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Política

Tiempo muerto en Grecia

Seis semanas después de la firma del tercer paquete de ayuda, Bruselas vuelve a centrar su atención en Grecia. Las esperanzas están puestas en que el nuevo gobierno ejecute el programa sin generar nuevos conflictos.

Durante seis meses, las reuniones de los ministros de Finanzas de la UE han estado bajo el hechizo de la palabra que empieza por “G”. En la cita informal del pasado fin de semana, Grecia no estuvo en el orden del día.

A pesar de que hay pocos funcionarios europeos disconformes con el punto muerto en el que se encuentra el país, hay otros que alaban el trabajo que está realizando el gobierno de transición en Atenas. Según estos funcionarios, a nivel administrativo se han hecho muchas cosas que estaban pendientes. Eso sí, hay muchas leyes que, lógicamente, no han podido ser aprobadas durante este tiempo. La confianza en que el nuevo gobierno cumplirá los acuerdos firmados en materia de reformas es bastante alta. Uno no debe prestar demasiada atención al ruido que generan las campañas electorales ya que, al final, la política es otra cosa. Lo que también se puede aplicar al candidato de los conservadores Meimarakis. Y es que Nueva Democracia siempre se ha visto a sí mismo como un partido europeísta.

El jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker recordó la situación de Grecia en un discurso incendiario sobre el estado de la Unión: “Se ha perdido una gran cantidad de tiempo y confianza… muchos puentes fueron quemados”.

Mientras tanto, desde Bruselas insisten: ¿Qué nos importan las crisis pasadas? Ahora mismo, el drama de los refugiados centra toda la atención.

Sin cambios en el programa

El optimista progriego Pierre Moscovici ha explicado desde Bruselas que no importa quién gane las elecciones, pues existe un amplio apoyo político para que se implemente el programa de reformas en Atenas. El comisario de Asuntos Monetarios de la UE también debe de estar entre aquellos que prefieren que Tsipras siga siendo primer ministro. Si el líder de Syriza gana las elecciones, tendrá que cumplir lo acordado con la UE.

Belgien Jean Claude Juncker mit Pierre Moscovici im Europaparlament

Juncker: “Se ha perdido una gran cantidad de tiempo y confianza… muchos puentes fueron quemados”.

Algo que seguro no apoyaría si pierde y se convierte en líder de la oposición. Desde esa posición podría dar un nuevo giro político y hacerle la vida imposible a la nueva coalición que surgiría si los conservadores y los partidos de centro-izquierda deciden formar gobierno conjuntamente.

En cualquier caso, “el programa es el programa”, dice Zsolt Darvas, del instituto de investigación económica Bruegel en Bruselas. Y añade, los cambios de fondo ya no son posibles. El analista considera que importante que el nuevo gobierno de coalición en Atenas consiga una amplia mayoría parlamentaria, para que los cambios legislativos necesarios no sean permanentemente derogados o, en el mejor caso, puestos en entredicho.

Optimismo cauteloso

Los investigadores de Bruegel son cautelosamente optimistas acerca del futuro de Grecia. En 2014 se registró crecimiento económico en todos los sectores y se crearon puestos de trabajo. Más tarde, en el año 2015, todo fue contabilizado como un fracaso total. Pero en 2016 el país podría volver a crecer, ahora que ya se han puesto en marcha muchas de las viejas reformas estructurales. Los ejemplos de España y Portugal, donde se han implementado programas similares, muestran cómo funciona esto.

La primera visita del nuevo representante de la UE a Atenas estuvo acompañada de titulares venenosos del estilo de “el control de Bruselas” o el “nuevo protectorado de la Troika”. El holandés Maarten Verwey, exdirector de Economía y Finanzas de la Comisión Europea en Bruselas, es el sucesor del alemán Horst Reichenbach, hasta ahora líder del llamado Grupo de Trabajo para Grecia. La nueva unidad de vigilancia ha cambiado de nombre y ha pasado a llamarse “Servicio de Apoyo a la Reforma Estructural”. El nuevo organismo tiene como objeto principal apoyar las reformas estructurales en todos los países de la UE con la ayuda de Bruselas. A pesar del nuevo nombre, está claro que los acreedores de Grecia siguen prefiriendo el lema “la confianza es buena, pero el control es mejor”.