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Europa

Tsipras, sin otra opción

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, se revela una vez más como un maestro de las jugadas tácticas. Pero la táctica no bastará para salvar a su país, opina Jannis Papadimitriou.

Como muchas otras veces en el pasado reciente, Tsipras ha vuelto a sorprender. En principio, el primer ministro y líder de la formación izquierdista Syriza había hablado de lanzar una moción de confianza. Luego, valoró la idea de convocar a una extraordinaria sesión de verano del Parlamento para intentar aprobar las nuevas medidas de austeridad a que tendría que enfrentarse su país. A fin de cuentas –y, al parecer, espontáneamente− se decidió por anunciar su dimisión. ¿Irse, sencillamente, y dejar todo en manos del presidente Prokopis Pavlópulos? Esta era hasta hace poco, tomando en cuenta sus consecuencias, una espantosa perspectiva.

Preguntas

De acuerdo con la Constitución, el presidente Prokopis Pavlópulos tiene la potestad de encargar la formación de un nuevo Gobierno al propio Tsipras y, si es necesario, al líder de la segunda o tercera fuerza política del país, antes de llamar a nuevas elecciones.

El hecho de que Pavlópulos no se hubiera pronunciado aún en la mañana de este viernes (21.09.2015) generó múltiples especulaciones. ¿Tendría el presidente la intención de interpretar de algún otro modo la Carta Magna? ¿Sería posible aún una gran coalición? ¿Podría la oposición interna de Syriza convertirse, tras su escisión, en tercera fuerza parlamentaria y conseguir así el encargo de formar Gobierno, dejando afuera al ultraderechista Amanecer Dorado? En el transcurso del día, algunas de estas preguntas han ido obteniendo respuesta.

Respuestas

Pavlópulos invitó ya formalmente al líder conservador Vangelis Meimarakis a tratar de formar un nuevo Gobierno. Pero su partido Nueva Democracia cuenta con apenas 76 asientos en el Parlamento y difícilmente conseguirá hallar suficientes aliados entre una oposición extremadamente heterogénea, que se extiende de los comunistas del KKE a los ultraderechistas de Amanecer Dorado.

Por otra parte, ya se ha presentado, bajo el nombre de "Unidad Popular", el nuevo partido surgido del ala más radical de Syriza. Con 25 miembros, la nueva formación cuenta ahora con su propio grupo en el Parlamento y se convierte así, efectivamente, en la tercera fuerza, por delante del neonazi Amanecer Dorado. El exministro de Energía Panayotis Lafazanis, fuerte crítico de la gestión del Gobierno, se ha colocado al frente de este nuevo proyecto, que se opone a las medidas comprometidas en el tercer rescate y no excluye la vuelta al dracma como moneda nacional si llegara a plantearse este escenario.

Jannis Papadimitriou, corresponsal de DW.

Jannis Papadimitriou, corresponsal de DW.

La pregunta central sigue siendo la misma: ¿Por qué necesita Tsipras esta nueva prueba? Y la respuesta es clara: no tiene otra opción. Luego de que una parte significativa de sus correligionarios le dieran la espalda y de que importantes proyectos de ley solo pudiesen ser aprobados con el apoyo de la oposición, Tsipras se ha convertido en un líder de partido sin partido.

Pros y contras

Unos nuevos comicios tendrían para el ahora ex primer ministro izquierdista la ventaja de que podría renovar las listas de su partido a discreción, dejando fuera a los más radicales. Adicionalmente, si esos nuevos comicios se celebran con celeridad, la nueva formación a la izquierda de Syriza apenas tendría tiempo de organizar su frente contra política de austeridad y restarle votos a Tsipras. No en balde Lafazanis se quejaba insistentemente la víspera de lo que debe ser un inusualmente corto período de campaña electoral. A ese mismo Lafazanis, sin embargo, no le molestó en absoluto el corto tiempo de campaña que precedió al último referendo.

Si algo nos enseña la historia griega, a estas alturas, es que un partido de izquierda solo puede tener éxito en este país si logra colocarse en el centro de la sociedad y cuenta con un liderazgo carismático. El Syriza de Tsipras parece cumplir estas prerrogativas. La recién surgida formación en torno a Lafazanis, probablemente no. Si Tsipras logra aprovechar el tiempo a su favor y librarse –con los nuevos comicios– de las fuerzas radicales dentro de su partido, podría demostrar nuevamente su talento táctico. El problema central, sin embargo, seguirá sin resolver: tres elecciones en siete meses, no solucionan por sí mismas ninguno de los apuros financieros de Grecia; al contrario, cuestan dinero.

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