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Europa al día

Zapatero al alza

El debate televisivo entre los dos aspirantes a jefe de gobierno de España es comentado para DW-WORLD por Sören Brinkmann, especialista de la Universidad de Erlangen.

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El uno combatió con valentía, pero la soltura del otro convenció más.

Según todas las encuestas, el candidato socialista y actual jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en el segundo y último debate televisivo con el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, logró una victoria mucho más clara que en su primer encuentro el 25 de febrero. Si bien un poco más bajo que en la semana anterior, un índice de audiencia de 12 millones confirma el alto interés de los espectadores. Para los conservadores, este marcador final a seis días de las elecciones parlamentarias no vaticina nada bueno, más aún teniendo en cuenta que ya antes del segundo duelo iban cuatro puntos por detrás de los socialistas en la intención electoral.

El segundo debate al igual que el primero estuvo marcado por un estilo bastante tosco y una concentración casi exclusiva en temas de política interna. Para los indecisos, Zapatero tenía preparado un claro programa de política educativa y diversas medidas política social tales como la igualdad de género y la violencia doméstica; intentó además atraer al electorado con inversiones estatales en el ramo de la construcción. El líder de la oposición se remitió al encarecimiento de la vida y el desempleo y prometió rebajas impositivas para impulsar la economía.

Más que de grandes promesas electorales, el debate estuvo marcado por la discusión en torno a la política de los últimos cuatro años. El candidato conservador exigió un combate decidido contra la inmigración ilegal y criticó la legalización de casi 700.000 ilegales a comienzos de la legislatura socialista. Acusó a Zapatero, además, de poner en peligro la integridad de España con su política hacia el País Vasco y Cataluña.

Especialmente mordaz se volvió el debate cuando se trató el siempre candente tema de la política antiterrorista, un asunto determinante en la legislatura anterior y en la anterior campaña. Rajoy acusó a su rival de haber insuflado vida a la organización terrorista ETA con su política de diálogo; lo culpó además de traicionar a las víctimas del terrorismo pues las conversaciones continuaron aún después del atentado en el aeropuerto de Madrid a finales del 2006. Zapatero respondió endilgándole al PP indirectamente los atentados islamistas del 11 de marzo de 2004, debido a la participación del gobierno anterior en la guerra contra Irak. El intercambio de golpes culminó echándose en cara un conteo de las víctimas del terrorismo en cada período legislativo.

Lo que, al final, a muchos telespectadores pudo haber convencido es menos el poco contenido presentado sino más bien la mayor soberanía y la soltura del candidato socialista; éstas dominaron a pesar de la valentía con la que luchó Rajoy. A pesar de todo, el resultado electoral de los socialistas sigue unido a un signo interrogación. Decisiva será la participación electoral; de quedar ésta por debajo del 75 por ciento podría redundar a favor del Partido Popular, que ha sabido movilizar a su electorado.

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