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Ciudades y Rutas

Pforzheim: la ciudad del oro

El centro de la joyería y la relojería en Alemania se halla en la Selva Negra, en Pforzheim, conocida como “la ciudad del oro”.

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Cartel que marca la entrada a Pforzheim: todo es oro.

En la ciudad de 120.000 habitantes no sólo se producen piezas exclusivas para rutilantes marcas, como Fabergé, Chopard, Dior, Cartier, Versace y Tiffany. En Pforzheim se diseña y fabrica el 70 por ciento de las joyas alemanas, facturándose unos 770 millones de euros por año.

Schmuckmesse Gold Juwelen Manufaktur Victor Mayer in Pforzheim

"Huevos Fabergé" de la manufactura Victor Mayer, Pforzheim.

Unas 11.000 personas trabajan en Pforzheim en la joyería y la relojería. En la última década se temió por muchos de esos puestos de trabajo. Pero en el ínterin, el sector se ha estabilizado. Algunas empresas debieron cerrar, pero las que superaron los momentos difíciles se han adaptado a los nuevos tiempos.

A efectos de continuar siendo competitivas, algunas empresas han invertido en el exterior, abriendo manufacturas en otros países, sobre todo en el segmento de la joyería sencilla, pero también en el de precios medios. En la joyería de alto precio, la mano de obra desempeña un papel menor. Los clientes quieren calidad y lujo. Y lo reciben… made in Pforzheim.

También las estructuras de distribución de la joyería se han transformado profundamente en Alemania en los últimos años. Antes existía el comercio al por mayor, hoy prácticamente ha desaparecido. Hoy, las joyas van directamente de la manufactura al joyero, lo cual supone para los productores tener que entregar más rápidamente: todo un desafío para la logística.

El retorno de los gemelos

Schmuckwelten

Joyería Wellendorff, Pforzheim.

Como en la industria del petróleo, también la de las joyas depende de las materias primas, particularmente del oro. Grandes oscilaciones de precio en los años 1971 y 1973 sacudieron a la industria de la orfebrería. A ello se agrega hoy una creciente demanda de joyas de oro de los países emergentes, sobre todo China e India. Y también de Rusia.

También la moda determina naturalmente la demanda. Una tendencia actual, es por ejemplo, el retorno de los gemelos. Los gemelos hechos en Pforzheim pueden costar hasta 15.000, 20.000 euros y más, si bien los que más se venden van de 2.000 a 4.000 euros por par. En los años 80, prácticamente habían desaparecido del mercado. Hoy se demandan en todo el mundo… y Pforzheim está de parabienes.

Schmuckwelt in Pforzheim -- die Goldstadt

El mundo de la orfebrería en una ciudad: Pforzheim.

En la ciudad también se producen los famosos “huevos Fabergé”, que tiene su origen en Rusia. Un taller de Pforzheim es desde 1989 la única manufactura a nivel mundial autorizada para producirlos. La familia Fabergé era proveedora de la corte del zar ruso y de otras casas reales europeas.

Los fabricantes saben que no en todo país ni en toda región la demanda es la misma. Los clientes rusos, por ejemplo, demandan joyas sobre todo caras. No así los chinos, que se fijan más en el precio. Y un dato curioso: se ha constatado que en Europa en las regiones protestantes se demanda menos oro que en las católicas.

Oro, joyas y mucha ciencia

Hoy no todo se hace a mano en la orfebrería. La técnica de control digital computarizado (CNC por sus siglas en inglés) ha conquistado el taller del joyero, al igual que la del centrifugado y el moldeado al vacío. De esa forma, el artesano sólo se ocupa de la terminación y los detalles.

Con la tecnología entró también la racionalización en la industria de las joyas. No es casualidad por lo tanto que en Pforzheim también trabajen muchos investigadores y científicos, que prueban y desarrollan nuevas tecnologías. En la ciudad existe incluso un Instituto de Tecnologías de Joyería.

El microscopio electrónico de retícula, por ejemplo, permite ver detalles con una mayor resolución y analizar el material químicamente, para determinar qué elementos se encuentran en un determinado lugar. Así puede establecerse una correlación entre material, elementos químicos y efectos ópticos y optimizar el proceso de producción. Para que al final, por lo menos en Pforzheim, todo lo que brille… sea realmente oro.

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