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Sociedad

Vive l´amour: a Merkel no le molestan los besos franceses

“No sabemos de dónde se han sacado esa historia”, contestaba un portavoz del Gobierno alemán a DW-WORLD. Según un diario suizo, la canciller se habría quejado del exceso de cariño que le dispensa el presidente francés.

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Angela Merkel y Nicolas Sarkozy se saludan en Straubing, 9 junio de 2008.

Porque es alemana y protestante, a Angela Merkel no le gusta que la toquen. Y como es alemana y protestante, además de puritana, la canciller habría remitido oficialmente un escrito a la embajada alemana en París quejándose de los coqueteos con los que el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, perturba su paz interior.

Así de fácil, sin más ingredientes que un par de extendidos tópicos, se puede construir una noticia. Lo ha demostrado el diario suizo Le Matin, cuya información sobre los repudios de la jefa del Estado alemán a los abrazos y los besos galos ha llegado hasta diversos periódicos europeos, incluso hasta algunos de los que se consideran serios.

“Lo que escribe Le Matin es pura invención”, aseguró a DW-WORLD un funcionario del departamento de prensa en Berlín, “a Merkel y a Sarkozy les une una amistad de muchos años. Son amigos desde antes de ser canciller y presidente, juntos llevan años trabajando a nivel europeo y no hay ningún problema con el trato que se dispensan, de ningún tipo.”

Informar con fundamento

La opinión de expertos en el asunto siempre sirve para reafirmar el valor de lo que se escribe. Por eso, Le Matin cita a la periodista Dorothea Hahn, corresponsal en la capital gala del diario Tageszeitung, a saber si sabía a lo que se estaba prestando, que explica cómo en la cultura alemana se mantienen unas distancias que el temperamento francés, sureño y apasionado, no alcanza a respetar.

Y además, como prueba le sirven al rotativo suizo todas las fotos con contacto físico entre ambos políticos: roces, palmaditas, besos, susurros, abrazos... y cada una de las bromas mutuas que contengan la palabra “amor”. Irrefutable: o Sarko se propasa o Merkel es una mojigata, pero lo cierto es que no hay química sino pura tensión cargada de testosterona.

La culpa no es de los besos

Con todo, cabe preguntarse por qué Merkel, que nunca se quejó de las galanterías de Jaques Chirac, estaría dispuesta a convertir ahora en cuestión de Estado los apretujones de Sarkozy. Y sobre todo: ¿por qué iba Sarkozy a perder la compostura por Angela Merkel, mientras Carla Bruni le espera en el Elíseo?

Ni los alemanes son piedras a las que se les negó la capacidad de mostrar y percibir emociones, ni el embriagador amour obliga a los franceses a ir besando mujeres por las esquinas. Los políticos a estas alturas se conocen bien y no desde anteayer, y saben cómo tratarse. Si flaqueó la simpatía entre Merkel y Sarkozy, y la simpatía ha pasado por malos momentos, la culpa no fue de los besos.

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