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América Latina

¿Qué dicen los recitales del "Indio" Solari sobre Argentina?

El “Indio” Solari convocó a más de 350 mil personas para un solo show. Tras la muerte de dos personas, continúa el debate en Argentina y pareciera trascender las fronteras del concierto, del rock e incluso de la música.

El músico argentino el Indio Solari sobre el escenario.

El músico argentino el "Indio" Solari sobre el escenario.

En la madrugada del domingo 12 de marzo un recital de rock en el interior de la provincia de Buenos Aires parecía haber mutado en tragedia. Los medios argentinos anunciaban el apocalipsis. Las agencias internacionales tardaban en publicar. Pero las locales parecían estar en un espiral por ver quién informaba más caídos producto del supuesto descontrol en el concierto del "Indio" Solari. Se hablaba de dos, siete, tres muertos en la ciudad de Olavarría. El portal Infobae, incluso, se atrevió a titular que los fallecidos eran "al menos diez".

Desde la DW, intentando ser prudentes, buscamos información en la agencia del Estado Argentino (Telam). Pero Telam, que tenía tal vez la mayor de las responsabilidades por ser una agencia oficial, anunció en su sitio web una cifra de muertos que jamás se comprobó. Y los demás medios se sumaron al raid.

Los días pasaron y se supo que efectivamente no hubo siete ni diez fallecidos. Las autopsias preliminares indicaron que una persona murió por trombosis cardiopulmonar y la otra por un paro cardiorespiratorio. Ninguno por "aplastamiento".

Si bien es imposible saber a ciencia cierta cuánta gente llegó a Olavarría -una ciudad ubicada a 250 kilómetros de la capital-, se cree que fueron alrededor de 350 mil los que se acercaron a una ciudad de menos de 100 mil habitantes y un show en el que se esperaba la mitad. Coinciden los que estuvieron ahí que la organización -especialmente de accesos y salidas- estuvo muy mal resuelta.

Pero también coinciden, los que fueron, en que la lectura mediática posterior al evento trasciende largamente al hecho en sí.

La misa

Carlos el "Indio" Solari es tal vez el mayor representante de la cultura popular de masas en Argentina. A sus 68 años, el exlíder de la emblemática banda "Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota", disuelta en 2001, reúne multitudes como no lo hace casi ningún otro artista en la región. Con su lírica rebuscada, sus fobias, sus lentes negros, sus silencios y el misterio que lo rodea, el "Indio" supo construir su propia mística.

Su público no tiene una creencia religiosa específica ni pertenece a una clase social concreta. Tampoco es de una edad ni llega de una procedencia en particular. Según Pablo Perantuono, coautor de "Fuimos Reyes" -la biografía de la banda- Los Redondos surgen en un época de 'efervescencia del rock'. "Nacen como una banda urbana, el secreto mejor guardado del under. Transmiten en base al boca en boca un mensaje de honestidad y lealtad hacia convicciones no del todo claras, pero que se intuyen. A su vez, practican uno de sus grandes recursos que es el misterio: se habla poco. Las letras tienen una poesía hermética, pero con figuras precisas muy reconocibles. Los perros, los aullidos, pero sobre todo el dolor de vivir", define en diálogo con DW.

Por su parte, el doctor en antropología social Pablo Semán agrega que no existe un denominador común para caracterizar al público del "Indio": "No se trata de una multitud homogénea ni una masa. Creo que la poética y la retórica del 'Indio' convocan cierta emoción contracultural que tiene un viso de crítica social y que no necesariamente leen todos de la misma forma. Sectores de la clase media lo leen como ideología política. Sectores populares lo leen más directamente, como si se relatara su vida cotidiana. A esto se suma la característica de su poética que es deliberadamente ambigua, que dispara sensibilidades y que no cierra una interpretación". 

Los conciertos del "Indio" son llamados por sus seguidores "misas" ya que suponen una peregrinación por el interior del país. Multitudes se desplazan en busca del "pogo más grande del mundo" y de una experiencia sin Policía.

En sus recitales se cultivó una filosofía de comunidad en la que se afirma que los "ricoteros" se cuidan entre ellos. Que no hace falta ningún otro. Que la tribu se autoabastece. Esto tiene tal vez su origen en el asesinato de Walter Bulacio, de 17 años, tras un recital de "Los Redondos"  en 1991 a manos de la Policía. El hecho conformó una identidad y obligó a modificar los lugares y los modos de los recitales de la banda.

La masa

Para la sociedad argentina lo que está en debate no es solo la gestión de un evento. Se discuten identidades, se discute política, se discuten pertenencias. Y en una sociedad polarizada, otra vez le toca a la cultura rock ser protagonista de discusiones de otras texturas.

En los eventos multitudinarios, lo que sucede es materia sociológica y ya no sólo administrativa. Lo cual no exculpa a los organizadores de que no hubiera señalización en los accesos ni la infraestructura y previsión para recibir a tanta gente. Sin embargo, en varios de los análisis florece un discurso prohibicionista, bajo la lógica de que "si no hay evento, no hay peligro".

El debate sobre el prohibicionismo también se dio en Alemania hace unos años. En 2010 una fiesta tecno conocida como "Love Parade" terminó en Duisburgo con 21 fallecidos producto de una avalancha. En este caso los organizadores anunciaron que no se volvería a organizar el festival. Hace 20 años, también en Olavarría, un recital de Los Redondos fue prohibido por la municipalidad. La convocatoria esperada aquella vez era de 10 mil personas.

La pregunta es por lo que pasará en un futuro. "Ni él mismo lo sabe -analiza Perantuono-, pero mi sensación, conociendo un poco la historia y la psicología del 'Indio', es que no va a tocar más. Cada presentación es un desgaste emocional y físico muy grande". Hace unos años el cantante anunció que padecía de Parkinson. Así, tal vez el recital en Olavarría asumió la forma de una tácita despedida.

Autor: Diego González (vt)

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