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Europa

Tierra de nadie para los refugiados en la frontera danesa

Mientras los expertos lo llaman teatro político, muchos daneses creen que los controles fronterizos son necesarios. Pero los refugiados podrían quedarse en el limbo en la frontera alemana.

El joven Raheb juega con burbujas de jabón en al estación de Flensburg. Hace tres semanas abandonó Siria con su madre y sus hermanos. Esperaron casi un año para partir, dice su madre Ruqia. Su marido creyó que conseguirían asilo en Dinamarca. Pero ahora están a pocos kilómetros de la frontera y, tras la entrada en vigor de la nueva ley danesa, Ruqia teme que sus hijos no puedan volver a ver a su padre.

Después de Suecia, Dinamarca decidió esta semana levantar los controles fronterizos en un intento de frenar la entrada de inmigrantes. Según Suecia, era su única opción ante las más de 160.000 solicitudes de asilo recibidas. En proporción a su población, las cifra más alta entre los países europeos.

Teatro político

Dinamarca recibió solo 20.000 solicitudes. Pero el premier danés, Lars Lokke, Rasmussen, justificó la acción debido a las medidas adoptadas por Suecia, que podrían convertir el país en un cuello de botella para inmigrantes que van hacia el norte. Dinamarca se convirtió así en el último socio europeo en suspender los acuerdos de Schengen. Algo que, según algunos analistas, podría tener un efecto dominó si otros países siguen la misma línea y terminar con uno de los grandes logros de la UE.

Según Thorsten Borring Olesen, profesor de la Universidad de Aarhus, el “gran paso” que proclamó Lokke Rasmussen con los controles fronterizos sería, de hecho, una fractura política. Trata de inclinarse hacia la derecha a la vez que introduce controles tan “tímidos” que no amenazan ni a Schengen ni a Alemania ni a la industria danesa. “Pocos dudan de que se trata de un teatro político”, dice Olesen a DW.

Para el premier danés, esta acción podría asegurar el paso que asegure su continuidad al frente de la volátil coalición de centro derecha. Sin embargo, ya cosechó deserciones en sus propias filas. En parte también por las posturas de la ministra de Integración, Inger Stojberg, que manifestó su intención de enviar tropas a la frontera para proteger al país de la entrada de “intrusos” no occidentales.

¿Controles necesarios?

Pero no todo son abucheos. En Krusa, ciudad cerca de la frontera con Alemania, la danesa Gritt cree que “nunca deberían haber abierto las fronteras”. “Ya no sabemos quién cruza la frontera… y si no tienen nada que esconder, ¿de qué tienen miedo?”, continúa. Ruth Jespersen, de 67 años, es más moderada y no cree que los controles sean un paso atrás: “Siempre dije que teníamos que ayudar, pero es demasiado”, aclara. “Además, si es necesario para frenar a los terroristas…”, concluye.

Por ahora, solo unos pocos creen que los controles causarán serios daños. “Se trata un show político”, opina Peter Hansen, director de la iniciativa Región Jutlandia del Sur – Schleswig que promueve las relaciones germano-danesas. Aunque la medida causó cierta confusión a ambos lados, la mayor preocupación era no poder llegar a tiempo al trabajo. “Los políticos lo están escenificando, pero realmente todo está bien”, dice Hansen. Aunque para miles de refugiados como Raheb y sus hermanos supondrá, sin duda, un duro golpe si quieren reunirse con sus seres queridos.

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