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Economía

De nuevo, lo que se ha ganado es tiempo

Un nuevo paquete de ayudas y una quita de deuda: éstos son los instrumentos con los que, supuestamente, Grecia podría ser salvada de la quiebra. Pero el efecto es incierto, opina Henrik Böhme.

A este ritual uno casi se ha acostumbrado ya. Había un plazo, en este caso el 20 de marzo. Al respecto la ya conocida noticia: si hasta ese momento no se liberan otros miles de millones, Grecia entra en quiebra. Luego siguen días tormentosos y semanas de negociaciones, antes de llegar a un encuentro de emergencia. Éste acaba, como el último, a primeras horas del día siguiente con el anuncio: Atenas puede respirar tranquila, su bancarrota se ha evitado en el último minuto. Después los 100 mil millones de euros en 2010, ahora se aprobó un segundo paquete por un monto de 130 mil millones de euros y, además, una quita de acreedores privados.

Pero éste no va a ser el último paquete de ayudas a Grecia. Queda claro que esta vez el Gobierno de Atenas ha tenido que hacer duras concesiones. Los intereses y la amortización saldrán de un depósito fiduciario. Esto puede ser percibido como una pérdida de soberanía nacional. Pero por lo menos así está asegurado que Grecia pague su deuda y que no emplee los fondos de otra manera.

El ramo financiero, el ganador

Hay dos aspectos que, sin falta, cabe resaltar. Por un lado, en esta acción de salvataje no se trata sólo de Grecia. Se ha salvado también el sector financiero, aunque esta vez haya tenido que renunciar a parte de la deuda por cobrar. Buena parte de ésta, Atenas se la debe a bancos privados, inversionistas y aseguradoras. Así, una cuarta parte del paquete de ayudas no está destinado al país, sino a endulzarles un poco la vida a los acreedores por haber accedido a la quita. La banca ha vuelto a hacer un muy buen trabajo pintando los escenarios terroríficos en torno a reacciones en cadena que llevarían a un posible colapso del sistema entero. Todo debido a un país económicamente tan poco significativo como Grecia.

Deutsche Welle Henrik Böhme Chefredaktion GLOBAL Wirtschaft

Henrik Böhme, de la redacción de Economía de Deutsche Welle

Pero, y éste es el otro aspecto, en realidad, Grecia está en la quiebra hace rato. Sólo que no oficialmente. Su monto de deuda asciende al 160 por ciento de su rendimiento económico. ¿Y qué? Se trata de rebajarlo al 120 por ciento. ¿Tendría esto algo de bueno?

La verdad es otra: estamos frente a un país atrasado, que ha sido degradado por los fondos de inversión a país en desarrollo. Y los bancos lo saben y tienen muy bien analizados todos los panoramas que podrían reconducir al dracma. Estamos frente a un país que tiene un aparato administrativo inmenso, pero que no funciona. ¿Por qué no se da a conocer el informe de la troika de la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional? Porque en él consta la verdad, que los 130 mil millones de euros no bastan para impedir su caída.

“State building” para Grecia

Por este motivo, la solución debe ser más radical. No se puede obligar a Grecia a abandonar la zona euro. Entonces, hay que decirle a los europeos: esto va a ser caro y por largo tiempo. Debería acabar esta errónea política de los paquetes de ayuda, ahora mismo. Y deberían empezar a ayudar a este país a reinventarse. Con todo lo que sea necesario para ello. Incentivos de inversión, líneas de ayuda específicas y sobre todo lo que en términos de desarrollo se denomina “state building”, es decir, la construcción de un Estado que funcione. Para llegar a ello probablemente el único camino sea declarar la bancarrota griega. A más tardar en otoño, cuando los otros países problemáticos como España e Italia se hayan estabilizado, podría haber llegado el momento. En torno a cuándo sucederá, los fondos de inversión hacen ya sus apuestas.

Autor: Henrik Böhme (mb)
Editor: Enrique López

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