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América Latina

Una oportunidad para repensar Chile

Chile emprende el camino hacia una nueva Constitución con un proceso que el profesor de derecho constitucional Pablo Ruiz-Tagle califica de inédito por la prevista interacción con la ciudadanía.

¿Por qué necesita Chile una nueva Constitución? ¿Es el cuestionamiento de la legitimidad de la Constitución de 1980, promulgada durante la dictadura de Augusto Pinochet, el motivo clave?

Ese es un punto importante. Pero tenemos que tener claro que la Constitución que tenemos en Chile no es la Constitución de Pinochet. Hay un proceso de reformas, que comenzó en 1989, cuando Pinochet fue derrotado. Se hicieron 54 reformas al texto que proponía Pinochet, y luego, desde marzo de 1990 hasta ahora, se han hecho 257 reformas. Pero esta Constitución que tenemos todavía no ha ganado suficiente legitimidad en el pueblo de Chile. Esa es la primera razón. La segunda es que esta Constitución tiene muchos rasgos autoritarios. Por ejemplo, no da suficiente protección a los derechos económicos y sociales, de trabajo, educación, salud y seguridad social. No protege a los pueblos indígenas. Es una Constitución muy centralista, que le da un exceso de poder al presidente. Además, la doctrina de la seguridad nacional permea el texto constitucional.

¿No bastaría con nuevas reformas?

Todos los cambios que se le han hecho han sido parciales, y han sido ganados con gran dificultad, porque la Constitución establece supermayorías y resguardos especiales. Pero ahora ha cambiado el sistema electoral y se ha generado una lógica de nuevos incentivos para los actores políticos, para repensar el país, imaginar una democracia más perfecta, más plena.

¿Qué aspectos fundamentales le gustaría ver anclados en la futura Constitución?

Yo creo que en materias constitucionales no se trata de hacer experimentos, ni de buscar una gran originalidad. Lo que estamos promoviendo desde hace muchos años las personas que estamos en el centro o en la centroizquierda es acercar a Chile a un modelo de un estado social y democrático de derecho, un estado de bienestar que aprenda de los problemas que tiene el estado de bienestar en Europa, pero que vaya hacia ese tipo de sociedad y no en una dirección contraria, como ha sido este experimento neoliberal, donde la desigualdad entre los chilenos es demasiado grande. En ese proyecto es clave una mayor protección de los derechos económicos y sociales, un resguardo de los derechos de ciudadanía, un acercamiento todavía más fuerte a los derechos humanos. Eso en cuanto a los principios. En cuanto al régimen político, yo creo que hay que revisar las cláusulas que les dan a los militares un estatus en política y derechamente borrar algunas, y hay que moderar y equilibrar mejor las atribuciones del Presidente con el Congreso y con los órganos de control constitucional.

¿Hablando de modelos europeos, qué elementos de la experiencia alemana podrían resultar útiles para Chile?

No soy un experto en el derecho constitucional alemán, pero hay una protección fuerte de la dignidad de las personas… En cuanto a la distribución del poder, no sé si podríamos movernos hacia un estado federal, pero sí se puede mirar en la realidad de Alemania formas de descentralización, y también creo que es muy importante el rol del Tribunal Constitucional. El Tribunal Constitucional chileno tiene enormes atribuciones, y en este proceso hay algunas personas que han querido limitarlas, y hasta incluso han propuesto eliminarlo, lo cual es a mi juicio una muy mala idea. Pero un Tribunal Constitucional democrático tiene que seguir el camino que ha trazado de una manera muy clara el Tribunal Constitucional alemán.

El proceso para dotar a Chile de una nueva Constitución coincide con una crisis de confianza en las instituciones. ¿Servirá este proceso para restablecer dicha confianza?

Es cierto que ha habido en Chile una crisis grande de desacoplamiento entre lo que la ciudadanía quiere y expresa, y los liderazgos políticos. Hay, a mi juicio, una crisis de legitimidad. La ciudadanía no se siente representada. No ha sido una práctica de nuestro sistema político el dar participación. Esas circunstancias hacen que este proceso, que contiene también educación cívica y diálogos ciudadanos, sea una oportunidad fantástica para que cerca del bicentenario de nuestra independencia -el 2018- pudiéramos los chilenos hacernos el mejor regalo, que es darnos una nueva Constitución. Pero todo esto puede salir mal, si hay mezquindad de parte de las fuerzas políticas. También hay un riesgo. Pero celebro que la presidenta haya tenido el coraje de plantear este asunto en estos términos. En general, en Chile las Constituciones han sido hechas por muy pocas personas, sin participación. El construir con una interacción con la ciudadanía un proyecto constitucional es algo inédito en el país.

¿Cree que la ciudadanía se incorporará realmente a este proceso en forma activa?

Yo estoy esperanzado, porque creo que hay una intención de comunicar algo a las autoridades. Y esta va a ser una oportunidad privilegiada.

Pablo Ruiz-Tagle es abogado y profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Chile.