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Política

Tailandia otra vez en crisis

Bangkok se precipitó una vez más camino al caos. Varios tanques recorrían las calles de la capital tailandesa, mientras miles de manifestantes vestidos de rojo llamaban al levantamiento contra el gobierno.

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Las protestas prosiguieron en Tailandia, pese a la declaración del estado de excepción.

La última esperanza de Tailandia, el joven primer ministro Abhisit Vejjajiva, de 44 años, "ha fracasado" apenas cuatro meses después de su investidura, apuntaba este domingo el diario "Bangkok Post". El sábado, los manifestantes asaltaron una cumbre regional con una docena de jefes de Estado y de gobierno de los países vecinos en el balneario tailandés de Pattaya, y forzaron la cancelación del encuentro. Un bochorno sin precedentes.

El bochorno de la ASEAN

La supervivencia política será ahora difícil para Abhisit. Primero tuvo lugar la vergonzosa acción de rescate con la cual el primer ministro tuvo que evacuar en helicóptero a los jefes de Estado y gobierno llegados al lugar, sobrevolando la turba de opositores. Luego se planteó la pregunta de si alguien que no puede garantizar la seguridad del primer ministro chino, Wen Jiabao, ni del jefe de gobierno japonés, Taro Aso, está de verdad capacitado para gobernar. "¿Cómo puede un gobierno ser tan incapaz y fracasar de esa manera?, señala el "Bangkok Post" con consternación.

Tras tres años de tumultos políticos, Tailandia se precipitó este fin de semana más aún hacia la crisis. La esperanza de que el joven y preparado Abhisit, un egresado de Oxford, consiguiera cerrar el profundo abismo existente entre las masas de tailandeses empobrecidos y las élites tradicionales ha demostrado ser vana. "El daño causado a Tailandia no es estimable", apunta el politólogo Thitinan Pongsudhirak en una entrevista de hoy con otro periódico. Y "el daño para Abhisit es irreparable", agrega.

Las protestas cambian de bando

Las escenas de caos público son habituales para los habitantes de Bangkok en los últimos tres años. Pero hasta diciembre de 2008 los manifestantes que atacaban las oficinas del gobierno, que bloqueaban las calles y que llegaron a paralizar el país con la ocupación de los aeropuertos de la ciudad iban vestidos de amarillo.


En ese clima de tensión, el mayor tribunal del país ordenó la disolución del entonces partido del gobierno, el principal blanco del odio de los manifestantes, y dejó con ello el camino libre para la llegada de Abhisit. Ahora son los así llamados "camisas rojas", los seguidores del ex primer ministro Thaksin Shinawatra y de su gobierno derrocado en 2006, los que se lanzan a las barricadas en las calles.

Antecedentes inquietantes

Por el momento no hay una solución a la vista. El politólogo Thitinan apunta ya a un escenario de posibles hechos sangrientos. "Podríamos ver un contraataque de la ultraderecha, como en 1976", señala. Entonces, varias milicias ultraderechistas pusieron fin al creciente caos en el país con una masacre entre los estudiantes que protestaban. También en 1992 tuvo que hacer Tailandia frente a la violencia política. El Ejército abrió entonces el fuego contra algunos manifestantes que protestaban contra un gobierno apoyado por los militares, lo que dejó varias víctimas.

Es difícil determinar de qué lado se posicionarán las fuerzas militares, tan poderosas en el pasado. Hasta ahora no han ocultado su simpatía por el gobierno de Abhisit, aunque, por otro lado, un oficial ya ha señalado lo siguiente frente al diario de Singapur "Sunday Times": "Como ciudadano tailandés, éste es el dilema más grande al que he hecho frente". Y es que "yo sé que la gente sencilla apoya a los 'camisas rojas'", añade.

DPA/ERS