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Alemania

Refugiados: Sin ideas

Gabriel y Merkel van de visita a Heidenau pero siguen sin tener un concepto para actuar ante la situación de los refugiados. Para Marko Langer, un fracaso de la élite política.

Vamos a hacer un viaje por el mapa. Primera estación, Atenas. Una ciudad que no tiene dinero ni un Gobierno que funcione y cuyo futuro primer ministro será posiblemente su actual ex primer ministro. Precisamente el que tiene no tiene un Gobierno que funciona.

Un poco más al sudeste, Beirut (Líbano). Desde hace semanas la basura se acumula porque el vertedero está cerrado. La gente sale a la calle y ya no aguanta el hedor, la corrupción del Gobierno y la miseria.

Otro poco más al este, Damasco (Siria). Sorprendentemente, el gobernante sigue siendo Assad pese a que lleva años asesinando a su propio pueblo, obligando a mucha gente a salir del país. ¿Hasta cuándo durará esto? ¡Quién sabe!

Marko Langer, redactor de DW.

Marko Langer, redactor de DW.

Y con esto llegamos al tema del día: desde estos tres países y muchos otros está llegando gente a Alemania. Son los llamados refugiados y esperan gozar de nuestro bienestar, de nuestra humanidad. Afortunadamente, muchos de nosotros estamos dispuestos a ayudar. Pero otros, como Jasper von Altenbockum, en el diario Frankfurter Allgemeine, hablan de una política de asilo hecha trizas y de que se abandona a los municipios a su suerte ante las dificultades.

En 1990, la BBC publicó un drama televisivo llamado “The March” (La Marcha), basado en una novela de William Nicholson. Su figura principal fue el norteafricano Isa El –Mahdi, que organizó la marcha desde los campamentos de refugiados hacia Europa. En la película decía: “Pensamos que si nos ven cara a cara no nos dejarán morir”.

Eso es verdad. Pero no soluciona ningún problema. La canciller quizá tenga tiempo para ver la película cuando vuelva de Heidenau. Una visión de hace 25 años, y en estos 25 años no se ha hecho nada para que la ficción no llegase a convertirse en realidad.

Ahora están viniendo de verdad. Estamos viviendo un fracaso internacional de la elite política. Es un fracaso que la Unión Europea observe desde hace meses que gente que viene de África muere en el Mediterráneo, naufragando en manos de contrabandistas. Y que la élite de la política federal se preocupe más del efecto de la visita a Heidenau entre los electores o de la llamada “Chusma” (así llamó el vicecanciller Gabriel a los ultraderechistas), es una auténtica expresión de fracaso.

¿Cuándo se celebró una cumbre entre Europa y la Unión Africana para hablar de un plan para los refugiados? ¿Cuándo fue la última vez que la canciller habló con Obama sobre la catástrofe humanitaria de Siria? ¿Cuántas reuniones hizo Consejo de Seguridad sobre la ola de refugiados?

Lo que no hubo fueron ideas. Ninguna. Y por eso, los ciudadanos en Alemania ayudarán a los que han perdido su hogar y quizás no puedan recuperarlo nunca. Pero esa disposición a ayudar solo es una solución a medias. Puesto que para los que no tienen dinero y tienen que luchar para llegar a fin de mes, esa actitud será más difícil.

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