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América Latina

Cada vez más venezolanos piden asilo en la UE

La diáspora venezolana empezó hace años por la crisis: como estudiantes, por familia de raíces europeas, por reunificación familiar. Ahora muchos se van con la esperanza de recibir asilo.

Un total de 4.695 venezolanos pidieron asilo en la Unión Europea en un año. No es mucho en comparación al total de más de un millón doscientos mil que se han recibido en el total de los 28 países de la UE. Pero son el colectivo que más ha crecido. Y si bien cierra la lista de los 30 orígenes principales en cantidad de solicitudes, es el único país de América Latina que entra en estas estadísticas. Como comparación: de Siria han llegado 334.820 personas. 

 

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Interesante es también lo que esto significa para cada uno los 28 países de la UE.  Si para Alemania sirios, iraquíes, iraníes, afganos y eritreos son las cinco principales procedencias de sus solicitantes de asilo, para España son Venezuela, Siria, Ucrania, Argelia y Colombia. Es más, de los 4.695 venezolanos que llegaron a la UE en ese período, 3.960 llegaron a España. Cabe anotar que, según la fuente, son entre 200 mil y 500 mil los venezolanos que han emigrado a la península Ibérica en lo que va del siglo XXI.

Diáspora en problemas

Según el sociólogo Tomás Páez, son casi dos millones los venezolanos que han optado en las últimas dos décadas por afincarse en el extranjero. Uno de ellos es Iselle, de 31 años. Aunque llegó por estudios, se siente expatriada porque no puede volver al país.

"El Tribunal Supremo de Justicia determinó hace dos meses que prevalece la nacionalidad venezolana y necesito un pasaporte. Y no llega. Para mí eso es sencillamente una manera de retener al venezolano para que no vaya. El venezolano ahora, con buena o no muy buena posición, está decidiendo irse del país por inseguridad, por falta de comida, por falta de medicamentos. Y el país se está quedando sin potencial profesional”, dice Iselle a DW.

Aunque el flujo de migrantes venezolanos hacia la UE se ha intensificado otra vez desde 2014, lo que en este momento llama más la atención son las peticiones de asilo. Éstas, según análisis de Eurostat, se ha quintuplicado en el caso de los venezolanos.

Al azar

Con todo, entre solicitar el asilo y el recibirlo puede haber abismos. Según Datos del Ministerio del Interior de España, de las 40 solicitudes revisadas en 2016, sólo cuatro dieron resultado positivo para los solicitantes. Desde 2012 se ha otorgado protección sólo en 6 casos. También por eso los que se arriesgan a someterse, además, al desafío de un lenguaje nuevo no optan por España.

Como Israel (19 años) y su familia. Llegaron justo después de la ola violenta del 2014. Su familia había acogido a manifestantes opositores que huían de los gases lacrimógenos. "Comenzaron a amenazarnos. Y escogimos Bélgica al azar. Aquí había una manifestación. Nos aconsejaron pedir asilo”, cuenta Israel. De los meses en el campo de acogida especial para familias no tiene buenos recuerdos. Entretanto está acabando el bachillerato. 

No es fácil para los venezolanos conseguir asilo.

No es fácil para los venezolanos conseguir asilo.

Aunque España al parecer frena la entrada de venezolanos, es el país europeo –seguido de lejos por Portugal e Italia– que más entiende lo que sucede en el país. 

"Me pone triste que a gente que llegó después que yo ya le han dado el positivo. Yo entiendo que ése es un refugio humanitario, vienen de un país en guerra, pero el mío es un asilo político”, cuenta a DW el teniente de navío Wilmer Aguirre, pensando en los refugiados que vienen de Irak o Siria, que tienen preferencia. 

A un informe suyo cuestionando el poder fáctico de "los colectivos” -los grupos populares armados en Venezuela- siguieron las represalias. Entre la aceptación de su pedido de baja dilatado sin motivo aparente y una inminente sanción ejemplarizante, el impulso para dejar el país fue cada vez más fuerte.

Entretanto, entre las tres comidas al día, los siete euros a la semana  y las clases de neerlandés, la angustia porque no le dan aún su segunda entrevista, la definitiva, lo tiene mal. "Yo llegué a este centro de acogida (en Bélgica) el 25 de agosto de 2016. Había llegado en tren desde Francia, a la estación norte en donde hay un busto de Simón Bolívar. Lo entendí como una buena señal”, concluye Aguirre, que para traer a su mujer y su hijita  necesita su estatus de refugiado.

 

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