Un payaso se despide | Europa | DW | 13.11.2011
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Europa

Un payaso se despide

Culminada la era Berlusconi, el Gobierno de transición deberá implementar reformas a toda velocidad para rescatar a Italia y a la zona euro. Ya no queda más tiempo para juegos como los que solía jugar “il Cavaliere”.

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Si Mario Monti quiere evitar que Italia caiga en cesación de pagos, deberá recuperar la confianza de los mercados antes de fin de año.

Debo admitir que voy a extrañar a Silvio Berlusconi, por lo menos un poco. Comparado con sus homólogos de la Unión Europea, Berlusconi era una figura divertida, un ave rara, un payaso disfrazado de político. Sus apariciones siempre fueron entretenidas. Para los miembros de la prensa siempre tenía un refrán a flor en la punta de la lengua. Berlusconi sabía hablar de tal forma que le entendiera la gente llana, él polarizaba opiniones y ponía inseguros a los jefes de Gobierno más ponderados.

Deutsche Welle Bernd Riegert

Bernd Riegert, comentarista de Deutsche Welle.

Pero, hablando en serio, para una Italia que está al borde del abismo financiero, es una bendición que Berlusconi le haya dicho “adiós”. El italiano vanidoso, que se sometía a operaciones estéticas y usaba zapatos de suela gruesa para dar la impresión de ser más alto, siempre se percibió a sí mismo como un hombre del pueblo. Y los italianos lo amaron por mucho tiempo. De los últimos diez años, Berlusconi ha pasado ocho gobernando al país; su mandato se vio interrumpido por dos breves años de Gobierno socialista.

El suyo es un récord en un país como Italia, marcado por crisis gubernamentales desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La corriente de opinión que lo favorecía se volvió en su contra hace apenas dos años. Y es que el propio Berlusconi abusó de su suerte: sus escapadas, sus fiestas, su afición al “bunga-bunga” y su intimidad con prostitutas de cuya mayoría de edad se dudaba, todo eso terminó siendo demasiado para un electorado que le perdonó muchas cosas.

Berlusconi deja atrás un montón de ruinas

Muchos italianos le perdonaron, por ejemplo, la reforma de leyes para salvar su pellejo en procesos judiciales. El hecho de que Berlusconi tuviera a la televisión bajo su control, en menor o mayor grado, y continuara haciendo negocios lucrativos como zar de los medios y dueño de numerosas empresas mientras ejercía la jefatura del Gobierno, no pareció hacerle mucho daño. En retrospectiva, se puede decir que lo que puso punto final a su buena racha fue la influencia de los mercados financieros.

Cuando quedó claro que Italia, sofocada por sus propias deudas, estaba perdiendo la confianza de los mercados de capitales y de sus socios en la Unión Europea, alguien tenía que pagar por los platos rotos. Lo que las circunstancias actuales tenían de conveniente es que permitían echarle la culpa de todos los problemas nacionales a ese personaje que deambulaba como ajeno a la realidad: Silvio Berlusconi. Pero su caída comenzó a fraguarse mucho antes, cuando antiguos cofrades como Gianfranco Fini y Umberto Bossi se alejaron de él. Lo que quedaba de la coalición que en algún momento apuntaló al Gobierno de Berlusconi eran ruinas. Berlusconi, otrora astuto estratega, siempre prometió mucho y cumplió poco. De ahí que su castillo de naipes se haya desplomado.

Italia tiene por delante unos desafíos enormes. Las reformas que quedaron pendientes durante los últimos diez o veinte años –la lista es kilométrica– deben ser implementadas. Y esta tarea titánica cae ahora sobre los hombros de Mario Monti, el anti-Berlusconi. Al inmaculado excomisario europeo y profesor de Economía se le conoce en algunos círculos como “Super Mario”, un apodo que hace jocosa alusión a un juego de video, pero también a su talante combativo. En sus manos están las riendas del Gobierno de transición, que deberá ser respaldado por los partidos más grandes en el Parlamento italiano. Monti deberá imponer reformas, recortar gastos, subir los impuestos e incrementar la competitividad de la economía nacional.

Lo que está en juego en Italia es el futuro del euro

Pero Monti no tendrá mucho tiempo para realizar esas hazañas. Si él quiere evitar que la tercera economía de la zona euro caiga en cesación de pagos, tendrá que recuperar la confianza de los mercados antes de fin de año. Y los partidos de oposición sólo toleran a un Gobierno de transición porque temen que, si elecciones anticipadas tuvieran lugar en este momento, no conseguirían una mayoría estable. Lo mismo aplica para una parte del actual partido de Berlusconi. En cuanto cambie esta situación, tendrán lugar elecciones.

Las posibilidades de Italia de salir por sí misma del escollo en el que su excesivo endeudamiento la ha sumido son mayores que las de Grecia. Italia tiene una base industrial, un número relativamente grande de empresas medianas, marcas propias de gran solidez y fuerza, y consorcios enfocados en la exportación de bienes. Lo que le falta es orden, un marco político y jurídico razonable, y un buen Gobierno. Y esas carencias no se compensarán de la noche a la mañana. Eso sólo será posible a largo plazo.

Ojalá que los mercados y los inversionistas le den ese tiempo al nuevo primer ministro de Italia. Porque unas pocas semanas no le bastarán a “Super Mario”, pese a su perseverancia frente a los retos, para corregir los errores cometidos en las últimas décadas. Monti tendrá que rescatar a Italia y también a la zona euro. Para parafrasear a la canciller alemana, Angela Merkel: si fracasa Italia, fracasa el euro.

Autor: Bernd Riegert
Editora: Claudia Herrera Pahl