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Política

“Realpolitik” para rato

Human Rights Watch afirma que cuando se trata de defender sus propios intereses, las democracias se olvidan de los derechos humanos. Y las perspectivas no permiten ser muy optimistas, dijo un experto a DW-WORLD.

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Caos postelectoral en Kenia: ¿qué valor tienen los derechos humanos?

La organización defensora de derechos humanos Human Rights Watch publicó un informe en el que afirma que las democracias occidentales aceptan elecciones no democráticas y violaciones de los derechos humanos en tanto sirvan a sus intereses económicos y políticos.

Para el Dr. Matthias Basedau, experto en el tema del renombrado instituto German Institut of Global and Area Studies (GIGA), con sede en Hamburgo, ello es en principio cierto, pero debe ser matizado, como manifestó consultado por DW-WORLD. “Cuando existe otro tipo de consideraciones, ya sean recursos naturales, energía o la situación política, bien puede suceder que los estándares democráticos pasen algo a segundo plano”.

También en la lucha contra el terrorismo las alianzas con gobierno no democráticos pueden desempeñar un importante papel para dejar a un lado consideraciones de derechos humanos.

Videl Amtsvereidigung, der schmutzige Krieg

El general Videla en la Argentina: situación actual no comparable con la Guerra Fría.

En definitiva, la política de derechos humanos y de defensa de la democracia pasan a tener menos importancia cuando se da prioridad a otros objetivos, como lo fue la lucha contra el comunismo durante la Guerra Fría: una experiencia traumática para ejemplo en América Latina, con el surgimiento de feroces dictaduras en casi todos los países.

No obstante, para Basedau una comparación con la situación durante la Guerra Fría es no es del todo lícita. “Durante la Guerra Fría, la prioridad de alianzas políticas con determinados regímenes anticomunistas era mucho más fuerte que hoy. Cuando se acabó la rivalidad entre ambos bloques, los regímenes dictatoriales aliados de Occidente comenzaron a tener mucho menos espacio de maniobra.”

Manos de seda para determinados países

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Un abogado protesta contra la destitución de jueces independientes en Pakistán: necesidades geoestratégicas.

No obstante, países con importantes recursos naturales, energéticos o políticos siempre pudieron estar seguros de que iban a ser tratados con manos de seda. En África, la situación está marcada por la creciente rivalidad con China: “ello lleva a que se registre un renacimiento de la supremacía de consideraciones políticas en relación con los derechos humanos”, indica Basedau.

También existe la teoría de que un desarrollo económico al final va a llevar necesariamente a una transformación democrática en los respectivos países. Para Basedau, no tiene que ser necesariamente así, porque “a veces esa argumentación sirve sólo para justificar porque no se aplican sanciones a algunos países que violan los derechos humanos”.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que no es seguro que en países como en China y Rusia, el desarrollo económico continúe a largo plazo, agrega. En Rusia, el auge económico está basado en las reservas de energía, que algún día se terminarán. En China tampoco existe una garantía de que turbulencias políticas, por ejemplo, no frenen el desarrollo económico. “Por lo tanto, una posición de ese tipo es por lo menos dudosa”, concluye el experto, añadiendo que “en todo caso no cuesta nada fundamentar con esas teorías una posición laxa con respeto a los derechos humanos”.

Öl Bohrplattform im Niger Delta

Plataforma petrolera en el delta del Níger: priorización de objetivos.

En cuanto a diferencias entre EE. UU. y Europa en el tratamiento del tema, Basedau no las ve: “No se puede decir que básicamente EE. UU. sea más flexible cuando se trata de defender los propios intereses. Por su parte, los diversos países de Europa tienen intereses diferentes e incluso divergentes en relación con unos u otros países, en gran parte determinadas por sus pasados coloniales.

EE. UU. ni mejor ni peor que la Unión Europea

Tanto EE.UU. como la Unión Europea han tenido gran consideración con elecciones falseadas y violaciones de los derechos humanos. Lo que se puede constatar, dice el experto, es que EE. UU. y la UE tienen más o menos consideraciones de acuerdo con sus propios intereses. Europa, por su dependencia del abastecimiento ruso de energía, tiene más consideraciones con Rusia que EE. UU. Pero EE. UU. tiene más consideración por ejemplo con Arabia Saudita y Pakistán, por los propios intereses energéticos y geopolíticos norteamericanos”.

Después del 11 de septiembre de 2001, EE. UU. asumió por lo menos aparentemente una política de imposición de la democracia en el mundo incluso con medio bélicos. No obstante, acota Basedau, “por ejemplo en Irak y Pakistán, por la necesidad de ganarlos como aliados estratégicos, esos aspectos han pasado también a un segundo plano.”

Para el futuro, con la irrupción de China y nuevamente de Rusia en la escena internacional, el experto ve reducirse las posibilidades para una defensa más consecuente de la democracia y los derechos humanos: “la realpolitik va a volver a ganar creciente actualidad, más aún de lo que actualmente tiene”.

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