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Sociedad

Sobrepoblación: ¿se puede evitar la catástrofe?

Cuando se habla sobre el grado de sobrepoblación que exhibirá nuestro planeta de aquí a finales de siglo, los horrores de la guerra, el hambre y las enfermedades vienen a la mente. ¿Es evitable el peor de los escenarios?

Los expertos de la Organización de las Naciones Unidas pronostican que, de aquí al año 2100, la Tierra estará habitada por 11.200 millones de personas. Es decir, 4.000 millones más que hoy. Las proyecciones de la ONU describen un panorama dominado por la guerra, la pobreza, la violencia, el hambre y las enfermedades, dentro y fuera de las ciudades que hoy se nos antojan relativamente seguras. Pero, ¿qué puede hacerse para evitar que esos presagios se consumen del todo?

Gerhard Heilig, responsable de los pronósticos demográficos de la ONU hasta 2013, sostiene que aunque los mayores índices de crecimiento de la población se registran en los países no industrializados, donde ya suelen escasear los productos y servicios para satisfacer las necesidades más elementales de la población, el empobrecimiento generalizado no debe darse por sentado como consecuencia de ese incremento. “El crecimiento de la población puede también impulsar el crecimiento económico”, dice el especialista.

Trabajo y juventud

Para que eso sea así, explica Heilig, los Estados deben contar con un sistema económico que funcione, controles para evitar la corrupción desbordada, una alta proporción de gente joven, un sistema educativo eficiente para formarla y un mercado laboral saludable. La politóloga Ute Stallmeister, de la Fundación Weltbevölkerung, coincide con el exfuncionario de la ONU y pone como ejemplo el grado de desarrollo alcanzado por Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán.

La intensificación del proceso urbanizador es inevitable de cara al fenómeno en cuestión. Sin embargo, advierte Heilig, “no tiene sentido ‘repartir’ equitativamente a 11.000 millones de personas alrededor del globo”. A su juicio, el uso abusivo de los recursos disponibles y la destrucción de la naturaleza se pueden evitar mediante la expansión controlada de las ciudades. Al respecto dice Stallmeister: “El abastecimiento y el acceso a los servicios sanitarios pueden funcionar bien en lugares con una alta concentración de habitantes”.

Infraestructura e investigación científica

Para ello es imprescindible que los Estados inviertan en infraestructura –por ejemplo, en los mecanismos para administrar el agua potable y las aguas residuales– y en la investigación científica. “El desarrollo de vacunas es importante para sofocar posibles epidemias”, comenta Stallmeister, agregando que los Estados más fuertes deberán cumplir sus promesas en materia de ayuda para el desarrollo si desean que los países no industrializados cuenten con sistemas de salud eficientes y personal cualificado.

Después de todo, como lo demuestra la reciente crisis internacional causada por el virus del Ébola, todos estamos en el mismo bote: una epidemia puede transformarse en una pandemia en cuestión de días. Stallmeister cierra su entrevista con DW recordando que otro de los grandes desafíos que enfrentarán los países ricos es aprender a administrar mejor los recursos disponibles. “Si todas las personas de la Tierra vivieran como lo hacemos en Alemania, el peor de los escenarios sería ineludible”.