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América Latina

¿Qué quieren las mujeres en el posconflicto colombiano?

La dejación total de armas por las FARC se acerca. Y la incertidumbre en los territorios crece. ¿Qué va a pasar en el posconflicto? De cómo imaginan las mujeres el tiempo de paz se habló en la Eurocámara, en Bruselas.

De ir todo bien, faltan pocos días para que las armas de las FARC sean recuperadas al 100 por ciento. En agosto de 2016 comenzó el alto el fuego. No obstante, en lo que va de 2017, se han registrado 105 casos de violencia sexual contra mujeres en 19 de los 32 departamentos de Colombia. Hay 17.908 casos de violencia contra menores, el 84 por ciento contra niñas. Así lo informó en una conferencia en el Parlamento Europeo Olga Silva, directora de la organización no gubernamental Humanidad Vigente.

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"Nos preocupa mucho que en el marco de un proceso de paz, los casos de violencia contra los invisibles del conflicto armado -mujeres, niños y niñas- no disminuyan", afirma. De unas 20.000 víctimas de violencia sexual entre 1985 y 2017 hablan recientes datos de la Cruz Rojas Internacional.

Tanto Olga Silva como Jackeline Romero, portavoz de la organización Fuerza Mujeres Wayúu, fueron invitadas por la eurodiputada Ulrike Lunacek, vicepresidenta del Parlamento Europeo, Florent Marcellesi y Terri Reintke, de la comisión de Mujeres.

¿El Objetivo? Sobre todo enfocarse en los "territorios” -comunidades campesinas, afrodescendientes, indígenas que han evolucionado por siglos lejos del amparo estatal- e identificar sus necesidades en el posconflicto. Y, de ser posible, apoyarlas. 

Tiempo de incertidumbre

Olga Silva, directora de la organización no gubernamental Humanidad Vigente.

Olga Silva, directora de la organización no gubernamental Humanidad Vigente.

"Nuestros cuerpos han estado en el centro de la confrontación", cuenta por su parte Romero, de la Guajira colombiana. En su territorio está ubicada una de las zonas veredales en donde se ha concentrado a los desmovilizados de las FARC. 

"Los acuerdos en sí mismos son una gran oportunidad para el país y para las regiones donde hemos vivido el conflicto. Pero no deja de tener sus incertidumbres: ¿cómo va a ser ese tránsito real? Estamos frente al desarme pero todavía no están claros los mecanismos que va a usar el gobierno. Hay mucha desinformación", explica a DW. 

Acostumbradas al silencio estatal, estas comunidades han tomado la iniciativa: "Estamos haciendo un acercamiento con el campamento para conocer las realidades de hombres y mujeres wayúu que han hecho parte de las filas de las FARC", acota Romero. 

Experiencias semejantes, con anteriores desmovilizaciones, no faltan en la sociedad civil colombiana: en los departamentos orientales, por ejemplo, en donde asociaciones de mujeres tomaron las riendas de la reconciliación con los desmovilizados. Pues más que a los combatientes que han dejado las armas, se teme a aquellos otros actores armados que siguen en activo.

La violencia invisible

Jackeline Romero, portavoz de la organización Fuerza Mujeres Wayúu.

Jackeline Romero, portavoz de la organización Fuerza Mujeres Wayúu.

En este momento, curiosamente, justo en las zonas que están siendo despejadas del control guerrillero la violencia contra las mujeres ha recrudecido. "Lo más terrible es que la violencia desproporcionada que han sufrido las mujeres, los niños, las niñas y los jóvenes ha sido invisibilizada", continúa Silva.

La abogada defensora de derechos humanos ve en acoger este tipo de casos en la justicia transicional una salida en la búsqueda de la verdad y la no repetición. "En este sentido el hecho de que en el acuerdo se haya incluido este enfoque diferenciado constituye un gran reconocimiento", sigue Silva que ve para miles de víctimas en la verdad y la reparación -menos en la sanción- la base de la reconciliación en el posconflicto. 

Bienestar contra la guerra

Por otro lado, hay que parar la violencia. "Para lograrlo de verdad, el gobierno tiene que reconocer que existe el fenómeno del paramilitarismo. Tiene que  garantizar derechos en los territorios. Esto más que militarizarlos implica implementar una política de bienestar social", concluye Silva. 

"La esperanza nuestra es que el proceso de paz fortalezca todo lo que nos ha quitado tanto tiempo de guerra en cuanto a salud, educación, territorio. La guerra también surge de ese poco espacio que nos han dejado para entrar ahí donde se legisla", afirma Romero. Y concluye: "Si eso no sucede, vamos a seguir con nuestra labor histórica desde las comunidades y los territorios como mujeres: un proceso constante de resistencia".

Autora: Mirra Banchón (VT)

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