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Sociedad

Premio Sajarov a disidente chino Hu Jia

La decisión de la Eurocámara de asignar el Premio Sajarov al disidente chino encarcelado Hu Jia es un duro revés para China, así lo consideran observadores de las relaciones sino-europeas.

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Hu Jia, crítico del Estado chino y premio Sajarov 2008.

Apenas un día antes de celebrarse la hasta ahora mayor cumbre Europa-Asia (ASEM) en Pekín, los parlamentarios europeos desoyeron las protestas y advertencias de China y distinguieron al infatigable y valiente defensor de los derechos humanos. Hu Jia lucha no sólo por la democracia y los derechos humanos en China, sino también por los enfermos de sida y contra la expansión de la enfermedad, que en China alcanza magnitudes alarmantes. Si el Estado de su país lo encarceló, no fue el menor de los motivos la crítica situación de los derechos humanos en China que Hu Jia retrató hace un año ante la Eurocámara.

Aunque guardaba prácticamente arresto domiciliario y estaba bajo permanente vigilancia, Hu Jia habló ante la Eurocámara el 26 de noviembre por Internet mediante una cámara web y habló de "catástrofe de los derechos humanos" en China.

En China hay un millón de personas perseguidas por su defensa de los derechos civiles, y a muchas de ellas se las recluye en instituciones psiquiátricas o campos de trabajo, sostuvo Hu Jia en la ocasión. Afirmó además que altos funcionarios chinos de seguridad interior supervisaban los preparativos para los Juegos Olímpicos de este año, como si "la mafia tomara el control de los Juegos".

“Espina clavada en los órganos del Estado”

Hu Jia era consciente del riesgo que corría al hacer sus declaraciones, no en vano llevaba años viviendo bajo constante vigilancia en su residencia de Pekín, en la irónicamente llamada "ciudad de la libertad". Ante su puerta había vigilancia permanente y su teléfono estaba intervenido. Hu Jia era desde hace tiempo una espina clavada en los órganos del Estado.

Impasible ante los actos de intimidación, Hu se dedicó a juntar información sobre el destino de otros ciudadanos chinos, respaldó a gente infectada con VIH, criticó la corrupción y el fracaso de los líderes del Partido Comunista. "Ya sé que cuando golpeen a la puerta será porque me quieren llevar", dijo Hu Jia poco antes de su detención a dpa. Ocurrió en diciembre de 2007: fue encarcelado y el sistema lo procesó de manera inusitadamente acelerada.

Acusado de "instar a socavar sistema socialista en China"

En abril, tres meses antes de los Juegos Olímpicos, la justicia china sentenció a Hu Jia a tres años y medio de prisión. La fiscalía lo acusó de "haber publicado artículos en sitios virtuales extranjeros, haber hecho comentarios en entrevistas con medios extranjeros" y de "haber instado repetidamente a la gente a socavar el sistema político y socialista en China".

La Eurocámara y su presidente alemán, el democristiano Hans-Gert Pöttering, debieron ser espectadores impasibles de las sanciones. En vano exigieron su liberación. Las agrupaciones defensoras de los derechos humanos hablaron de un "clásico caso de persecución política" y de una "campaña de limpieza" previa a los Juegos Olímpicos.

El disidente, la canciller y el Dalai Lama

Por su obcecado compromiso, Hu Jia y su mujer, la activista por los derechos civiles Zeng Jinyan, fueron incluidos por la revista estadounidense "Time" en la lista de las 100 personalidades más influyentes del mundo. Hu Jia estaba entre los candidatos más sonados para el Premio Nobel de la Paz 2008. Hace un año, fue padre de una niña. El chino de 35 años, que tal como su esposa es un practicante del budismo tibetano, apoya al Dalai Lama, a quien China acusa de separatista.

En una carta que envió en 2007, Hu Jia agradeció a la jefa del gobierno alemán, la canciller Angela Merkel, por haberse encontrado con el Dalai Lama, en un hecho que perturbó la relación entre China y Alemania. El jefe religioso de los tibetanos recibió a la mujer de Hu Jia en una audiencia privada en su exilio en la India y dio a la hija de ambos un nombre tibetano.