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Salud

Preocupan casos de microcefalia en América Latina

En Brasil, México y Colombia aumentan los casos de microcefalia y las autoridades creen que el causante es el virus zika, transmitido por el mosquito aedes aegypti. Los médicos hallaron el virus en embarazadas.

Los casos de de bebés que nacen con una malformación neurológica congénita llamada microcefalia están aumentando desde julio de este año en el noreste de Brasil. Ya hay 309 bebés que nacieron con esa enfermedad. Más de la mitad de los casos surgió solo en el estado federado de Pernambuco, pero también hay un elevado número en las regiones de Sergipe, Río Grande do Norte, Paraíba, Ceará, Piauí y Bahía. Solo en Brasil, los casos de microcefalia se han cuadruplicado. Si bien los investigadores aún no tienen datos fehacientes, sospechan que la microcefalia en recién nacidos es causada por el virus zika, endémico en el oeste de África, y que éste es inoculado por la picadura del mosquito aedes aegypti, también transmisor del dengue y la chikunguña.

También se produjo un brote, pero mucho menor, en el Caribe, con cinco casos confirmados por la Agencia de Salud del Caribe (Carpha, por sus siglas en inglés). En México hasta se reforzó la vigilancia en la frontera sur, en Chiapas, por la llegada de inmigrantes cubanos que podrían ser portadores del virus y también se reportaron casos en Chile y Colombia.

El miércoles 17 de noviembre, la fundación brasileña Investigación y Laboratorios de Referencia de Fiocruz divulgó los resultados de exámenes realizados a pedido del Ministerio de Salud de Brasil que determinaron la presencia del virus en el líquido amniótico de gestantes cuyos bebés sufrían de microcefalia. Según Rodrigo Stabeli, vicepresidente de ese organismo, a Deutsche Welle, “se trata de una preocupación real”. “El hecho de que haya una relación entre esa dolencia y la malformación craneana es un indicio importante”, dijo, por su parte, el director del departamento de Vigilancia de Enfermedades Transmisibles del Ministerio de Salud de Brasil, Claudio Maierovitch, en entrevista con DW. “Esperamos estar más seguros en las próximas semanas”.

Síntomas parecidos a los de la malaria

Los síntomas del virus zinka son similares a los del dengue y chikunguña, entre ellos fiebres altas, dolores musculares y articulares, erupciones en la piel, conjuntivitis, vómito, diarrea o dolor abdominal. Se sospecha que el virus llegó a Brasil con los turistas durante la Copa Mundial de Fútbol, en 2014. Las autoridades sanitarias están en estado de alerta por la llegada del verano al hemisferio sur, un período en el que aumentan las precipitaciones y, con ellas, la reproducción del mosquito transmisor. Si la sospecha de los especialistas se confirmara, podría producirse un número mucho mayor de casos de microcefalia en 2016.

“Existe la preocupación de que, durante el primer semestre del año que viene, volvamos a tener una gran circulación del virus zinka”, afirma Maierovitch. “Sin embargo”, aclara, “eso no se puede predecir con seguridad, ya que mucha gente pudo haberse vuelto inmune a la enfermedad en la región del noreste”.

Por otro lado, podría ocurrir el caso inverso, y la incidencia de la enfermedad podría aumentar. “Puede ser que el virus esté circulando en pequeña cantidad y que, de darse las condiciones ideales, comience a circular en cantidades mayores, incluso en los estados más populosos”, subraya el funcionario. Se espera que el Ministerio de Salud de Brasil realice reuniones de urgencia esta semana para debatir una estrategia a fin de intensificar la lucha contra el mosquito aedes aegypti.

Una hipótesis inédita

Nunca antes se había postulado la supuesta relación entre el virus zika y la microcefalia. “Hubo epidemias de zika en Australia y en India, pero de manera muy localizada y, generalmente, en lugares próximos a regiones selváticas. La primera manifestación del virus zika en centros urbanos con muchos habitantes fue en Brasil. Cuando la población afectada es mayor, también aumenta la posibilidad de que observen ciertas anomalías”, explica Roberto Stabeli.

Según el investigador, no se puede descartar que el brote de casos de microcefalia solo haya surgido en Brasil. Pero al llegar a ese país, el virus podría haber sufrido alteraciones que aumentan las posibilidades de que se produzca la enfermedad. Una segunda posibilidad es que los factores ambientales específicos de la región, asociados al virus, pudieran multiplicar sus chances de manifestarse.

Tratamiento mejora la calidad de vida

La microcefalia puede tener diversas causas, desde enfermedades genéticas hasta factores ambientales, e incluso el uso de sustancias químicas durante la gestación, el contacto con la radiación, las infecciones por bacterias, virus o parásitos, entre otras. En todos los casos se observa una malformación del cráneo, que no se desarrolla normalmente. A raíz de eso, el cerebro no puede desarrollarse normalmente. El niño nace con un perímetro craneal menor al promedio. El cráneo de un bebé recién nacido a término, es decir, luego de nueve meses de embarazo, mide por lo menos 34 centímetros de perímetro. En los bebés prematuros, eso puede variar.

Si la hipótesis del virus fuese correcta, la evolución de la infección con el virus zika sería similar al de otras infecciones, como la rubeola, que también puede causar microcefalia. En el caso del virus zika, la madre puede transmitir el virus aunque no padezca la dolencia. Entre un 70 y 80 por ciento de las personas infectadas no presentan síntomas. Una vez en el cuerpo de la madre, el virus puede romper la barrera protector de la placenta y llegar al feto. Como el sistema inmunológico del bebé aún no ha madurado, es vulnerable a contraer esa enfermedad.

Los neurólogos afirman que, al llegar al sistema nervioso, el virus destruye las neuronas, y de ese modo, inhibe el crecimiento del cerebro y del cráneo. Por eso los riegos de desarrollar una microcefalia son mayores en el primer trimestre de gravidez, cuando las células nerviosas están en pleno proceso de formación.

La microcefalia no es reversible. Un 90 por ciento de los afectados presentan una deficiencia mental. Actualmente es posible mejorar la calidad de vida de los niños con un tratamiento fisioterapéutico, y con la ayuda de neurólogos, fonoaudiólogos y pediatras.