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El Mundo

Repensar el Báltico tras el impacto de Crimea

Para los países de la región, la anexión rusa de Crimea y la crisis de Ucrania supusieron un impacto. Las consecuencias: programas de televisión para minorías rusas y una cooperación más estrecha con la OTAN.

El mayor temor se ha esfumado. En Riga, la capital letona, la gente disfruta de los primeros días de sol. "Ya no me preocupa una invasión rusa, aunque queda ahí cierta inquietud", cuenta una estudiante. Tras la anexión de Crimea, ese temor era enorme.

Hay muchos paralelismos entre los Estados bálticos y Ucrania. Ahí también viven muchos originarios de Rusia que recuerdan con nostalgia los tiempos de la Unión Soviética. Y a través de la televisión también llega la propaganda rusa, criticando al Gobierno ucraniano, a la OTAN y a toda la "decadencia occidental".

Lettland Riga Freiheitsdenkmal

Monumento a la Libertad en Riga, capital de Letonia.

Guerra mediática con Rusia

En Letonia se habla ya abiertamente de 'guerra mediática'. La televisión rusa ha provocado miedo e inseguridad en la población rusoparlante, que en Letonia supone el 35 por ciento del total, en Estonia el 27 por ciento y, en Lituania, el 6 por ciento.

Los países bálticos quieren tener sus propios canales en ruso. No para ejercer de torpe contrapropaganda, sino para volver a la tradición de servicio público e información objetiva. La Unión Europea quiere ayudar y Deutsche Welle, también. Este mes se negociarán los detalles de la cooperación.

En Estonia, Darja Saar fue elegida redactora jefe del canal en ruso de la cadena pública ERR, que empezará a emitir en septiembre. Esta joven kazaja era bailarina y empresaria. "Me encantan los retos", afirma. Por eso le motiva este proyecto, para el que cuenta solo con veinte empleados. "No se trata de contrarrestar la propaganda de Putin, no podríamos hacerlo", admite.

Estland Darja Saar Chefredakteurin ERR

Darja Saar, redactora jefe del canal en ruso de la televisión pública de Estonia.

Seguridad bajo el paraguas de la OTAN

A solo una hora de Tallin, se encuentra la única base aérea de Estonia, la de Ämari. El teniente coronel Ular Lõhmus la muestra con orgullo: "Desde aquí aseguramos el espacio aéreo de los países bálticos", explica. Y desde aquí ayuda la OTAN: un escuadrón aéreo británico acaba de dar el relevo a otro español. Y en septiembre otro alemán hará lo propio. Los países bálticos no tienen una fuerza aérea propia suficiente.

"Si los rusos realmente atacaran, se darían cuenta de que no se trata solo de la pequeña Estonia", dijo el presidente, Toomas Hendrik Ilves, en una conferencia de prensa. Se refería a los otros 27 miembros de la OTAN, comprometidos a prestarse ayuda mutua, aunque le resulta inconcebible que pueda llegarse a este extremo.

Estland Staatspräsident Toomas Hendrik Ilves

El presidente de Estonia, Hendrik Ilves, se siente respaldado por la OTAN.

El aumento de los presupuestos militares

Según un estudio del Instituto SIPRI de Estocolmo, los países bálticos han aumentado su presupuesto militar entre el 7,3 por ciento de Estonia y el casi 50 por ciento de Lituania, que incluso ha restablecido el servicio militar obligatorio. Sin embargo, son apenas dos mil millones de euros, un 2 por ciento del producto interior bruto. Sumando las tropas profesionales de los tres países, se trata de unos 15.000 hombres.

Nunca la zona había vivido ejercicios militares con más de diez mil soldados. La OTAN está construyendo una fuerza de reacción rápida. Se entrega armamento a los aliados bálticos. La crisis en Ucrania ha convertido la frontera oriental de la OTAN en su centro. Los estadounidenses, con Obama al frente, han puesto nombre a este compromiso: "Persistent Presence ('presencia permanente'). Todo gracias a Putin.

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