será ella quien inaugure las Olimpíadas oficialmente.

Una encuesta publicada este jueves (6.8.2015) por el diario Folha de São Paulo revela que cada vez menos personas imaginan a Rousseff llegando al final de su mandato. El 71 por ciento de los consultados desaprueba su gestión, sólo un 8 por ciento la apoya explícitamente y el 66 por ciento quiere que el Congreso Nacional inicie los trámites para impugnarla, aunque, de momento, no hay elementos que justifiquen un juicio político.

En la imagen, el expresidente brasileño Fernando Collor de Mello.

En la imagen, el expresidente brasileño Fernando Collor de Mello.

Piden impugnación

Esas cifras son peores que las de Fernando Collor de Mello poco antes de que renunciara a la jefatura del Gobierno en 1992, acosado por imputaciones de corrupción. Por otro lado, la “mujer fuerte” de Brasilia lleva sobre sus hombros un lastre más pesado: Dilma acaba de empezar su segundo período presidencial y ya está perdiendo la pelea contra el estancamiento económico y la corrupción.

Aunque Rousseff no está directamente implicada en el escándalo más grande –el de los sobornos en la petrolera estatal Petrobras–, varios miembros de su partido sí lo están y ella misma formó parte de la directiva de esa empresa entre 2003 y 2010, los años en que la corrupción floreció en ese ámbito, según los expertos. A nadie sorprendió que una masiva manifestación antigubernamental fuera pautada para este 16 de agosto.

Circunstancias adversas

Rousseff ha negado recurrentemente que esté pensando en dimitir, pero las circunstancias parecen serle más adversas con cada día que pasa. Este 6 de agosto ha sido particularmente duro. A la encuesta de Datafohla, que la presenta como la más impopular de todos los presidentes brasileños democráticamente electos desde el fin de la dictadura militar en 1985, se sumaron los efectos de ese sondeo y otros sucesos.

El valor del real, la moneda nacional, cayó en un 2,18 por ciento debido a la incertidumbre política y llegó a su nivel más bajo desde marzo de 2003, amenazando con dificultar aún más la labor de su Gobierno. La alianza con la que cuenta en la Cámara de Diputados perdió cohesión cuando dos grupos laboristas confirmaron que dejarían de respaldar al Partido de los Trabajadores (PT) por diferencias en torno al ajuste fiscal de Rousseff.

Dilma, bajo presión

Fue en ese recinto donde se aprobó una medida –un proyecto de ley para elevar los salarios de algunos funcionarios públicos– que atenta contra el plan de Dilma de reducir el gasto estatal. El oficialismo está tan aislado en esa cámara que hasta su propuesta de posponer la discusión al respecto fue desestimada. Y esa votación es sólo el primer punto de la “agenda bomba” que el Congreso le depara al Ejecutivo.

Antes de que culmine este año, los diputados buscarán aprobar varias iniciativas para boicotear la política de austeridad propuesta por Joaquim Levy, el ministro de Hacienda de Rousseff. Está por verse si la presidenta soporta tanta presión. Lula, su predecesor y mentor, se ha distanciado de ella, y el principal grupo de oposición, el Partido Social Demócrata Brasileño, dice estar listo para quitarle el timón de las manos.