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El Mundo

Santos en Belfast, tras las huellas de la paz

En Irlanda del Norte las armas callaron hace años. ¿Un referente en materia de paz para los colombianos? El presidente Santos visita Belfast en busca de testimonios de reconciliación.

Juan Manuel Santos comparte con John Hume y David Trimble el Premio Nobel de la Paz. Ambos fueron distinguidos en 1998 en su calidad de artífices del "Acuerdo de Viernes Santo” entre los bandos que protagonizaron el larguísimo conflicto irlandés. Y pudieron recibirlo con un pacto ratificado en sendos referendos por la población de Irlanda del Norte (81%) y la República de Irlanda (56%).  El presidente colombiano, en cambio, lleva a cuestas el rechazo plebiscitario al acuerdo con las FARC. Pero está empeñado en desempantanar el proceso, quizá con la esperanza de poder acudir a recibir su galardón en Oslo, el 10 de diciembre, con un nuevo documento en sus manos, que recoja también las posiciones de quieres promovieron el "no” el 2 de octubre.

Testigos directos

Santos, de visita en el Reino Unido

Santos, de visita en el Reino Unido

Por lo pronto, Santos ha incluido a Irlanda del Norte en el itinerario de su visita al Reino Unido, por ser un "referente en materia de paz”. Entre otras cosas figura en su agenda la visita a un centro comunitario en el norte de Belfast "para escuchar la exitosa experiencia de reconciliación de los habitantes de la zona”, según el comunicado oficial.

Ambos casos no son en sí comparables. "Tienen más diferencias que similitudes”, sostiene el historiador colombiano César Torres del Río, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Javeriana de Bogotá. "El proceso en Irlanda del Norte aún no ha concluido. En Colombia no se le tiene como el ejemplo paradigmático por excelencia”, señala el académico, aunque reconoce que "hay que valorar que no solo los actores involucrados en el acuerdo sino la ciudadanía, la sociedad civil, entiende que se puede luchar por reivindicaciones políticas, sociales o económicas, nacionales, de carácter étnico, de una forma diferente a la de las armas y de la utilización del terror”.

Justicia transicional

Claro está que el proceso de paz norirlandés ha tenido sus bemoles. Y supuso hacer concesiones, para algunos dolorosas, como la excarcelación "condicional” anticipada de presos del Ira y de fuerzas paramilitares unionistas, en el marco de un programa que puso en libertad a casi 450 convictos por terrorismo en el lapso de dos años.

"A veces hay cosas difíciles de aceptar y entender, como por ejemplo la justicia transicional y acuerdos de ese tipo. Pero que si se logran de verdad, funcionan y son mucho mejor para los habitantes del país”, comentó tiempo atrás Eamon Gilmore, enviado especial de la UE para el Proceso de Paz en Colombia.

Niños de Irlanda del Norte piden paz, en abril de 1998.

Niños de Irlanda del Norte piden paz, en abril de 1998.

Destapar la verdad

El tema ha sido polémico en la sociedad colombiana. "La particularidad de la justicia transicional es que se centra en la víctima; la otra, la justicia ordinaria, se centra en el victimario, y por lo tanto exige penas que deben cumplirse en la cárcel”, apunta César Torres del Río. A su juicio, "la justicia transicional tienen problemas para los victimarios, porque sale a la luz la verdad de lo sucedido, las alianzas de fuerzas políticas tradicionales, de élites económicas que han apoyado a los actores armados ilegales que conocemos como paramilitares. Surge entonces la posibilidad de que se dé a conocer no solamente quiénes llevaron a cabo la guerra sucia, sino también quiénes los apoyaron”.

En este contexto, el historiador colombiano subraya también que los acuerdos de paz con las FARC no contemplan ni amnistía ni indulto para los autores de crímenes de guerra o de lesa humanidad, que tampoco tendrán cabida en el Congreso. Pero sí se contemplan escaños para representantes de las FARC que dejen las armas y acepten las reglas del Estado de derecho, lo cual, según el académico, "es lógico desde el punto de vista de quienes aprobamos la justicia transicional, de quienes vemos que es necesario transitar hacia formas civilizadas de lucha política”. 

La gran lección de la experiencia irlandesa es, según Eamon Gilmore, que "no se esperó de la gente que renunciara a su credo o a sus aspiraciones políticas, sino que las persiguiera a través de medios democráticos, a través de partidos políticos, de debates. Sin violencia y sin amenazar con ella”. Con cuánto de cal y cuánto de arena se ha pavimentado el camino de la paz es algo que Santos podrá escuchar de primera fuente en Belfast.

Emilia Rojas

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