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ACTUALIDAD

Un intelectual de armas tomar

Los alemanes lo apreciaban como un canciller de armas tomar y un brillante estadista. A nivel internacional, Helmut Schmidt era muy respetado por su competencia en materia de política económica.

Fue, hasta el final, un hombre de palabras claras y pese a ello, o quizá debido precisamente a eso, apreciado como pocos. Continuamente figuraba en las encuestas como el político predilecto de la historia alemana reciente, a pesar de su modo parco.

En medio de la crisis financiera europea, se le consultó en una entrevista de TV su opinión sobre la forma en que Angela Merkel manejaba el problema. Su contestación: “Tengo que vacilar largo tiempo antes de que se me ocurra una respuesta diplomática”. Helmut Schmidt no tenía pelos en la lengua. Sobre todo después de abandonar la política activa, gustaba de hacer comentarios cáusticos. Opinaba en tono crítico sobre la situación de la Unión Europea, sobre la sociedad multicultural en Alemania o sobre la operación del ejército alemán en Afganistán.

El “otoño alemán”

Muchos alemanes recuerdan sin embargo a Helmut Schmidt, sobre todo, como el hombre que en el otoño de 1977 hizo frente decididamente al terrorismo de la RFA (Fracción del Ejército Rojo). Este llegó a su punto culminante con los secuestros del presidente de la asociación patronal Hanns-Martin Schleyer y el de un avión de Lufthansa en la capital somalí, Mogadiscio. El objetivo de ambos actos terroristas era obtener la libertad de miembros de la RAF encarcelados en Alemania. Pero Helmut Schmidt no cedió.

Más tarde diría que lo principal para él era “demostrar la capacidad del Estado de proteger a sus ciudadanos”. Y eso implicaba “no liberar a los terroristas”. Schmidt ordenó una arriesgada operación en la que un comando especial liberó a los rehenes del avión. Si hubieran muerto, el entonces canciller habría renunciado a su cargo, según se dijo posteriormente. Pero eso no ocurrió.

Carrera política

Schmidt estaba en la cúspide de su carrera política, que comenzó tras el término de la II Guerra Mundial, con su ingreso al partido socialdemócrata (SPD). Como ministro del interior de Hamburgo, su cuidad natal, ya se había granjeado la fama de ser muy hábil en el manejo de crisis. En 1962, no trepidó en poner a trabajar a los soldados para hacer frente a una devastadora inundación.

Su carrera fue en ascenso. En 1964 presidió la bancada parlamentaria del SPD y en 1969 fue ministro de Defensa del canciller Willy Brandt, a quien sucedió en 1974. Durante los años en que encabezó el gobierno germano federal, su relación con el SPD no careció de tensiones. Particularmente evidente fue el roce a fines de la década del 70 y comienzos de la del 80, cuando Schmidt se mostró vehementemente a favor del emplazamiento de más misiles nucleares estadounidenses en territorio germano federal. Consideraba ingenua la resistencia que se articuló en su partido y en manifestaciones callejeras. “La experiencia histórica demuestra que la impotencia unilateral no evita la agresión del más fuerte”, señaló una vez.

Tras dejar la jefatura de gobierno, en 1982, Schmidt se retiró en gran medida del escenario político. Se convirtió en coeditor del semanario Die Zeit y se dedicó a dictar conferencias sobre temas políticos y económicos en el mundo entero. Solo en ocasiones excepcionales participó en campañas electorales del SPD. No obstante, hasta su muerte fue un socialdemócrata comprometido.