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Política

“Solidaridad con Raif Badawi”

El bloguero Raif Badawi fue condenado en Arabia Saudí a recibir mil azotes, cincuenta cada semana. Rainer Sollich, periodista de Deutsche Welle, echa de menos la indignación pública.

Angel Merkel advirtió repetidas veces que no debe ponerse bajo sospecha general al islam y los musulmanes, pero también subrayó: “La libertad religiosa y la tolerancia no significan que, en caso de duda, la sharía sea más importante que la Constitución”. Si Merkel no fuera la canciller federal de Alemania, sino una ciudadana de Arabia Saudí, esa sola frase le supondría una pena draconiana. Como le sucedió al bloguero saudí Raif Badawi, condenado en su país a mil azotes, una abultada multa y cárcel, por haber supuestamente “ofendido” al islam.

¿Quién ofende realmente al islam?

En realidad es ese fallo una ofensa para el islam y daña su reputación. El “delito” de Badawi fue querer expresar libremente opiniones compartidas no solo en Occidente, sino también por muchos musulmanes: Badawi había tematizado la falta de división entre el Estado y la religión. Y había “osado” calificar al islam de tan valioso como el cristianismo, el judaísmo y el ateísmo.

Cuando Badawi recibió el pasado viernes (09.01) los primeros 50 azotes, los medios occidentales apenas lo informaron en páginas interiores. Todos miraban hacia París, todos condenaron el terror y defendieron la libertad de opinión, todos proclamaron: “Yo soy Charlie”. Nadie organizó protestas masivas en apoyo de Badawi, a pesar de que, al igual que los caricaturistas, no hizo otra cosa que ejercer su derecho a la libertad de opinión. Solo algunos defensores de los derechos humanos y columnistas de izquierda manifestaron: “¡No soy solo Charlie, sino también Raif!”. También faltó solidaridad proveniente de países árabes. Si bien hay quien tiene simpatías por Badawi, la mayoría de los intelectuales y activistas se ocupan más de Charlie Hebdo y las caricaturas de Mahoma.

Occidente apoya a quien no lo merece

Rainer Sollich

Rainer Sollich.

Necesario es, sin embargo, un clamor publico, también y justamente en Occidente: Badawi no es torturado al fin y al cabo por un grupo terrorista, sino por la Justicia de un país “socio”; un Estado que no solo recurre a azotes como pena, sino también a decapitaciones. Que un régimen como ese sea un “socio” de pleno derecho en la lucha internacional contra el terrorismo es de un cinismo increíble. Occidente debe apoyar no a la corrupta casa real saudí, sino a activistas como Raif Badawi.

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