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América Latina

Venezuela en la prensa europea: ¡Adiós a la democracia!

La ruptura del orden constitucional venezolano, por orden del Ejecutivo, para que el Tribunal Supremo asuma las tareas del Parlamento, es considerada, entre otras cosas, como una “despedida de la democracia”.

Julio Borges, presidente del Parlamento venezolano, rompe la orden de arrebatarle los poderes a la Asamablea Nacional.

Julio Borges, presidente del Parlamento venezolano, rompe la orden de arrebatarle los poderes a la Asamablea Nacional.

Süddeutsche Zeitung, de Múnich: Maduro convierte a Venezuela en una dictadura

"El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) le arrebató el poder al Parlamento y ahora legislará él mismo. Con esto, Venezuela se despide, definitivamente, de la democracia. El Gobierno de Maduro ya había anunciado que el Parlamento caería, cuando 300 funcionarios del gobernante Partido Socialista asaltaron una sesión del Parlamento.

El Parlamento cayó ahora que sus poderes le fueron arrebatados por el Tribunal Supremo, que pretende no solo interpretar las leyes sino dictarlas. La política del presidente Maduro tiene cada vez menos de democrática: encarcelar a sus contrincantes políticos y bloquear con dudosos métodos su destitución. Aunque, según la Constitución, Venezuela es aún una democracia presidencial, el país ha pasado, definitivamente, a engrosar la camarilla de dictaduras”.

Opinión: Golpe de Estado en Venezuela

Supremo de Venezuela asume competencias del Parlamento

Venezuela: Almagro vuelve a invocar Carta Democrática

Die Welt, de Berlín: "El socialismo está muerto. ¡Viva la dictadura!”

Diosdado Cabello es el hombre más influyente tras las bambalinas del gobernante Partido Socialista, y el más temido de todos. Hace pocos días, Cabello ironizó que sin oposición no se podrían hacer elecciones. Sus palabras habrían de convertirse en oscura profecía: este 29 de marzo, la oposición perdió su último instrumento político. El TSJ le quitó los poderes al Parlamento, la Asamblea Nacional, libremente elegida. Ahora, los jueces del régimen pueden decidir si hay elecciones y cuándo.

A la preocupación expresada por el cardinal Jorge Urosa de que al Gobierno no parecen interesarle las elecciones, la respuesta fue el asalto de una iglesia cuyos fieles fueron obligados, a mano armada, a escucharse una arenga sobre los logros de la revolución socialista.

El uso de los "colectivos” son una clara amenaza de Cabello. Armados por el extinto Hugo Chávez para "defender la revolución de una invasión por parte del Imperio”, y como los gringos nunca llegaron, las milicias paramilitares protegen con violencia armada a los socialistas de un pueblo profundamente frustrado”.

Der Standard, de Viena: "Elecciones, no sangre”

“Maduro nunca le reconoció al Parlamento opositor la institución que representa  la soberanía popular por excelencia. Él nunca ha estado realmente interesado en un diálogo, sino solo en asegurarle el poder a su corrupta camarilla. La democracia y la Constitución Bolivariana valieron solo hasta cuando les sirvieron para retener el poder en sus manos.

¿Hasta cuando va a durar la paciencia de los venezolanos, atribulados por la economía socialista de la escasez y las colas para conseguir alimentos y medicamentos? Cuando han salido a las calles por cientos de miles siempre su mensaje ha sido claro: queremos elecciones, sin sangre. La pregunta ahora es, quién podrá canalizar su disgusto y ofrecer una alternativa atractiva. Venezuela se enfrenta a una fase crítica".

Tagesspiegel, de Berlín: “La dictadura se quitó la máscara”

"El despojo de poderes al Parlamento democráticamente elegido, por parte del Tribunal Supremo, y con motivos espurios, es el desenmascaramiento definitivo de una dictadura. ¿No es esta socavación de la voluntad del elector una prueba de que se está erigiendo un sistema totalitario? Venezuela, que bajo el fallecido Hugo Chavez llegó a ser un líder regional, ha sido reducido a un enano político".

Neues Deutschland, de Berlín: “Paralizar al Parlamento es comprensible”

"El gobierno de Nicolás Maduro se defiende con todas las armas. La decisión del Tribunal Supremo de paralizar al Parlamento por desacato es, en realidad, comprensible. El que la oposición niegue la jurisprudencia del Tribunal Supremo  es inaceptable en un sistema de separación de poderes. Así como es un hecho que la Corte Suprema se reorganizó antes de la reconstitución del Parlamento, en vista de los choques previstos con los jueces afines al Gobierno.

Es evidente que el caso del despojo de poderes al Parlamento no se trata - de facto- de  derecho, sino de la fuerza de lo consumado. Pero lo que sí no es, es una salida a la espiral descendente”. 

José Ospina-Valencia (CP)

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