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Política

UE-Rusia: negociaciones en Siberia

Las expectativas son grandes: la Unión Europea y Rusia intentan en la cumbre de Janti-Mansiisk crear una nueva base para las relaciones bilaterales. Pero la tarea no es fácil.

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Hombres de negro: Javier Solana, José Manuel Barroso, Dmitri Medvédev, y el primer ministro de Eslovenia, Janez Jansa (de izq. a dcha.) posan para la prensa durante la cumbre.

La cumbre de Janti-Mansiisk, en Siberia Occidental, marca el comienzo de las negociaciones oficiales para un nuevo Acuerdo de Asociación y Cooperación entre la UE y Rusia. La UE espera que con el nuevo presidente ruso, Dmitri Medvédev, las relaciones últimamente algo tensas mejoren y las negociaciones recobren ímpetu.


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Solana y Medvédev

Mucho está en juego para ambas partes. Un cuarto de todo el abastecimiento de petróleo y gas europeo proviene de Rusia. La UE es a su vez, con 18.000 millones de euros por año, el mayor inversionista en Rusia y, con un volumen de 209.000 millones de euros por año, su principal socio comercial.


Para la UE son importantes determinados puntos del Acuerdo de Asociación y para Rusia, otros. La UE quiere ver garantizado sobre todo el abastecimiento energético y para ello acceder sin intermediarios a los productores de Asia Central, evitando utilizar oleoductos o gasoductos rusos. Rusia está interesada en todo lo contrario, para conservar en sus manos una importante palanca energética.


Además, Rusia quiere firmar acuerdos bilaterales de abastecimiento de gas con empresas aisladas europeas y lleva a cabo una agresiva política de compras de empresas del sector energético en Europa. Ello a su vez desagrada a la UE, que prefiere que las negociaciones sobre el abastecimiento energético se lleven a cabo en bloque entre Rusia y la UE.


Conflictos y bloqueos mutuos


El último Acuerdo de Asociación estuvo vigente hasta diciembre de 2007 y debió ser prolongado provisionalmente como último recurso, debido a que Polonia y Lituania bloquearon en un principio el inicio de conversaciones para negociar uno nuevo.


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Janti-Mansiisk: bienestar gracias al petróleo.

Polonia, debido al bloqueo ruso de importaciones de carne polaca, supuestamente por problemas higiénicos. Lituania, porque reclama de Rusia el reinicio de los envíos de petróleo e indemnizaciones por la ocupación soviética desde el fin de la II Guerra Mundial hasta el colapso del comunismo.


Aparte de la política energética, las relaciones entre la UE y Rusia no son fáciles debido a diferentes posiciones en conflictos territoriales. Rusia no acepta por ejemplo la independencia de Kosovo, reconocida por la UE. La UE por su parte no está disputa a aceptar las tendencias separatistas en Abjasia y Osetia del Sur, provincias que quieren independizarse de Georgia y son apoyadas en ello por Rusia. La UE acusa incluso a Rusia de querer integrarlas en su Federación.


También conflictos interestatales son una carga para las relaciones bilaterales. Las relaciones entre Gran Bretaña y Rusia, por ejemplo, están considerablemente deterioradas desde el asesinato de Litvinenko en Londres.


Escaramuzas en sectores periféricos


Las negociaciones se ven opacadas asimismo por un nuevo litigio por las exportaciones rusas de madera a la UE. Moscú anunció un aumento de los impuestos a las exportaciones, lo que haría encarecer considerablemente las importaciones europeas de madera. La UE amenaza por ello con retardar el ingreso de Rusia a la Organización Mundial del Comercio (OMC).


Rusia, por su parte, se niega a eliminar las tasas impuestas a las aerolíneas europeas que sobrevuelan Siberia para alcanzar destinos en el Lejano Oriente en tanto no se concrete su ingreso a la OMC.


En vista de todo ello, las posibilidades de que se llegue rápidamente a la firma de un nuevo Acuerdo de Asociación y Cooperación no son las mejores. Se teme que el proceso puede llevar de dos a tres años y otro tanto la ratificación. De la cumbre no se esperan por lo tanto resultados sensacionales, sino más bien mejoras atmosféricas.


No obstante, para que no todo quede en agua de borrajas, en la declaración final se espera poder incluir siete proyectos transfronterizos, en cuyo marco la UE financiará con 307 millones de euros y Rusia con 122 millones la cooperación fronteriza desde el norte de Finlandia hasta el Mar Negro. Ambas partes quieren cooperar también en la gestión de crisis en el futuro, por ejemplo en caso de inundaciones o incendios de bosques. Ambos vecinos se acercan, si bien con paso lento y desconfianza mutua, pero a ninguno de los dos parece quedarle otra opción.

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